Hay ciudades donde se come muy bien y ciudades donde comer es el motivo del viaje. Kuala Lumpur está en el segundo grupo, y por una razón que no es gastronómica sino histórica: aquí no hay una cocina local, hay tres, y llevan siglo y medio conviviendo en las mismas calles.

01 Tres cocinas, no una con influencias

Conviene entenderlo bien porque cambia cómo se planifica el día. No se trata de una cocina malaya con toques chinos e indios: son tres tradiciones que siguen siendo reconocibles por separado, con sus propios locales, sus propios horarios y sus propios códigos, y que se pueden recorrer en unas horas a pie.

El origen está en cómo se formó la ciudad. El asentamiento creció como punto de reparto para las minas de estaño, y a él llegaron mineros y comerciantes chinos, población malaya y, más tarde, prestamistas y trabajadores indios, cada grupo instalándose en su zona. Esas zonas siguen ahí, y con ellas la comida.

¿Cómo encaja Kuala Lumpur con este perfil?
Variedad real de cocinas Tres tradiciones distintas y reconocibles, no una fusión
Precio de comer bien Lo mejor está en puestos y comedores de barrio, no en restaurantes caros
Facilidad para el que no habla el idioma El inglés funciona en casi todas partes y las cartas suelen tener foto
Comodidad para caminar entre barrios Calor y humedad todo el año, aceras irregulares y tormenta por la tarde
Interés más allá de la mesa El casco antiguo es pequeño y el resto es ciudad de negocios y centros comerciales

02 Un día bien montado son tres comidas y tres barrios

Plato blanco sobre una mesa metálica con un roti canai partido y hojaldrado, de superficie dorada con manchas tostadas, y detrás dos cuencos blancos pequeños llenos de un dal amarillo espeso con algún trozo de guindilla verde.
Roti canai con dal, el desayuno más común de la ciudad. Se come con la mano y cuesta lo que una moneda.Sunnya343 / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

El desayuno es el momento indio. La versión clásica es el roti canai —una masa estirada y plegada hasta quedar hojaldrada, hecha a la plancha— con un cuenco de dal o de curry para mojar. Se come temprano, de pie o en mesa de formica, y no cuesta prácticamente nada.

Bandeja de mesa laminada roja con un plato blanco de nasi lemak: arroz teñido de marrón por la salsa, un huevo cocido pelado, encurtido de verdura amarilla, unos trozos de pollo frito oscuro y un cuenco rojo con salsa de guindilla; al lado, un tarro de cristal con una bebida amarilla con hielo, cubiertos y un tique con el número de pedido.
Nasi lemak con pollo: arroz cocido en leche de coco, huevo, encurtido y sambal. Es el plato nacional y se come a cualquier hora del día.Bahnfrend / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

A mediodía entra lo malayo. El plato de referencia es el nasi lemak: arroz cocido en leche de coco, con huevo, encurtido, cacahuetes, pescadito seco y una salsa de guindilla llamada sambal, más la proteína que elijas. Llega en plato o envuelto para llevar, y funciona igual de desayuno que de cena.

03 La noche es china y es de calle

Plato hondo de plástico morado con arroz de grano suelto y tono amarillento, cubierto por lonchas de pollo escalfado de carne pálida y por tiras de pollo asado con la piel caramelizada de color caoba brillante; a un lado, unos trozos de pepino con piel verde.
Arroz con pollo, en sus dos versiones a la vez: escalfado y asado. El arroz se cuece en el caldo del pollo, que es la mitad del plato.brown_colour / Wikimedia Commons / CC BY 2.0·CC BY 2.0

Por la noche el eje se desplaza a los barrios chinos y a las calles de puestos. El plato más reconocible es el arroz con pollo, servido escalfado o asado sobre arroz cocido en el propio caldo, pero la lista es larga: fideos salteados al wok, sopas de fideos, cerdo asado, marisco a la plancha.

Calle de puestos de comida de noche, con hileras de farolillos rojos cruzando el aire entre las fachadas y guirnaldas de bombillas; a ambos lados, mostradores iluminados con rótulos de fotografías de platos, y en la calzada, mesas plegables y sillas de plástico amarillas ocupando el pavimento entre los puestos.
La calle de puestos al empezar la noche, con las mesas montadas sobre la propia calzada. Es el formato habitual de cena aquí.IQremix / Wikimedia Commons / CC BY-SA 2.0·CC BY-SA 2.0

El formato importa tanto como la comida: mesas plegables sobre la calzada, sillas de plástico, cartas con fotos y una cuenta que no llega a lo que cuesta un café en Europa. No hay que reservar y no hay que arreglarse. Es la manera más eficiente que conozco de conocer una ciudad a base de cenar en ella.

04 Las pegas, que son dos y son reales

La primera es física. Se camina mal: hace entre 32 y 34 grados todo el año con una humedad del ochenta por ciento, las aceras son irregulares y desaparecen sin avisar, y por la tarde cae una tormenta. Ir de un barrio a otro andando suena bien sobre el plano y cansa mucho en la calle. Conviene usar el metro y el taxi sin remordimientos.

La segunda es de expectativas. Fuera de la mesa, la ciudad tiene poco programa. El casco antiguo es pequeño, hay dos o tres visitas de altura y a partir de ahí empieza una ciudad de oficinas y de centros comerciales muy grandes. Dos o tres días bastan; una semana obliga a salir de la ciudad.

05 A quién le encaja

Le encaja a quien organiza los viajes alrededor de lo que va a comer y no le importa que el resto sea sencillo. A quien disfruta de los sitios sin mantel, de las cartas con fotos y de pedir señalando. Y a quien viaja con presupuesto ajustado, porque aquí lo bueno es justamente lo barato.

No le encaja a quien necesita un itinerario de visitas lleno, a quien lleva mal el calor húmedo sostenido o a quien viaja buscando alta cocina con reserva. Y si vienes por la comida, ven con hambre y con margen: la parte difícil de este destino es que solo caben tres comidas al día.

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SN

Sofía Navarro

Editora de Made For You · Flowtravel

Sofía empareja destinos con el viajero que de verdad los va a disfrutar.