Destino

Kampala no tiene centro: tiene colinas.

La capital de Uganda se fundó sobre siete colinas y hoy ocupa muchas más. Entre unas y otras hay humedales, y esa alternancia de alto y bajo explica el trazado, el tráfico y hasta el nombre de la ciudad.

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Kampala vista desde una altura: edificios trepando por la ladera y más colinas al fondo.
Kampala vista desde una altura: edificios trepando por la ladera y más colinas al fondo.

01 Siete colinas, y luego muchas más

La ciudad se cuenta desde siete colinas históricas —Old Kampala, Mengo, Kibuli, Namirembe, Lubaga, Nsambya y Nakasero—, cada una con una institución distinta encima: un fuerte, un palacio, una gran sede religiosa, una misión. No hubo un casco único que creciera hacia fuera, sino varios puntos altos ocupados por separado.

Hoy la capital ha desbordado esa cuenta con mucho margen: 1,8 millones de habitantes en el municipio según el censo de 2024, y unos 6,7 millones en el área metropolitana. El punto más alto es la colina de Kololo, a 1.311 metros; el más bajo, a 1.135, ya en la orilla del lago.

Ladera de Kampala cubierta de casas de tejado rojo bajo un cielo nublado, con más colinas al fondo.
Una ladera cualquiera de la ciudad: la edificación sube hasta la cima y vuelve a bajar.Oyensharon / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

02 Los valles son agua

Lo que hay entre colina y colina no es suelo firme. Los humedales ocupan alrededor del 15 % de la superficie del municipio: pantanos de papiro que drenan hacia el lago Victoria y que durante siglos hicieron que la ocupación se concentrara arriba.

Esa herencia se nota al moverse. Las vías principales tienden a seguir los cordales o a cruzar los bajos por puntos concretos, así que el tráfico se embudona con facilidad y una lluvia fuerte puede cortar un valle entero. Circular por Kampala es, literalmente, subir y bajar.

Vista elevada de un cruce de Kawempe con tráfico, comercios y motocicletas en la calzada.
Un cruce en Kawempe, al norte: los puntos donde el relieve obliga a converger se llenan de comercio.Ssemmanda will / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

03 El nombre y el impala

El topónimo viene del luganda: «akasozi k’empala», la colina del impala, por los antílopes que había en el coto de caza del kabaka antes de que se instalara la administración británica. Es un nombre que describe un paisaje, no una fundación.

De aquella etapa anterior queda patrimonio visible. En la colina de Kasubi se conserva el mayor edificio de paja del mundo, un enorme domo de hierba y caña que ardió en 2010 y cuya reconstrucción, con las mismas técnicas artesanales, se prolongó más de una década.

Gran construcción circular de techo de paja en la colina de Kasubi, con una empalizada de caña delante.
El conjunto de Kasubi: cubierta de hierba sobre estructura de madera, sin un solo elemento industrial a la vista.Gunnar Ries zwo / CC BY-SA 2.0  · CC BY-SA 2.0

04 El lago, al final de la bajada

Kampala no está a orillas del lago Victoria, pero termina en él. Unos kilómetros al sur, el terreno deja de subir y aparecen los embarcaderos: Port Bell, Ggaba, las playas de agua dulce y los transbordadores que cruzan hacia las islas Ssese.

Esa franja es otra ciudad dentro de la ciudad, más lenta y con olor a pescado y a jacinto de agua. También es la explicación económica de la capital: por aquí entró y salió durante décadas buena parte de lo que movía el país.

Transbordador atracado en Port Bell, en el lago Victoria, con jacinto de agua flotando alrededor.
Un transbordador en Port Bell: el jacinto de agua cubre buena parte de la orilla del lago.Geossegawa / CC BY 4.0  · CC BY 4.0

05 La huella

Kampala se recuerda por el esfuerzo físico de recorrerla: cuestas, atascos, mercados que ocupan la acera y una vegetación que aparece en cuanto el terreno baja.

No es una capital fácil de resumir en una imagen, y esa es exactamente su forma. Aquí no hay una plaza mayor ni un eje monumental: hay una sucesión de cimas ocupadas, cada una con su propia historia, y unos valles verdes que siguen decidiendo por dónde se puede pasar.

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María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María Reyes interpreta el carácter de los lugares a partir de sus ritmos, espacios y formas de vida cotidiana.

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