01 Un jardín que era un laboratorio

Empezó con cinco hectáreas y se fue ampliando hasta las treinta y dos que tiene hoy. Y la cifra que da la medida real de lo que fue está en 1867: aquel año el jardín tenía 8.214 especies y variedades en cultivo. No ejemplares: especies y variedades distintas.

La bibliografía especializada lo describe como uno de los jardines de ensayo y aclimatación más importantes del mundo. En 1867 lo era por números, no por reputación.

Vista del jardín desde una altura, tomada desde un teleférico: una ladera cubierta por completo de vegetación densa, con palmeras muy altas emergiendo por encima de las copas más bajas, manchas de árboles secos de tronco pálido a la derecha, y en la parte baja del encuadre un camino curvo y una explanada de tierra clara.
El jardín desde arriba. Las treinta y dos hectáreas ocupan la ladera entera entre la ciudad y el mar.Mouh2jijel / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

02 Las avenidas y sus fechas

El jardín está organizado en avenidas monoespecíficas, cada una plantada con una sola especie, y cada una tiene su fecha. La de los plátanos, que es la entrada principal, se plantó en 1845. La de los dragos, en 1847. La de los ficus, en 1863. Hay además avenidas de bambúes y de palmeras.

Ese detalle es más importante de lo que parece. Una avenida de una sola especie es una herramienta de trabajo: sirve para comparar el comportamiento de decenas de individuos idénticos en el mismo suelo y con la misma luz. Lo que hoy se recorre como paseo se diseñó como experimento con réplicas.

Panorámica muy apaisada de la entrada del jardín: un camino ancho de tierra clara se abre en el centro, flanqueado a izquierda y derecha por dos masas enormes de buganvilla en flor de color morado intenso; entre ellas, parterres de rosales rojos y rosas, setos recortados en cono y, al fondo, un estanque alargado con la avenida de palmeras perdiéndose detrás.
La entrada en primavera. Detrás de la buganvilla arranca la avenida de plátanos plantada en 1845.Billal Haddadi / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

03 El grito de Tarzán

En 1932 se rodó aquí una película de Tarzán con Johnny Weissmuller. La razón es evidente en cuanto uno entra: en 1932 este era, probablemente, el trozo de selva más accesible del mundo para un equipo de rodaje europeo, con una densidad de especies tropicales que no existía en ningún otro sitio a esa distancia de un puerto.

El drago desde el que Tarzán lanza su célebre grito sigue en el jardín. Es de las pocas veces en que un decorado de cine y un ejemplar botánico documentado son exactamente el mismo objeto, y sigue ahí para quien quiera comprobarlo.

Rincón del jardín con un pabellón bajo de paredes encaladas y tejado de teja árabe, con una galería de madera oscura tallada sobre pilares y ventanas de arco apuntado; delante, un suelo de losas irregulares de piedra clara con cenefa de azulejos, parterres bajos con plantas de hoja fina y, a la derecha, el tronco grueso y ramificado de un árbol grande.
Uno de los pabellones del jardín. La escala doméstica de estas construcciones contrasta con el tamaño de los árboles que las rodean.Rachid Hamatou / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

04 Lo que queda hoy

Aquí conviene ser honesto con las cifras. De aquellas 8.214 especies y variedades de 1867 se pasó a unas 3.000 durante la gestión del instituto nacional de investigación agronómica, y la cuenta actual está por encima de las 1.200. Es un jardín magnífico, pero es una fracción de lo que fue.

El jardín estuvo cerrado al público entre 2001 y 2009 por obras de restauración: ocho años enteros. Y desde que reabrió, la respuesta ha sido masiva: 1,9 millones de visitantes en 2017 y 2 millones en 2022.

Dos millones de personas al año en treinta y dos hectáreas es mucha gente. Merece la pena ir a primera hora, entre semana, y caminar las avenidas en el orden en que se plantaron: plátanos, dragos, ficus. Es un recorrido de dieciocho años de trabajo hecho en veinte minutos.

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LM

Lucía Montes

Editora de Vale la Pena Saberlo · Flowtravel

Lucía persigue la historia detrás del objeto cotidiano.