01 Una corriente que sube agua
La corriente de Benguela fluye hacia el norte y forma la parte oriental del giro del Atlántico Sur. Va desde Cape Point hasta aproximadamente los 16 grados de latitud sur, y mide entre 200 y 300 kilómetros de ancho. Los pulsos de afloramiento se propagan hacia el sur a lo largo de la costa a velocidades de 5 a 8 metros por segundo.
Y el efecto sobre tierra firme es el que ya se nota en cuanto uno mira el paisaje: la corriente fría influye de forma decisiva en el clima de Angola y de Namibia, y contribuye a la aridez de la costa. Es la razón por la que Luanda, a menos de nueve grados del ecuador, recibe 405 milímetros de lluvia al año.
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02 La cifra de productividad
El agua profunda es rica en nutrientes porque ahí abajo se acumula todo lo que se hunde. Cuando esa agua sube a la capa superficial, donde entra la luz, el fitoplancton tiene a la vez las dos cosas que necesita: alimento y sol. Y se dispara.
La producción anual de biomasa del sistema de Benguela es de 4,7×10¹³ gramos de carbono al año: entre 30 y 65 veces la media oceánica mundial por unidad de superficie.
Merece la pena detenerse en ese rango. No es que este mar sea algo mejor que la media: es que produce un orden de magnitud más, y en el extremo superior de la horquilla, casi dos. Toda la cadena que viene detrás —el pescado, las aves, los mamíferos marinos— se sostiene sobre esa cifra.
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03 La sardina y el pico de 1968
Históricamente, la pesquería del sistema estuvo dominada por la sardina del género Sardinops. Su pico se alcanzó en 1968, con más de 1,3 millones de toneladas capturadas en un solo año. Hoy la especie dominante en las capturas es la anchoa, Engraulis capensis.
Ese cambio de una especie a otra es la parte de la historia que conviene leer despacio. Una pesquería que pasa de la sardina a la anchoa no es una pesquería que haya cambiado de gusto: es un ecosistema que ha cambiado de estado. Y el pico de 1,3 millones de toneladas es, visto desde hoy, más una advertencia que un récord.
04 El año en que falla
Aproximadamente una vez por década ocurre lo que se conoce como El Niño de Benguela: agua cálida y pobre en nutrientes procedente de la corriente de Angola se cuela dentro del sistema y crea unas condiciones parecidas a las de El Niño del Pacífico.
Cuando eso pasa, el motor se apaga: sin agua fría no hay nutrientes, sin nutrientes no hay fitoplancton, y sin fitoplancton no hay nada de lo que viene después. Una costa que depende de un afloramiento depende también de que ese afloramiento no se interrumpa.
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Merece la pena tenerlo en la cabeza al sentarse a comer pescado en la Ilha. Lo que hay en el plato no viene de un mar tropical cualquiera: viene de uno de los sistemas de afloramiento más productivos del planeta, y de una franja de agua fría que también es la responsable de que en junio y julio no caiga una gota.


