Juneau es la única capital de Estados Unidos a la que no se puede llegar en coche.
Ninguna carretera conecta Juneau con el resto de Alaska ni con el resto del país. No es una isla: es que un campo de hielo de más de cien glaciares y una cordillera abrupta cierran el paso por tierra. Para llegar hay dos opciones —avión o ferry— y esa misma barrera es la razón de que la capital ocupe más superficie que Rhode Island y Delaware juntos.

01 Una capital sin una sola carretera de salida
Juneau tenía 32.255 habitantes en el censo de 2020, y ocupa un territorio de 8.429,64 kilómetros cuadrados —de los que 7.003,41 son tierra firme—. Está a orillas del canal Gastineau, en el estrecho margen de costa que queda entre el agua y una pared casi vertical de montaña.
El motivo de que ninguna carretera salga de ahí no es económico ni político: es que el terreno que rodea la ciudad es, literalmente, intransitable con la tecnología de construcción de carreteras convencional. Se ha estudiado la conexión por tierra durante décadas y el proyecto nunca ha llegado a construirse.

02 Lo que bloquea el paso: hielo, no agua
Lo que impide una carretera no es el mar, como en una isla, sino el campo de hielo de Juneau: una masa continua de nieve compactada y hielo de la que descienden unos treinta glaciares distintos, extendida sobre una cordillera que cae casi en vertical sobre la costa. Construir una vía firme atravesando ese terreno —con el movimiento constante del hielo, las avalanchas y la pendiente— se ha descartado proyecto tras proyecto.
El resultado es que Juneau queda rodeada por el bosque nacional de Tongass, el propio campo de hielo y el canal, con la ciudad reducida a una franja larga y estrecha de asentamiento posible entre el agua y la roca.
03 Solo dos formas de entrar
Sin carretera, todo lo que entra y sale de Juneau —personas, coches, mercancías— lo hace por dos vías: el aeropuerto internacional de Juneau, con vuelos regulares, o el ferry de la Alaska Marine Highway, que tarda entre dos y tres días desde Bellingham, en el estado de Washington, o entre cuatro y cinco horas si se conduce hasta Haines o Skagway a través de Canadá y se embarca allí.
Llevar un coche propio a Juneau significa, en la práctica, subirlo a un ferry. No hay atajo por tierra, ni siquiera dando un rodeo largo: el punto de embarque más cercano ya está a varias horas de viaje.


04 La segunda capital más grande del país por superficie
El mismo aislamiento produjo un efecto administrativo poco intuitivo: cuando en 1970 Juneau se fusionó con el distrito circundante en un solo municipio consolidado, el límite de la ciudad se estiró para incluir el propio campo de hielo y sus montañas, precisamente porque no había ningún vecino con quien discutir esas fronteras. El resultado son 8.429,64 kilómetros cuadrados de término municipal: más superficie que los estados de Rhode Island y Delaware sumados, y la segunda mayor extensión de cualquier municipio de Estados Unidos.
Es una capital, por tanto, que es simultáneamente diminuta —32.255 personas— y descomunal en el mapa. Casi toda esa superficie es hielo, bosque y roca deshabitada; la parte habitada cabe en una fracción mínima del total.
05 Cómo se lee sobre el terreno
Sobre el terreno, el aislamiento se nota antes de aterrizar: el avión desciende entre paredes de montaña hacia una pista pegada al canal, y no hay forma de ver una carretera que se pierda hacia el horizonte, porque no existe. Una vez en la ciudad, las calles del centro se acaban de golpe contra la ladera o contra el agua; no hay periferia que se difumine en suburbios, porque no hay dónde extenderse.
Es una capital que se entiende mirando hacia arriba, no hacia los lados: la pared de roca y hielo que la encierra es la misma que, medio siglo atrás, decidió cuánto territorio administrativo podía reclamar sin que nadie al otro lado tuviera nada que objetar.

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