Destino

En Seward, medio kilómetro de puerto se deslizó al mar en 45 segundos.

Seward existe por una franja de agua que nunca se congela dentro de un fiordo rodeado de montañas: eso la convirtió en la puerta de Alaska por ferrocarril. El mismo fiordo que la hizo posible casi la borra en 1964, cuando el terremoto más fuerte jamás registrado en Norteamérica hizo que su muelle se deslizara al mar en menos de un minuto.

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Islotes rocosos cubiertos de abetos en la entrada de la bahía de la Resurrección, con el agua en calma y la costa boscosa al fondo.
Islotes rocosos cubiertos de abetos en la entrada de la bahía de la Resurrección, con el agua en calma y la costa boscosa al fondo.Diego Delso·CC BY-SA 4.0

01 Un fiordo que no se congela

Seward está en la costa sur de la península de Kenai, dentro de la bahía de la Resurrección, un fiordo profundo abierto al golfo de Alaska y flanqueado por montañas que caen casi directamente sobre el agua. El pueblo ocupa 21,89 millas cuadradas —de las que casi 8 son agua— y en el censo de 2020 tenía 2.717 habitantes.

La clave geográfica es la profundidad de las aguas del golfo de Alaska, que llegan calientes hasta el fondo del fiordo y evitan que se forme hielo incluso en pleno invierno. En una costa donde el hielo cierra la mayoría de los puertos varios meses al año, tener uno que funciona los doce meses no es un detalle: es la razón de que el lugar exista como ciudad.

Vista aérea de Seward en 1989: la ciudad se extiende en una franja estrecha entre la bahía de la Resurrección y las montañas boscosas, con un puerto deportivo lleno de embarcaciones en primer plano.
Seward desde el aire: la ciudad entera cabe en la franja plana entre el agua y la montaña. No hay margen para crecer hacia dentro.ARLIS Reference / Wikimedia Commons / Public domain  · Public domain

02 La ciudad que fundó un ferrocarril

Seward no creció alrededor de un ferrocarril que llegó después: fue fundada específicamente para ser su terminal marítima. El 28 de agosto de 1903 llegó a la bahía el barco Santa Ana con Frank Ballaine a bordo, uno de los hermanos que promovían la Alaska Central Railway; esa fecha se considera el nacimiento del pueblo. La ciudad lleva el nombre de William H. Seward, el secretario de Estado que negoció la compra de Alaska a Rusia en 1867.

El proyecto original cambió de manos varias veces —de los Ballaine a otras compañías privadas y finalmente al gobierno federal— hasta que la línea completa hasta Fairbanks se terminó en 1923. Cuando eso ocurrió, este puerto sin hielo se convirtió en la terminal de embarque más importante de la península de Kenai: todo lo que entraba y salía del interior de Alaska por mar pasaba, en algún momento, por aquí.

03 Cuarenta y cinco segundos

El Viernes Santo de 1964, un terremoto de magnitud 9,2 —el más fuerte jamás registrado en Norteamérica y el segundo más fuerte del mundo desde que existen registros instrumentales— sacudió el sur de Alaska. Seward fue uno de los lugares donde sus efectos resultaron más directos, y la razón vuelve a estar en la geografía del fiordo.

A los treinta o cuarenta y cinco segundos de empezar el temblor, una franja de 1,2 kilómetros del frente marítimo de Seward empezó a deslizarse hacia el mar: el sedimento suelto sobre el que estaba construido el puerto perdió sujeción bajo la sacudida y una parte entera del litoral simplemente se desprendió, arrastrando consigo muelles, vías del ferrocarril y depósitos. Fue, según los estudios geológicos posteriores, uno de los mayores deslizamientos submarinos asociados a aquel terremoto.

Fotografía en blanco y negro de 1964: un edificio industrial de muelle colapsado y torcido sobre el agua tranquila de la bahía de la Resurrección, con una grúa portuaria en pie al fondo y montañas nevadas detrás.
El muelle de Seward tras el terremoto de 1964. La estructura se hundió y se plegó sobre sí misma cuando el terreno bajo ella se deslizó hacia el mar.U.S. National Archives / Wikimedia Commons / Public domain  · Public domain

04 Agua, fuego y otra ola media hora después

El deslizamiento del frente marítimo vino acompañado de un descenso brusco del nivel del agua —de ocho a diez metros— y, casi de inmediato, de olas locales de entre seis y ocho metros generadas por el propio derrumbe submarino, que inundaron la ciudad en cuestión de segundos. Los depósitos de combustible del puerto se rompieron con el movimiento y el petróleo se incendió sobre el agua: durante un rato, lo que llegaba hacia la orilla eran literalmente olas en llamas.

Y esa no fue la única ola. Unos treinta minutos más tarde llegó el tsunami de origen tectónico generado por el propio terremoto en su conjunto, con olas de nuevo en torno a los diez metros. Seward fue el único núcleo urbano golpeado por dos tsunamis de origen distinto el mismo día: uno nacido del derrumbe local del litoral, y otro nacido del desplazamiento de toda la placa continental kilómetros mar adentro.

Fotografía aérea en blanco y negro de 1964: los patios de maniobras del ferrocarril de Alaska en Seward completamente destruidos, con vagones volcados, restos calcinados y agua estancada entre los escombros.
Los patios del ferrocarril tras el incendio y la inundación de 1964. El agua, el fuego y el derrumbe del terreno llegaron casi al mismo tiempo.U.S. National Archives / Wikimedia Commons / Public domain  · Public domain

05 Cómo se lee sobre el terreno

Seward se reconstruyó —un programa federal de quince millones de dólares completó la obra en poco más de año y medio— y hoy funciona exactamente para lo que nació: terminal ferroviaria, puerto de cruceros y punto de partida para el parque nacional de los fiordos de Kenai. El tren escénico que sale de la ciudad sigue trazando, kilómetro a kilómetro, la misma ruta que unió por primera vez este puerto sin hielo con el interior de Alaska en 1923.

Lo que ya no se ve tan fácilmente es la cicatriz de 1964, y esa es justamente la lección del lugar. El mismo fiordo profundo, de laderas empinadas y sedimento suelto, que hace posible el puerto sin hielo es el que lo hace vulnerable a que el terreno se deslice bajo él cuando la tierra tiembla con fuerza suficiente. Mirar la bahía hoy, en calma, es mirar exactamente la geografía que en 1964 se movió.

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María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María busca la idea que explica una ciudad.

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