Destino

La ciudad se fundó en 1493 sobre una isla vacía.

Álvaro Caminha fundó la colonia de Santo Tomé en 1493, en una isla volcánica que hasta entonces no tenía habitantes. Eso convierte a esta ciudad en una de las más antiguas de África fundadas por europeos, y en una de las pocas del mundo cuyo primer plano no tuvo que negociar con nada anterior.

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Esquina de una calle a última hora de la tarde, con el cielo blanco y velado: en el centro del encuadre se levanta un edificio de dos plantas de aire colonial, con la planta baja de arcos de medio punto y carpinterías pintadas de verde y rosa, la primera planta con ventanas altas de arco y persianas, y una balaustrada corrida rematando la cubierta de teja; el revoco está muy desconchado y manchado de humedad, con grandes zonas de gris y ocre a la vista; a la izquierda se prolonga una hilera de construcciones más bajas de color rojizo y crema; delante, la calzada de asfalto sin marcas y una camioneta blanca aparcada; a la derecha, un cobertizo de chapa y varias motocicletas apoyadas en la acera.
Esquina de una calle a última hora de la tarde, con el cielo blanco y velado: en el centro del encuadre se levanta un edificio de dos plantas de aire colonial, con la planta baja de arcos de medio punto y carpinterías pintadas de verde y rosa, la primera planta con ventanas altas de arco y persianas, y una balaustrada corrida rematando la cubierta de teja; el revoco está muy desconchado y manchado de humedad, con grandes zonas de gris y ocre a la vista; a la izquierda se prolonga una hilera de construcciones más bajas de color rojizo y crema; delante, la calzada de asfalto sin marcas y una camioneta blanca aparcada; a la derecha, un cobertizo de chapa y varias motocicletas apoyadas en la acera.David Stanley·CC BY 2.0

01 Una isla sin nadie

Conviene calibrar lo que eso significa. Casi todas las ciudades del mundo, incluidas las coloniales, se levantaron sobre algo: un poblado, un cruce de rutas, un puerto natural que alguien ya usaba. Aquí no. La isla estaba a unos cuarenta kilómetros al norte del ecuador, cubierta de selva, y no la habitaba nadie.

La consecuencia es que la ciudad no tiene capas anteriores que descubrir. Lo más antiguo que se ve es lo primero que se construyó: una catedral del siglo XVI en el centro y el fuerte de São Sebastião, levantado en 1566, que hoy alberga el museo nacional. Debajo no hay nada más.

Plaza urbana bajo un cielo blanco y sin sombras marcadas: en el centro del encuadre se levanta un árbol de tronco grueso y ramas retorcidas que se abren sobre casi toda la escena; detrás, dos hileras de edificios de dos plantas de aire colonial cierran la plaza, pintados en rosa, amarillo, azul claro y crema, con balcones de balaustrada, contraventanas de madera y cubiertas de teja roja, y con los revocos visiblemente desconchados; en la planta baja se abren comercios con toldos y rótulos; en primer término, una explanada empedrada con media docena de coches aparcados, entre ellos un todoterreno oscuro y un turismo azul; a la derecha, un parterre recién plantado, cerrado con un vallado de cañas.
Una plaza del centro con las casas de dos plantas y sus balcones. La escala del casco antiguo es la de una ciudad pequeña.Maria Cartas / Wikimedia Commons / CC BY-SA 2.0  · CC BY-SA 2.0

02 La bahía de Ana Chaves

El emplazamiento elegido está en el noreste de la isla, sobre la bahía de Ana Chaves, con el pequeño islote de las Cabras enfrente. Es un abrigo natural, y en una isla oceánica sin ningún puerto heredado, esa fue la razón entera de poner la ciudad exactamente ahí y no en otro punto de la costa.

La ciudad es pequeña y sigue siéndolo. Pasó de 42.331 habitantes en 1990 a unos 71.868 en 2018, un crecimiento notable en términos relativos pero que la mantiene en la escala de una población media. Se recorre entera a pie sin esfuerzo, algo poco frecuente entre capitales.

Del casco parte una carretera que rodea prácticamente todo el perímetro de la isla. Ese anillo es la infraestructura que organiza el país: casi todo lo que merece un desplazamiento está sobre él o a poca distancia, y desde la capital se llega a cualquier punto en unas horas.

03 Lo que dejó el azúcar y el cacao

La isla tuvo dos monocultivos sucesivos y los dos dejaron huella construida. El primero fue la caña: en el siglo XVI, Santo Tomé llegó a ser el principal centro de producción de azúcar, hasta que la competencia brasileña desplazó ese papel. El segundo, mucho después, fue el cacao.

De ese segundo ciclo vienen las roças, las grandes explotaciones agrícolas repartidas por la isla: conjuntos completos con almacenes, secaderos, hospitales, viviendas y casas señoriales. Muchas están hoy en ruina parcial y son, en conjunto, el patrimonio construido más singular del país.

Almacén rural muy alargado fotografiado desde el borde de una carretera asfaltada que entra por la izquierda del encuadre: el edificio, de una sola planta, presenta un muro continuo revocado en amarillo pálido, con el zócalo manchado por la humedad y grandes desconchones que dejan a la vista el mortero gris; la fachada tiene una puerta central de doble hoja de madera bajo un arco de medio punto y una hilera de ventanas estrechas y altas a lo largo de todo el lateral; la cubierta, a cuatro aguas, está resuelta con teja curva de color pardo rojizo; a la derecha del edificio crecen tres cocoteros muy altos y de tronco fino, y detrás se ve el mar abierto bajo un cielo cubierto de nubes blancas y grises.
El almacén de una de las grandes explotaciones agrícolas de la isla, junto a la carretera de la costa.7deAbril / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

En la propia ciudad la herencia se lee en las fachadas: edificios de dos plantas con arcos en la planta baja, ventanas altas arriba, balaustradas rematando la cubierta y revocos pintados en rosa, amarillo y azul, casi todos con el paso del tiempo muy a la vista. Es un conjunto degradado y absolutamente reconocible.

04 Cómo se recorre

El casco se hace a pie en una mañana larga, sin prisa. Es llano, compacto y está organizado alrededor de la bahía, así que basta con seguir el frente de agua y meterse hacia dentro por las calles que salen de él. No hay riesgo de perderse ni distancias que exijan transporte.

Encuadre vertical de un interior de selva muy densa: toda la imagen está ocupada por vegetación de un verde intenso en muchas tonalidades, con helechos y hojas anchas en el primer plano, arbustos en el plano medio y árboles altos de tronco fino y copa alta que enmarcan la escena por ambos lados; en el centro y a media distancia, una cascada estrecha y alta cae por una pared rocosa cubierta de vegetación, con el agua deshecha en un velo blanco que se pierde entre el follaje antes de llegar al suelo; arriba, entre las copas, se abre un pequeño hueco de cielo blanco.
El interior de la isla, a poca distancia de la capital. La selva ocupa todo lo que no es costa ni cultivo.SpaceEconomist192 / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

Lo que de verdad completa la visita está fuera: la carretera del anillo, las roças repartidas por la isla y el interior de selva, que empieza en cuanto se deja la costa. La capital es un punto de partida excelente precisamente por lo pequeña que es.

Y una nota de calendario que aquí es contundente: la estación seca, la gravana, va de junio a septiembre, con 19, 0, 1 y 17 milímetros de lluvia. El resto del año llueve entre 81 y 131 milímetros al mes. La diferencia entre ir en julio o en marzo es enorme.

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MR

María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María busca la razón por la que un lugar acabó donde está.

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