En Nueva Aquitania hay un millón de hectáreas de bosque plantado para parar la arena
El bosque de las Landas es la mayor masa forestal plantada de Europa occidental y se hizo para fijar la arena de un litoral que se movía. Funcionó en todas partes menos en la duna del Pilat, que con 106,60 metros sigue entrando en el pinar.

Si cruzas el suroeste de Francia por la costa atlántica pasarás dos o tres horas sin ver otra cosa que pinos. Rectos, iguales, en hileras, kilómetro tras kilómetro. Lo normal es tomarlo por un bosque.
Es una obra pública. Y se hizo contra un enemigo concreto: la arena.
01 Lo que había antes: agua, arena y zancos
Hasta bien entrado el siglo XIX, la mayor parte de esta franja era un terreno llano, encharcado y escasamente poblado. El nombre lo dice: «landes» significa brezal o erial, de una raíz gala que designaba una zona sin cultivar.
La economía era pastoril y difícil. Solo la cría de ovejas y el estiércol que producían permitían cultivar centeno, y los inviernos húmedos obligaban a cubrir la tierra con broza para conservarla hasta la siguiente siembra.
Y para moverse por ese suelo blando y anegado, los pastores usaban zancos. No es una curiosidad folclórica: era la forma razonable de recorrer un terreno donde caminar significaba hundirse. La imagen desapareció con el pinar y la sustituyó otra, la del resinero con sus herramientas.
02 Una ley de 1857 y diez mil kilómetros cuadrados de pino
Las primeras plantaciones se hicieron en el siglo XVIII, en el país de Buch, dentro de la actual Gironda, con dos objetivos: frenar la erosión y sanear el suelo. Pero la transformación a escala llegó con la ley del 19 de junio de 1857.
Esa norma acabó con el pastoreo tradicional y puso en marcha una repoblación masiva, pensada a la vez como saneamiento del territorio y como desarrollo económico. El resultado es lo que se ve hoy: unos 10.000 kilómetros cuadrados, de los cuales nueve décimas partes son monocultivo de pino marítimo.
En el centro sobrevive una mancha de bosque natural, heredada del arbolado posglacial de esta parte de Francia, donde el pino convive con robles, alisos, abedules, sauces y acebos. Se concentra a lo largo de los cursos de agua, que es donde el drenaje funciona mejor.
03 La duna que no se dejó parar
El sistema funcionó en casi todo el litoral. Fijada la arena por la vegetación, la duna deja de moverse y el bosque se consolida por detrás. Pero hay un tramo donde no ocurrió, y es el más famoso de la costa.
La duna del Pilat, a la entrada sur de la bahía de Arcachon, medía 106,60 metros sobre el nivel del mar en 2018. Es la duna de arena más alta de Europa. Tiene unos 500 metros de ancho de este a oeste, 2,7 kilómetros de largo de norte a sur y un volumen del orden de 60 millones de metros cúbicos.
El nombre es reciente. Hasta los años treinta del siglo XX el paraje se llamaba «Les Sabloneys», las arenas nuevas, y fue un promotor inmobiliario quien lo rebautizó tomando la palabra gascona «pilhar», que significa montón.
04 Ciento seis metros que avanzan tierra adentro
Lo que hace excepcional a esta duna no es la altura, es que se mueve. El viento dominante del oeste empuja la arena por la cara de barlovento, la lleva hasta la cresta y la deja caer por la cara de sotavento, que es la que mira al bosque.
El resultado es que el conjunto avanza tierra adentro y va cubriendo lo que encuentra: pinos, casas y carreteras. En la cara este, la línea de arena corta el pinar sin transición, y los árboles que quedan en el borde aparecen enterrados hasta media altura.
Que el movimiento es antiguo lo confirman los mapas. En los de 1708 y 1786 aparecen parajes con el nombre Pilat situados al sur y mar adentro respecto a donde está la duna hoy. Es decir: no está en el mismo sitio que hace tres siglos.
05 Un bosque que se cae de una vez

Un bosque plantado, coetáneo y de una sola especie tiene una debilidad que un bosque mixto no tiene: todo responde igual al mismo golpe. Y el golpe llegó en enero de 2009.
Una gran tormenta dañó unas 300.000 hectáreas de bosque en Francia, y el 90 por ciento de esa superficie estaba en las Landas. En la duna del Pilat se registró una racha de 175 kilómetros por hora el 24 de enero de ese año.
La otra transformación es más lenta y menos visible. Desde los años setenta, partes del bosque han dado paso a agricultura intensiva, sobre todo de cereal. El paisaje que parece inmutable lleva doscientos cincuenta años cambiando de uso cada pocas décadas.
06 Cómo mirarlo
La primera consecuencia práctica es que no hace falta buscar un mirador para entender esta región: basta con fijarse en las hileras. Los pinos están alineados porque se plantaron, y la edad de cada parcela se lee en el grosor de los troncos.
La segunda es que la duna del Pilat merece subirse por el lado que nadie fotografía. La vista hacia el océano es la de la postal; la que explica el lugar es la de espaldas al mar, mirando cómo la arena entra en el pinar.
Y la tercera es una corrección de vocabulario. A esto se le llama bosque y funciona como campo de cultivo: se planta, se poda, se tala a hecho y se replanta. Saberlo no lo hace menos interesante, lo hace legible.




