Destino

La unidad más pequeña del país es una colina.

En Burundi, por debajo de la provincia y del municipio, la subdivisión más pequeña se llama colline —colina— o umutumba, y hay 2.638 de ellas. No es una metáfora administrativa: es una descripción del terreno. Gitega, a 1.504 metros, se entiende entera desde esa idea.

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La ciudad vista desde una loma enfrentada, al otro lado de un valle cultivado: en la cresta del fondo se alinean tejados de teja roja y chapa entre árboles altos; a media ladera, bancales estrechos y platanares bajan hacia el fondo del valle; en primer plano, hierba alta y arbustos en flor, y por encima, un cielo blanco cubierto.
La ciudad vista desde una loma enfrentada, al otro lado de un valle cultivado: en la cresta del fondo se alinean tejados de teja roja y chapa entre árboles altos; a media ladera, bancales estrechos y platanares bajan hacia el fondo del valle; en primer plano, hierba alta y arbustos en flor, y por encima, un cielo blanco cubierto.Tequendamia·Dominio público

01 La colina como unidad

Y aquí llegó primero de manera contundente. La meseta central de Burundi no tiene llanuras: tiene una sucesión continua de lomas redondeadas separadas por vaguadas, todas parecidas y todas distintas, cultivadas hasta la cresta. Cada una sostiene un puñado de familias, sus campos y sus caminos. Cada una es, literalmente, una unidad de gobierno.

Panorámica de lomas verdes encadenadas hasta el horizonte bajo un cielo con grandes cúmulos: cada loma está cubierta por un mosaico de parcelas pequeñas de distintos verdes, con casas de chapa dispersas y grupos de árboles entre ellas; en el fondo se recortan sierras azuladas, y en primer plano una franja de tierra roja recién labrada con brotes de maíz.
La meseta central: no hay llano, hay lomas. Cada una de ellas, en el mapa administrativo, tiene nombre propio.Kat257 / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

02 Una ciudad sin centro denso

Esa lógica no se detiene al llegar a la ciudad. Gitega tiene 135.467 habitantes repartidos sobre 22 kilómetros cuadrados, y a quien llega esperando una capital le sorprende lo poco que se parece a una. No hay un núcleo compacto que se disuelva hacia las afueras: hay tejados entre platanares, calles de tierra roja que suben y bajan, y bolsas de campo cultivado dentro del propio término.

Ladera cubierta de plataneras y arbustos de yuca vista a contraluz: entre las hojas grandes y curvadas asoma el tejado de chapa clara de una casa, casi tapado por la vegetación; detrás sube una pendiente boscosa con árboles altos, y en la esquina superior derecha se adivina otra ladera entre la calima.
Una casa entre plataneras. Es la manera habitual de vivir en la meseta: la vivienda dentro del cultivo, no agrupada en un núcleo.Arthur Nkunzimana / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

El trazado urbano propiamente dicho se dibujó en 1912, y todavía se reconoce: unas cuantas calles amplias y rectas sobre el alto, con edificios institucionales y comercios, y el resto de la ciudad desparramándose por las laderas alrededor. Es un centro pequeño con un contorno enorme.

03 Mil quinientos metros

La cota lo condiciona todo: 1.504 metros sobre el nivel del mar. A esa altitud y a esta latitud —tres grados y medio al sur del ecuador— el resultado es un clima que casi no se mueve. La temperatura media anual es de 21,6 grados, y ningún mes del año se aparta más de un grado de esa media.

Eso explica la vegetación permanente, los cultivos escalonados a lo largo de todo el año y la sensación, poco habitual en el trópico, de que aquí no hay estación calurosa ni estación fría. Lo que sí hay, y en abundancia, es agua: 1.258,8 milímetros de lluvia anuales repartidos en 110 días. Pero eso pertenece a otro artículo.

Valle abierto entre lomas cubiertas de plantaciones de té de un verde vivo y uniforme, cortadas en franjas curvas que siguen las curvas de nivel; en el centro, un grupo de edificios bajos de tejado rojo y un cobertizo abierto junto a bancales de tierra oscura; al fondo, una sierra boscosa más oscura bajo nubes bajas.
La misma meseta unos kilómetros al noroeste, en la provincia vecina de Muramvya. El té y el café ocupan las laderas altas.Jostemirongibiri / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

04 Cómo se camina

Conviene ajustar las expectativas antes de llegar. Gitega no ofrece un casco antiguo, ni un monumento que centre la visita, ni una fachada célebre. Lo que ofrece es un lugar donde se ve funcionar el país entero a escala pequeña: el mercado, el museo, las calles de tierra roja, y a diez minutos de cualquiera de ellas, el campo.

Calle de tierra roja muy ancha y sin asfaltar, con la superficie ondulada por el agua; a la derecha, un muro largo de ladrillo visto rematado con alambre de espino y una fila de arbustos con flores rojas y hojas amarillentas plantados a su pie; en el centro, un portón metálico de dos hojas con rombos decorativos entre dos pilares encalados, y detrás, un edificio blanco de tres plantas con ventanas alineadas.
Una calle cualquiera de la ciudad: tierra roja sin asfaltar, muro de ladrillo y un edificio nuevo detrás. Ese es el tejido corriente.NIHEREWENIMANA Richard / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

La forma de recorrerla es coherente con su forma: sin itinerario. Se sube a un alto, se mira alrededor, y se identifican las lomas siguientes. Después se baja al valle y se sube a otra. Es un modo de caminar que en una ciudad europea resultaría absurdo y que aquí es exactamente lo que el terreno pide.

Y si al final del día te quedas con un solo dato, que sea el de las 2.638 colinas. Explica por qué la ciudad se ve como se ve, por qué las casas están donde están, y por qué desde cualquier alto se distinguen otras diez lomas iguales que también tienen nombre, límites y vecinos.

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MR

María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María busca en cada ciudad la decisión que explica su forma.

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