Hay una manera de saber que algo importante está ocurriendo en Mendoza sin entender una palabra de lo que se dice alrededor: por la tarde, de pronto, empieza a cerrarse todo. Se recogen las mesas de la calle, la gente entra en los locales y el cielo toma un color raro, entre amarillo y marrón.

No es una tormenta. Es lo contrario de una tormenta: es un viento que llega sin una gota de agua y que sube la temperatura en lugar de bajarla. Se llama zonda, y en esta parte de Argentina no es un fenómeno meteorológico más: es un acontecimiento con nombre propio.

01 El día en que el aire cambia

Lo primero que hay que entender es que el zonda no es un viento fuerte cualquiera. Su rasgo definitorio no es la velocidad, sino la combinación de dos cosas: sequedad extrema y temperatura alta, en un mismo golpe de aire.

Durante los avisos por viento zonda se registran vientos de entre 30 y 45 kilómetros por hora, con rachas que pueden superar los 60, y a eso se suma la reducción de visibilidad por el polvo que levanta. En cota alta, la velocidad puede llegar a superar los 240 kilómetros por hora.

Pero las cifras de viento cuentan solo una parte. Lo que hace del zonda un asunto distinto es que la humedad relativa se desploma y la temperatura sube al mismo tiempo, de manera que el ambiente pasa en cuestión de una hora de normal a un aire que reseca cualquier cosa expuesta.

02 Qué es exactamente el zonda

Técnicamente es un viento föhn, el mismo mecanismo que produce el foehn de los Alpes o el chinook de las Rocosas. Aparece en la vertiente oriental de los Andes y necesita, para existir, una barrera montañosa muy alta. Aquí la tiene.

Carretera de montaña con curvas cerradas y un túnel excavado en la roca, bajando por una ladera de piedra desnuda hacia un valle profundo y seco.
El descenso oriental de la cordillera hacia Mendoza. El aire hace este mismo recorrido, y al bajar se comprime y se calienta.BiblioJu / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

El proceso tiene tres pasos. Aire húmedo procedente del Pacífico se ve obligado a ascender por la cara chilena de los Andes, hasta cotas del orden de los 6.000 metros. Al subir se enfría, y al enfriarse descarga su humedad en forma de precipitación sobre esa vertiente.

Después baja por la vertiente argentina, ya sin agua, y al descender se comprime y se calienta. Lo que llega al llano mendocino es, literalmente, el mismo aire de antes menos su humedad y más su calor. De ahí la sensación tan característica.

03 Cuándo sopla y cuánto dura

Aquí está el dato práctico que conviene llevar apuntado: en el 90 % de los casos, el fenómeno ocurre entre mayo y noviembre. Es decir, no es un viento de verano; es un viento de invierno y de primavera.

También tiene horario. Lo más frecuente es que empiece por la tarde, entre las doce y las seis, y que dure entre una y doce horas. En los episodios largos puede repetirse de forma intermitente durante dos o tres días seguidos.

Ladera de piedra suelta y matorral disperso en el piedemonte, con una carretera estrecha serpenteando y cerros áridos escalonándose hacia el fondo.
El piedemonte al oeste de la ciudad. Este suelo suelto y sin cubierta vegetal es el que aporta el polvo que el zonda pone en suspensión.Nelson Pérez / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

Ese calendario tiene una consecuencia directa para quien viaje. Los meses en que el llano está más tranquilo de lluvia —julio deja 5 milímetros, junio 5,7— son exactamente los del corazón de la temporada de zonda. Cielo despejado no significa aquí día garantizado.

04 Por qué se nota en el cuerpo

Lo que distingue al zonda de otros vientos fuertes es que la gente del lugar no habla de él como se habla del tiempo, sino como se habla de una molestia física. Y hay motivo: los síntomas están descritos y son bastante consistentes.

Los más frecuentes son dolor de cabeza, sequedad de la piel y de las mucosas, irritación de ojos y garganta, dificultad para respirar y fatiga. En personas sensibles puede desencadenar además alergias respiratorias, crisis asmáticas y trastornos del sueño.

Y hay una medición que va más allá de la sensación. Un estudio multicéntrico verificó que los días de zonda fuerte aumentan las consultas en urgencias y los ingresos por hipertensión y complicaciones cardiovasculares, con el promedio de ingresos en unidad coronaria en Mendoza creciendo de manera notable respecto de los días normales.

05 La paradoja: el mismo viento trae el agua

Aquí está la parte que cambia la manera de mirarlo. El zonda es, abajo, un viento seco que reseca todo lo que toca. Pero arriba, en la alta montaña, la misma situación meteorológica va asociada a nevadas importantes.

Cordón montañoso de laderas peladas y tonos ocres con manchas de nieve en las cotas altas, visto desde la carretera del valle bajo un cielo azul.
La cordillera vista desde la ruta 7. Esa nieve de las cotas altas es lo que después baja por los ríos y riega el oasis.Roger Schultz / Wikimedia Commons / CC BY 2.0·CC BY 2.0

Contra lo que parecería lógico, en esta región árida ese aporte de nieve resulta clave para la acumulación glaciar, en lugar de ser un viento que se lleva la nieve. El mismo episodio que en la ciudad reseca las gargantas está cargando de agua sólida la montaña.

Y esa nieve es, literalmente, el agua con la que se riega el oasis. De modo que el viento más incómodo del calendario mendocino forma parte del mismo mecanismo que permite que exista el 4 % verde de la provincia. No es un enemigo del sistema: es una pieza suya.

06 Qué hacer si te toca

Lo primero, no interpretarlo como mala suerte con el tiempo y seguir con el plan. Un día de zonda no es un día ventoso: es un día en que conviene reorganizar la jornada y dejar para otro momento lo que exija estar horas al aire libre.

Las recomendaciones habituales son sencillas y funcionan: beber agua de forma constante, evitar la exposición prolongada, proteger los ojos y las vías respiratorias, y mantener los espacios interiores bien ventilados. Nada de eso es exagerado en un aire que puede quedarse casi sin humedad.

Y lo segundo, algo que ayuda a leer el lugar. Si en un día de zonda notas que la conversación cambia, que la gente está más irritable o que alguien cancela sin dar demasiadas explicaciones, no lo tomes como algo personal ni como una rareza local. Es un viento con nombre propio y con historia clínica, y la ciudad entera lo trata en consecuencia.

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing · Flowtravel

Lucía Montes escribe sobre lo que hay detrás de un dato que parece pequeño y explica un lugar entero.