El año en la desembocadura del fiordo
Las cifras de clima son las de Baie-Comeau, en la misma orilla norte. El criterio de la puntuación no es la temperatura: es qué se puede ver y si hay salidas al agua.
Hay un punto muy concreto en la orilla norte del San Lorenzo donde el río deja de ser río. Es la desembocadura del fiordo del Saguenay, y ahí ocurre algo que convierte un tramo de agua fría en uno de los mejores sitios del mundo para ver cetáceos sin salir a mar abierto.
El área está protegida como parque marino desde hace años —1.245 kilómetros cuadrados, el primer parque de Canadá dedicado a un medio exclusivamente marino— y en ella se han contabilizado más de mil especies de flora y fauna.
01 Por qué se juntan aquí
La explicación está bajo el agua. El fiordo mide más de 105 kilómetros de largo y llega a 275 metros de profundidad, y al desembocar choca con el estuario y con un relieve submarino muy irregular. Ese encuentro fuerza un ascenso continuo de agua fría desde el fondo.
El agua que sube trae nutrientes, los nutrientes alimentan al plancton y el plancton concentra krill y capelán en cantidades enormes. Ese es el motivo por el que hasta trece especies de cetáceos aparecen en un área pequeña y cercana a la costa.

02 Las que están todo el año
Solo dos mamíferos marinos viven aquí los doce meses: la foca común y la beluga del San Lorenzo. Esta última es una población endémica de Canadá, aislada geográfica y reproductivamente del resto de su especie porque ocupa el extremo sur de su área de distribución.
Son unos 900 individuos y su situación es delicada. Fue declarada en peligro en 1983, pasó a amenazada en 1997 y volvió a la categoría de en peligro en 2014. Hasta principios de los 2000 crecía muy despacio; desde entonces desciende alrededor de un 1 % anual.
Esto tiene una consecuencia práctica para quien viaja: la beluga no es una especie a la que se pueda perseguir. Está protegida y las embarcaciones tienen restricciones para acercarse. Verla es posible, pero como algo que ocurre, no como algo que se contrata.
03 Las dos mitades de la temporada
El resto de especies son visitantes: rorcual aliblanco, rorcual común, ballena azul, yubarta, orca, marsopa común, delfines y varias más. Y aquí está el matiz que casi nunca se explica: no llegan todas en mayo y se van todas en octubre.
Lo que manda es el alimento. La concentración de krill y capelán tarda semanas en formarse, y los animales más grandes —los que necesitan mayores densidades de presa para que el viaje les compense— tienden a aparecer cuando esa concentración ya está hecha, en la segunda mitad del verano y en otoño.
Cómo se reparte la temporada
Salidas ya en marcha, pueblos vacíos y precios bajos. Se ven sobre todo rorcuales aliblancos, focas y, con suerte, belugas. Junio suma 237 horas de sol y máximas medias de 18,3 grados. Si lo que buscas es la costa y el fiordo más que un animal concreto, este es tu momento.
Es el más cálido, con 21,3 grados de máxima media, y también el más lluvioso del año: 110,8 milímetros en 15,7 días de precipitación. Coincide con las vacaciones, así que hay que reservar alojamiento con antelación y los avistamientos todavía son irregulares.
Baja la lluvia a 81,9 milímetros, el sol se mantiene en 238 horas y la proporción de sol posible llega al 53,5 %, la mejor del año. Es cuando la concentración de alimento está hecha y las probabilidades de ver grandes rorcuales son más altas.
Septiembre mantiene animales y vacía los pueblos; además el bosque empieza a cambiar de color. La contrapartida es la luz: las horas de sol caen de 238 en agosto a 163,8 en septiembre y a 123,4 en octubre, y la temporada termina hacia mediados de octubre.
04 Lo que hace el clima
Aunque el mes sea bueno, el día puede no serlo, y aquí hay un dato que conviene interiorizar: la proporción de sol posible no supera el 53,5 % ni en el mejor mes del año. Traducido, más o menos la mitad de las horas de luz están nubladas incluso en agosto.
La otra cifra es la del abrigo. En pleno agosto, la mínima media es de 9,9 grados, y sobre el agua, en movimiento, se siente bastante menos. La ropa que necesitas para una salida de tarde en verano es la de un día fresco de otoño en tierra.

05 Elegir la salida
Hay dos formatos y no dan la misma experiencia. Las neumáticas rápidas llegan antes y se mueven más, pero vas a la intemperie y con traje de flotación. Los barcos grandes son más estables, más cómodos y mejores si el mar está movido o si viajas con niños o con alguien mayor.
Y hay una tercera opción que casi nadie considera: quedarse en tierra. Desde varios miradores de la orilla se ven cetáceos sin embarcar, gratis y sin molestarlos. No es tan espectacular, pero funciona sorprendentemente bien, y es lo único que queda si el mar impide salir.
06 Los meses que no valen
De noviembre a abril no hay temporada. Las cifras lo explican solas: en esta costa caen 342,9 centímetros de nieve al año, enero tiene una media diaria de −13,4 grados y el récord de frío registrado baja hasta −47,2.
Las belugas y las focas siguen ahí, pero no hay barcos que salgan a verlas y la costa entra en otro modo de funcionamiento. Si tu viaje cae en esos meses, el plan no es este: cambia de objetivo y deja las ballenas para otra visita.


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