Destino

Santo Domingo es la cuadrícula original.

En 1502 un huracán obligó a rehacer la ciudad al otro lado del río. Se trazó con regla y compás, y ese plano acabó copiándose durante tres siglos por medio continente.

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La Ciudad Colonial desde el aire: manzanas rectangulares y tejados bajos entre la ciudad moderna.
La Ciudad Colonial desde el aire: manzanas rectangulares y tejados bajos entre la ciudad moderna.

01 El huracán que movió la ciudad

El asentamiento se fundó el 5 de agosto de 1496 en la orilla oriental del río Ozama, con el nombre de La Nueva Isabela. Duró poco: en junio de 1502 un huracán arrasó lo construido y dejó la decisión en manos del gobernador que acababa de llegar, Nicolás de Ovando.

Ovando no reconstruyó donde estaba. Pasó la ciudad a la orilla occidental, más alta y mejor defendida, y aprovechó para hacer algo que en Europa apenas se hacía: proyectar el plano entero antes de levantar nada.

Vista aérea del río Ozama con la Fortaleza Ozama en la orilla oeste y la ciudad al fondo.
El Ozama y su desembocadura: la ciudad definitiva se levantó en la orilla oeste, sobre el escarpe.Mariordo (Mario Durán & German Valverde) / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

02 Regla y compás

La instrucción fue literalmente esa: trazar la ciudad con regla y compás. Calles rectas que se cruzan en ángulo recto, manzanas rectangulares de tamaño parecido, una plaza mayor como punto de origen y el reparto de solares hecho por adelantado.

Suena obvio hoy, pero no lo era. Las ciudades españolas de las que venían aquellos colonos eran orgánicas, crecidas por acumulación durante siglos. Aquí, por primera vez, se decidió la forma de una ciudad antes de que existiera la ciudad.

Calle recta de la Ciudad Colonial de Santo Domingo con edificios bajos de piedra a ambos lados.
El resultado en el suelo: calles rectas que se cortan en ángulo recto y perspectivas largas.Ulises Jorge / CC BY 2.0  · CC BY 2.0

03 Una plantilla que viajó

De Santo Domingo salieron las expediciones que fundaron después media América, y con ellas salió el plano. La cuadrícula en torno a una plaza mayor se repitió en ciudad tras ciudad, y décadas más tarde quedó codificada como norma administrativa para todo el imperio.

Por eso caminar aquí produce una sensación rara de reconocimiento: si conoces cualquier centro histórico de Hispanoamérica, ya conoces la lógica de este. La diferencia es que este fue el primero, y la Ciudad Colonial es Patrimonio Mundial desde 1990 precisamente por eso.

04 Lo que hay dentro

Dentro de la cuadrícula está la primera generación de edificios europeos del continente, casi toda construida en piedra coralina extraída de la propia costa: la fortaleza sobre el río, el palacio de la familia Colón junto a la plaza, las casas señoriales de una y dos plantas con patio interior.

El material da a todo el conjunto un color uniforme, entre arena y gris, que solo rompe la pintura de las casas más tardías. Y explica una peculiaridad visual: si te acercas a un muro, ves que está lleno de agujeros. Es coral fósil, y se nota.

Explanada de la Plaza España con el edificio de arcos del Alcázar de Colón al fondo.
La Plaza España y el Alcázar de Colón, levantado hacia 1510 sobre el escarpe del río.Mariordo (Mario Roberto Durán Ortiz) / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

05 La ciudad de los cuatro millones

Conviene no confundir la parte con el todo. La Ciudad Colonial es un rectángulo pequeño; alrededor está el Gran Santo Domingo, con 4,27 millones de habitantes en el censo de 2022, de los cuales algo más de un millón viven en el Distrito Nacional.

Esa ciudad moderna se organiza de otra manera: avenidas largas, el Malecón corriendo por toda la fachada marítima y barrios que crecieron sin plantilla. El contraste entre las dos escalas es, a efectos prácticos, la experiencia de estar aquí.

Calle El Conde, peatonal, con edificios de colores claros y farolas.
El Conde, el eje peatonal que atraviesa la Ciudad Colonial de este a oeste.Martin Falbisoner / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

06 La huella

Santo Domingo se recuerda por una contradicción agradable: es a la vez el centro histórico más antiguo del continente y una capital caribeña ruidosa, calurosa y muy poco museística. La piedra del siglo XVI convive con el tráfico, la música y los negocios de la calle.

Y queda el dato que lo ordena todo: caminas por un plano que se dibujó una vez, hace más de quinientos años, y que después se convirtió en la forma normal de hacer una ciudad en este lado del mundo.

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María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María Reyes interpreta el carácter de los lugares a partir de sus ritmos, espacios y formas de vida cotidiana.

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