Destino

Skopie, la ciudad que el mundo volvió a levantar.

A las 5:17 de la mañana del 26 de julio de 1963, un terremoto derribó cerca del ochenta por ciento de la capital macedonia. Lo que vino después no fue una reconstrucción local: fue un proyecto internacional con plan japonés, dirección polaca y ayuda de más de ochenta países. Ese origen sigue leyéndose en cada calle del centro.

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La antigua estación de ferrocarril, cortada por el terremoto y conservada tal cual: el reloj de la fachada marca las 5:17.
La antigua estación de ferrocarril, cortada por el terremoto y conservada tal cual: el reloj de la fachada marca las 5:17.

01 Una ciudad con una hora exacta

En la fachada de la antigua estación de ferrocarril hay un reloj de piedra parado a las 5:17. No es un monumento añadido después: es el reloj que se detuvo esa madrugada de julio de 1963, cuando un terremoto de magnitud 6,9 sacudió la ciudad durante veinte segundos. El edificio quedó cortado por la mitad y así se dejó. Desde 1970 alberga el museo de la ciudad.

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Las cifras explican por qué la ciudad no pudo simplemente repararse. Murieron 1.070 personas y más de cuatro mil resultaron heridas. Quedaron destruidos unos 15.800 edificios entre viviendas y equipamientos, y otros 28.000 dañados. Doscientas mil personas se quedaron sin casa en una ciudad que entonces rondaba los doscientos mil habitantes. No era una catástrofe que se arregla edificio a edificio.

02 El plan lo firmó alguien que vivía a diez mil kilómetros

Lo que ocurrió después es lo que hace singular a esta ciudad. La reconstrucción se convirtió en una operación internacional coordinada por Naciones Unidas, con ayuda llegada de más de ochenta países y con la dirección general a cargo del urbanista polaco Adolf Ciborowski. Fue la primera vez que el Fondo Especial de la ONU respaldó la reconstrucción completa de una ciudad.

En enero de 1965 se convocó un concurso restringido para el nuevo centro: cuatro estudios extranjeros y cuatro yugoslavos. Lo ganó el japonés Kenzo Tange, que se llevó el sesenta por ciento del primer premio y desarrolló la propuesta junto a arquitectos locales. El plan se aprobó formalmente el 16 de noviembre de ese mismo año. Su idea era reorientar Skopie como una ciudad lineal de oeste a este, apoyada en el río Vardar, con bulevares anchos que sirvieran también de vías de evacuación.

La pieza más reconocible de aquel plan es el Gradski Zid, el «muro de la ciudad»: una hilera de bloques largos de ocho plantas que rodea el centro como una muralla residencial, construida entre 1967 y 1976. Sus torres de escalera y ascensor sobresalen del volumen como contrafuertes. Es urbanismo con forma de defensa, aunque lo que defiende no es un enemigo sino una idea: que el centro tenga un límite legible.

Fachada de piedra clara de la antigua estación de ferrocarril de Skopie, con un gran reloj sin manecillas completas y el borde izquierdo del edificio cortado en seco.
La estación quedó truncada por el terremoto y se conservó así. Hoy es el museo de la ciudad, y el corte del edificio forma parte de la exposición.Diego Delso / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0  · CC BY-SA 3.0

03 El hormigón como idioma común

Caminar por el centro de Skopie es recorrer un catálogo de hormigón visto de los años setenta, y conviene decir que no es un catálogo cómodo. El edificio de Correos y el Centro de Telecomunicaciones, ambos de Janko Konstantinov, son la pieza mayor: el centro técnico se levantó entre 1972 y 1974 como una estructura casi de fortaleza servida por cilindros exteriores, y la sala de correos, terminada entre 1979 y 1981, remata en unas costillas de hormigón que se abren sobre la cúpula como algo a medio camino entre lo arcaico y lo futurista.

Fachada de hormigón acanalado del edificio de Correos de Skopie, con aberturas circulares, un torreón cilíndrico a la izquierda y un cartel amarillo de la empresa postal.
Correos, de Janko Konstantinov: hormigón acanalado, ventanas circulares y torres cilíndricas. El cartel amarillo recuerda que sigue siendo una oficina en uso.Dave Proffer / Wikimedia Commons / CC BY 2.0  · CC BY 2.0

El campus de la Universidad de San Cirilo y San Metodio lo proyectó el esloveno Marko Mušič, que ganó un concurso abierto y lo construyó entre 1970 y 1974 en hormigón bruto. Y entre esas piezas mayores hay decenas de edificios de oficinas y vivienda de la misma década, con sus voladizos, sus lamas verticales y, hoy, sus aparatos de aire acondicionado colgados de la fachada. Ese detalle importa: aquí el patrimonio moderno no está musealizado, está habitado y algo cansado.

Bloque de oficinas de hormigón en Skopie con voladizos horizontales, letras corpóreas azules en vertical sobre la fachada y numerosos aparatos de aire acondicionado.
Un edificio de oficinas del centro: voladizos, rótulo vertical y aire acondicionado añadido. La ciudad reconstruida envejece a la vista.Funky Tee / Wikimedia Commons / CC BY-SA 2.0  · CC BY-SA 2.0

04 Lo que el terremoto dejó en pie

Aquí está la tensión que da profundidad al lugar. En la orilla norte del Vardar sobrevivió el viejo bazar, un conjunto de calles comerciales de época otomana organizado en el siglo XV, con sus talleres, sus posadas y sus baños. Es un tejido de escala pequeña —locales de un solo hueco, tejados bajos, calles de piedra— que resistió lo que el centro no resistió.

Calle del viejo bazar de Skopie a la sombra de un plátano, con locales bajos de persiana metálica a un lado, toldos y un alminar al fondo.
El viejo bazar: locales de un solo hueco, tejados bajos y sombra de plátano. Este tejido resistió lo que el centro no resistió.Nikkyb / Wikimedia Commons / Public domain  · Public domain

El resultado es una ciudad de dos escalas que se tocan sin mezclarse. Cruzas el puente de piedra, también del siglo XV, y en cien metros pasas de calles de dos metros de ancho a bulevares de seis carriles. No es una transición de barrios: es una transición de siglos y de lógicas constructivas, y ocurre a pie, en cinco minutos.

Conviene decir además que la reconstrucción no cumplió su promesa entera. El plan de Tange se ejecutó solo en parte, y buena parte de los edificios que sí se levantaron llevan décadas esperando un mantenimiento que no llega. Skopie no es una ciudad donde el hormigón moderno se exhiba orgulloso; es una donde se sostiene como puede.

05 Lo que Skopie te deja

Lo que te llevas no es una silueta bonita. Es la conciencia rara de estar caminando por una ciudad que existe porque muchísima gente que no vivía aquí decidió que existiera. Un plan japonés, un director polaco, dinero y materiales de más de ochenta países, y un montón de arquitectos jóvenes a los que se les dio, de golpe, una capital entera para pensar.

Esa es la pregunta que Skopie deja abierta y que no tiene respuesta fácil: qué pasa cuando una ciudad se reconstruye deprisa y desde fuera. Aquí se ve el precio —un centro que no envejeció bien, un plan a medias— y también el logro, que es enorme: en unos años volvió a haber ciudad. Pocos sitios permiten mirar las dos cosas a la vez, en la misma acera.

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María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María escribe sobre ciudades desde la cultura y la vida cotidiana.

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