Destino

Varsovia, la ciudad que se copió de unos cuadros.

El casco viejo que hoy se fotografía se levantó a partir de 1945 usando como referencia las vistas urbanas que un pintor veneciano dejó del siglo XVIII. Varsovia no disimula ese origen: lo declaró, lo documentó y consiguió que la UNESCO lo reconociera. Es una ciudad que sabe exactamente cuántos años tiene.

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La plaza del Mercado del casco viejo: fachadas de colores, gabletes y adoquín. Todo lo que se ve aquí se levantó después de 1945.
La plaza del Mercado del casco viejo: fachadas de colores, gabletes y adoquín. Todo lo que se ve aquí se levantó después de 1945.

01 Una plaza que no es antigua y no lo esconde

En la plaza del Mercado hay gabletes, molduras, ventanas de guillotina y un adoquinado que suena antiguo bajo los pies. Nada de eso tiene más de ochenta años. Cerca del ochenta y cinco por ciento del centro histórico quedó destruido a mediados del siglo XX, y lo que hoy se recorre se levantó desde cero a partir de 1945, con el grueso de la obra terminado antes de 1955 y remates que se prolongaron hasta los años ochenta.

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Lo interesante no es la reconstrucción en sí —hay otras ciudades reconstruidas—, sino que Varsovia no la disfrazó. El 2 de septiembre de 1980 la UNESCO incluyó el casco viejo en la lista del Patrimonio Mundial con una fórmula poco habitual: como ejemplo excepcional de una reconstrucción casi total de un tramo de historia que abarca del siglo XIII al XX. Es decir, no se protegió el edificio antiguo. Se protegió el acto de rehacerlo.

02 El pintor que sin saberlo dejó los planos

Aquí aparece la pieza que convierte esta historia en algo único. Entre 1767 y 1780, el veneciano Bernardo Bellotto —sobrino de Canaletto, y conocido en Polonia con el nombre de su tío— trabajó como pintor de corte del rey Estanislao Augusto Poniatowski. Su encargo era pintar la ciudad, y la pintó con una minuciosidad casi topográfica: cornisas, rejas, rótulos, el número de huecos de cada fachada.

Pintura al óleo del siglo XVIII con una vista de Varsovia desde la terraza del castillo real: tejados rojos, torres, un patio con figuras a caballo y un cielo con nubes.
Una de las vistas de Varsovia que Bellotto pintó para la corte en el siglo XVIII. Dos siglos después, cuadros como este sirvieron de referencia para rehacer la ciudad.Bernardo Bellotto / Wikimedia Commons / Public domain  · Public domain

Veintidós de esas vistas urbanas sobrevivieron intactas, y el departamento de conservación de la ciudad las utilizó como material principal de referencia para la reconstrucción. Desde 1984 se exponen juntas en una sala del castillo real que lleva el nombre del tío del autor. Ver los cuadros después de haber caminado por las calles es la experiencia que mejor explica esta ciudad: primero recorres la copia, luego ves el original.

03 Lo que un cuadro no puede decirte

Conviene decir lo que la versión romántica de la historia suele omitir. Bellotto era un pintor, no un topógrafo: componía sus vistas, ajustaba proporciones y ordenaba el encuadre para que la escena funcionara como cuadro. Sus lienzos dan la altura relativa de una torre y el ritmo de una fachada, pero no una cota ni una sección constructiva.

La reconstrucción, además, no fue una fotocopia. Se rehízo el aspecto exterior de las calles según el estado del siglo XVIII, pero por dentro los edificios se reorganizaron con criterios del siglo XX: menos viviendas por manzana, patios más abiertos, instalaciones modernas. Lo que se copió fue la piel. La ciudad de detrás es otra, y eso también forma parte de lo que hay que entender al caminarla.

04 La otra Varsovia, la que no copió a nadie

El casco viejo ocupa unas pocas manzanas. Alrededor hay una capital de casi 1,9 millones de habitantes que no se reconstruyó mirando ningún cuadro, y ahí está la tensión que hace interesante el conjunto. Un kilómetro al sur de la plaza se levanta el Palacio de Cultura y Ciencia, doscientos treinta y siete metros de piedra y pináculos terminados en los años cincuenta, durante mucho tiempo el edificio más alto del país.

El Palacio de Cultura y Ciencia de Varsovia visto desde abajo: una torre escalonada de piedra clara con pináculos y un remate en aguja.
El Palacio de Cultura y Ciencia, 237 metros terminados en los años cincuenta. No copia nada anterior: es la Varsovia que se inventó de cero.Pudelek / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

Y a su alrededor, desde hace dos décadas, ha crecido un grupo de torres de vidrio que ya forman el perfil más alto de esta parte de Europa. El resultado es una silueta desconcertante desde el río: rascacielos, una torre de piedra de los cincuenta y, al norte, un puñado de tejados rojos del siglo XVIII rehechos en el XX.

Perfil de Varsovia al anochecer desde el río Vístula, con un grupo de torres de oficinas iluminadas y la silueta escalonada del Palacio de Cultura entre ellas.
El perfil desde el Vístula al anochecer: torres de vidrio recientes y, entre ellas, la aguja del Palacio de Cultura.Oleslawlama / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

Esa mezcla incomoda a quien busca una capital coherente, y es justamente lo que define a esta. Varsovia no tiene un tejido continuo que haya ido envejeciendo capa sobre capa: tiene fragmentos, cada uno con su fecha muy marcada. La ciudad se lee por bloques, no por transiciones.

Plaza del Mercado del casco viejo de Varsovia al amanecer, con fachadas de colores, terrazas plegadas y el adoquinado mojado.
La plaza a primera hora, con las terrazas todavía cerradas. Cada fachada reproduce el aspecto que tenía en el siglo XVIII.Maksym Kozlenko / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

05 Lo que Varsovia te deja

Lo que se queda contigo es una pregunta que casi ninguna ciudad obliga a formular: qué hace auténtico a un lugar. Si caminas por la plaza del Mercado sin saber nada, es un casco viejo europeo bonito y algo pequeño. Si sabes lo que sabes al llegar hasta aquí, es otra cosa: el resultado de una decisión colectiva de rehacer lo perdido en lugar de sustituirlo por algo nuevo.

Varsovia no pide que le creas que es antigua. Te enseña los cuadros de los que salió y te deja decidir. Pocas ciudades ofrecen esa transparencia, y es lo que hace que, al marcharte, no recuerdes una fachada concreta sino la sensación rara de haber visitado una ciudad y su documentación al mismo tiempo.

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María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María escribe sobre ciudades desde la cultura y la vida cotidiana.

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