01 Una carencia y una yema

La atribución conviene darla con cuidado. La versión que circula es la del hijo de Nguyen Giang, fundador del café Giảng de Hanói, que sostiene que fue su padre quien desarrolló la receta en aquellos años. Es una atribución familiar, no un hecho verificado de forma independiente, y así hay que tomarla.

Lo que sí es firme es el contexto: la escasez de leche a finales de los cuarenta, y el hecho de que la bebida se identifica con Hanói y no con ninguna otra ciudad del país. Eso ya dice bastante sobre dónde se resolvió el problema.

02 Qué lleva y por qué funciona

Cuatro ingredientes: yema de huevo, azúcar, leche condensada y café robusta. Las yemas se baten con el azúcar y la leche condensada hasta montar una crema, y esa mezcla se calienta con mucho cuidado al baño maría. Directamente al fuego el huevo se cortaría.

Los lípidos de la yema emulsionan con el café y neutralizan los taninos amargos. No es una ocurrencia: es química.

Ese detalle explica por qué la combinación no solo se sostiene, sino que mejora el café de partida. La robusta vietnamita es intensa y marcadamente amarga; la grasa de la yema recorta esa aspereza sin tapar el sabor, que es exactamente lo que hace la nata en otras tradiciones y lo que hacía la leche que faltaba.

Tres vasos de cristal con café y espuma amarillenta, cada uno dentro de un cuenco —dos verdes y uno negro— sobre una bandeja de mármol gris apoyada en una mesa baja de madera; de cada vaso sobresale una cucharilla metálica de mango largo. Al fondo, en penumbra, las piernas de alguien sentado.
La capa de espuma ocupa casi la mitad del vaso. Debajo, el café queda oscuro y sin mezclar hasta que uno lo remueve.mmmmngai@rogers.com / Wikimedia Commons / CC BY-SA 2.0·CC BY-SA 2.0

03 Cómo se sirve

Con cucharilla, y eso no es un detalle menor. Se come primero la espuma con la cuchara y después se bebe el café del fondo. Son dos texturas y dos momentos, y tomarlo de un trago es perderse la mitad del asunto.

El otro rasgo del servicio es el recipiente. El vaso llega a veces metido dentro de un cuenco de agua caliente, o apoyado sobre una velita, para que no se enfríe. Tiene sentido: una crema de yema fría pierde textura, y en el invierno de Hanói, con medias de 16,6 °C en enero, la bebida se enfría deprisa.

Sobre una bandeja de madera, un vaso acanalado con una capa blanca abajo y una espuma beis espolvoreada de cacao arriba, junto a una jarrita de cristal con café solo y una tarjeta impresa con las palabras «EGG COFFEE». Al lado, un plato azul con un cruasán y, al fondo, una silla de rejilla y un ventilador.
La versión de cafetería moderna, con el café aparte para servirlo uno mismo. La receta es la misma; la puesta en escena, no.Souradeep Dasgupta / Wikimedia Commons / CC BY 4.0·CC BY 4.0

04 Dónde tomarlo

Hoy se sirve en cafeterías de todo Vietnam, así que no hace falta peregrinar. Pero la bebida se entiende mejor donde nació: en el Barrio Antiguo de Hanói, en un local estrecho al que se entra por un pasillo, con mesas bajas y taburetes, y el vaso metido en su cuenco de agua caliente.

Fachadas estrechas y muy juntas de una calle del Barrio Antiguo: a la izquierda un edificio moderno encalado, en el centro una casa antigua de estuco ocre con frontón curvo, balaustrada de hierro y plantas creciendo en las cornisas, y a la derecha bloques nuevos. Abajo, toldos, rótulos comerciales y una hilera de motocicletas aparcadas.
El tipo de calle donde están estos cafés: fachadas de cuatro metros, casas viejas entre bloques nuevos y el negocio en la planta baja.Christophe95 / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

Y tómalo en la estación fresca, entre octubre y diciembre. Una crema caliente de yema y café espeso pide un ambiente de dieciocho o veinte grados, no los veintinueve de media de julio. La bebida se inventó en una ciudad con invierno, y eso también forma parte de por qué funciona.

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LM

Lucía Montes

Editora de Vale la Pena Saberlo · Flowtravel

Lucía persigue la historia detrás del objeto cotidiano.