Destino

En Istria el suelo cambia de color tres veces

Los geólogos dividen la península en Istria blanca, gris y roja: caliza desnuda en la montaña, margas y areniscas en el centro, tierra roja sobre la meseta de la costa. Los pueblos en lo alto de las colinas, las trufas del valle y el río que desaparece bajo un castillo salen de esa misma división.

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Motovun desde el aire: casas de tejado rojo trepando por la loma hasta la muralla y el campanario, con colinas boscosas y cultivos en terraza alrededor.
Motovun desde el aire: casas de tejado rojo trepando por la loma hasta la muralla y el campanario, con colinas boscosas y cultivos en terraza alrededor.Ekaterina Polischuk·CC BY-SA 4.0

Casi todo el mundo llega a Istria por la costa y se queda en ella. Desde allí la península parece un litoral con pueblos marineros y un interior verde de relleno. Basta con alejarse un poco del mar para notar que el terreno cambia: la tierra roja de los olivares da paso a lomas grises y blandas, y al fondo aparece una sierra pelada y blanquecina.

Esos tres cambios no son decorado. Cada color es una roca distinta, cada roca trata el agua de una manera y, a partir de ahí, la gente ha construido de forma diferente en cada franja. Istria no se entiende como una costa con interior: se entiende como tres suelos puestos uno junto al otro.

01 Blanca, gris y roja

Vista desde lo alto de una montaña boscosa hacia el oeste, sobre una llanura ondulada de bosque y campos salpicada de afloramientos de roca clara y cruzada por una carretera en curvas
Desde el Vojak, mirando al oeste: en primer plano el bosque de la sierra, y más abajo la meseta con franjas de roca clara asomando entre el verde.Dguendel / Wikimedia Commons / CC BY 3.0  · CC BY 3.0

La Istria blanca es la franja alta del noreste: el macizo del Učka y la sierra de Ćićarija, hechos de calizas del Cretácico y del Paleógeno muy karstificadas. Allí está el techo de la península, el Vojak, a 1.401 metros. El parque natural que protege el macizo ocupa 160 kilómetros cuadrados de roca, bosque y paredes calizas.

La Istria gris ocupa el centro. Es una depresión rellenada de flysch, una alternancia de margas, areniscas y capas finas de caliza que se deshace con facilidad y forma colinas redondeadas. Es el paisaje de lomas, valles abiertos y pueblos encaramados que la mayoría asocia con el interior.

La Istria roja es el oeste y el suroeste: una meseta de rocas carbonatadas del Jurásico y el Cretácico cubierta de terra rossa, la arcilla rojiza rica en hierro que queda cuando la caliza se disuelve. Es la franja de la costa, y es la que casi todo el mundo ve primero.

02 Por qué los pueblos están arriba

La imagen más repetida del interior es un pueblo amurallado en la cima de una loma. No es casualidad de dos o tres sitios: es el patrón de toda la franja gris. Motovun se asienta a unos 270 metros sobre el valle del Mirna; Hum, a 349; Grožnjan, en otra cresta a pocos kilómetros. Desde cualquiera de ellos se ve el siguiente.

Las razones que se dan para esa posición son tres y se repiten: defensa frente a quien subía desde la costa, aire libre de malaria por encima de los fondos pantanosos y vista sobre los caminos que unían el Adriático con el interior. Las tres dependen del mismo rasgo: el flysch forma crestas estrechas separadas por valles anchos y húmedos, así que había un sitio claro para vivir y otro claro para no hacerlo.

Pueblo de casas de piedra con un campanario puntiagudo en lo alto de una colina, visto desde abajo a través de una ladera cubierta de vegetación densa
Grožnjan desde el sureste: el pueblo ocupa solo la cresta y la ladera entera queda para el bosque y los huertos.Niki.L / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

El resultado es una escala muy pequeña. En el censo de 2021, el núcleo de Motovun tenía 397 habitantes; el de Grožnjan, 142; Hum, que se presenta como una de las ciudades más pequeñas del mundo y aparece en documentos desde 1102, tenía 52. Son pueblos que caben en una sola calle y una muralla, y que se recorren en lo que dura un café.

Esa escala ha permitido usos inesperados. En 1965 Grožnjan empezó a ceder casas vacías a artistas y, desde 1969, acoge un centro internacional de juventudes musicales. Hoy tiene una veintena de galerías en un núcleo de menos de ciento cincuenta vecinos. Motovun, por su parte, llena cada verano desde 1999 sus cuestas con un festival de cine. En la cima de una loma de flysch no cabe mucho más que eso, y a lo mejor por eso funciona.

03 Lo que crece en el fondo húmedo

Valle plano visto desde lo alto, con el río canalizado en línea recta entre terraplenes, prados y parcelas de cultivo a un lado y un bosque denso y continuo al otro
El valle del Mirna desde Motovun: el río corre recto entre diques, con prados a un lado y la masa continua del bosque al otro.Dguendel / Wikimedia Commons / CC BY 3.0  · CC BY 3.0

Si subes a la muralla de Motovun y miras hacia abajo, ves el reverso del patrón. El fondo del valle es llano, el Mirna va encauzado en línea recta y al otro lado hay un bosque compacto de unos diez kilómetros cuadrados, de los que 280 hectáreas tienen protección especial.

Ese bosque húmedo sobre suelo de valle es el terreno de la trufa blanca y negra de Istria, que se busca con perros adiestrados. Aquí, cerca de Livade, se encontró el 2 de noviembre de 1999 una trufa blanca de 1,31 kilos que el libro Guinness registró como la mayor del mundo. Su descubridor la hizo fundir en bronce y se comió la original en una cena para un centenar de invitados.

Lo interesante no es el récord, sino la geografía que revela. El mismo fondo de valle que los pueblos evitaron durante siglos por insalubre es el que hoy sostiene el producto más caro de la región. La cresta y el valle no compiten: son dos mitades de una misma roca.

04 Donde el gris se encuentra con el blanco

Pared de caliza gris clara con la boca oscura de una cueva en su base, rodeada de vegetación espesa, y un pueblo de tejados rojos asomado al borde superior
La sima de Pazin: una pared de caliza con la boca de la cueva abajo y las casas de la ciudad justo en el borde.Istriana / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

Hay un sitio donde la división se ve en un solo golpe de vista. El Pazinčica nace y corre sobre el flysch gris, que es impermeable, así que el agua va por la superficie como en cualquier río. En Pazin llega a la caliza, que se disuelve, y desaparece bajo tierra por una sima de un centenar de metros abierta justo debajo del castillo.

La sima no tiene salida a la medida del río en crecida. En 1896 el agua subió tanto que quedó a solo 30 metros de los muros del castillo, y hubo crecidas menores en 1964 y 1993. El agua no sale en la costa oeste, como se llegó a suponer, sino hacia el este y el sur, por el valle del Raša.

Jules Verne nunca estuvo aquí, pero con las descripciones de un amigo hizo que el protagonista de Mathias Sandorf, publicada en 1885, escapara por esta garganta. Es fácil entender por qué le sirvió: un río que se mete en la roca bajo una fortaleza parece una invención, y es solo el punto exacto en que la Istria gris se acaba.

05 Una tierra que deja pasar el agua

Hilera de vides verdes junto a un campo recién arado de tierra rojo intenso, con una franja de hierba entre ambos y un bosque bajo al fondo
Viñedo de malvasía en el sur de la península: la hilera de cepas junto a un campo arado donde la terra rossa se ve en todo su color.Scops / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0  · CC BY-SA 3.0

Bajando hacia el suroeste, la tierra se vuelve roja y el paisaje se aplana. La terra rossa no se formó allí encima por casualidad: es lo que queda cuando la lluvia disuelve la caliza durante mucho tiempo y se lleva el carbonato. La arcilla rica en hierro que sobra es la que tiñe los campos.

Esa misma caliza cambia la relación con el agua. En la franja gris los ríos corren por la superficie y encharcan los fondos; en la roja la lluvia se filtra por la roca en lugar de correr por fuera. Por eso aquí no hay valles húmedos que evitar ni motivo para encaramarse: los pueblos de la meseta y de la costa se extienden en llano, y el paisaje agrícola se hace de olivos y viñas sobre suelo rojo. Hasta las casetas de piedra seca que salpican los campos salen de esa tierra mezclada con caliza.

Es el mismo principio del interior leído al revés. En la Istria gris el agua se queda y la gente sube; en la roja el agua se va y la gente se queda abajo. La costa que casi todo el mundo toma por la Istria entera es, en realidad, la franja donde la roca deja pasar el agua.

06 Cómo se recorre

La primera decisión es cruzar la península en lugar de bordearla. Un recorrido de la costa oeste hacia el Učka atraviesa las tres franjas en un mismo día, y el cambio de color se nota en los taludes, en los campos arados y en la piedra de las casas.

La segunda es mirar hacia abajo desde cada pueblo alto. La muralla de Motovun, el mirador de Grožnjan o el borde de la sima de Pazin tienen sentido por lo que hay debajo: el valle húmedo, el bosque de las trufas, el sitio donde el río se va.

Y la tercera es una costumbre sencilla: fíjate en el barro que se te queda en los zapatos. Rojo cerca del mar, gris entre las colinas, polvo blanco en la montaña. En pocos sitios el suelo te cuenta tan claramente en qué parte del territorio estás.

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María Reyes

Editora de Destinations · Flowtravel

María Reyes busca la lógica física de cada lugar: por qué está donde está y qué explica su forma.

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