01 No es un monumento: son seis barrios

La inscripción se hizo bajo los criterios (iii) y (iv) de la convención, con el número de referencia 1768. Para el viajero, la traducción práctica es sencilla: no vas a encontrar taquilla, ni horario, ni recorrido señalizado. Vas a encontrar barrios habitados donde vive gente, y ese es exactamente el objeto protegido.

02 De qué está hecha una medina de aquí

La de Moroni se describe como un laberinto de callejones estrechos y edificios antiguos, comparable —aunque más pequeño— al casco viejo de Lamu, en la costa keniana. Esa comparación no es casual: estas ciudades pertenecen al mismo mundo cultural suajili que se desarrolló a lo largo del Índico occidental, y los hallazgos cerámicos sitúan a estas islas dentro de esa civilización desde los siglos VII a X.

El material es piedra de coral. Se ve en cuanto uno mira un muro de cerca: superficie porosa, gris, llena de huecos, con el musgo agarrado en cada oquedad.

La fecha que mejor mide la antigüedad del conjunto está en la mezquita más vieja de la medina de Moroni, levantada en 1427, contemporánea de los siglos de esplendor de las demás ciudades suajilis. Su alminar es muy posterior: se añadió en 1921. Un edificio con quinientos años y un remate de hace cien: eso resume bastante bien cómo funcionan estos cascos.

Callejón muy estrecho del casco antiguo, de poco más de un metro de ancho: a la derecha, un muro de piedra de coral en bruto, gris y muy erosionado, cubierto de musgo verde, con una ventana pequeña de contraventana de madera y una losa saliente encima a modo de alero; a la izquierda, una fachada revocada y pintada de gris con una puerta de madera de dos hojas con paneles tallados y una ventana con reja de forja; el suelo es de baldosa gris con relieve y el callejón sigue en penumbra hacia el fondo.
Piedra de coral a la derecha, revoco y puerta tallada a la izquierda. Ese contraste de siglos es la medina entera.Radosław Botev / Wikimedia Commons / CC BY 3.0 PL·CC BY 3.0 PL

03 Por qué seis y no una

Aquí está el dato que cambia la manera de mirar. Durante siglos, Moroni no fue la ciudad principal de su isla: era una de varias, y compartía el peso económico y político del reino de Bambao con la vecina Ikoni, que era la capital real. La lista de seis medinas no es una recopilación turística: es el mapa de un archipiélago que estuvo organizado en varios centros a la vez.

Ese equilibrio duró hasta finales del siglo XIX y se rompió del todo mucho después: en 1958, cuando Moroni pasó a ser la capital del archipiélago, tenía apenas 6.545 habitantes. Las otras cinco medinas siguen ahí, en poblaciones que hoy son pequeñas, y por eso conservan una escala que la de Moroni ha perdido.

Vista desde un alto sobre un casco antiguo pegado al mar: cientos de casas de una y dos plantas se aprietan sin apenas separación, con azoteas planas y tejados de chapa en gris, azul, verde y rojo, y algún alminar blanco asomando entre ellas; a la izquierda, un muelle con filas de contenedores apilados y un par de barcos atracados; a la derecha y al fondo, el mar en azul intenso con una franja de arrecife más clara junto a la orilla, y en el horizonte se distingue el perfil borroso de otra isla.
La medina de Mutsamudu, en la isla de Anjouan: una de las otras cinco. La densidad del tejido se ve mejor desde arriba.David Stanley / Wikimedia Commons / CC BY 2.0·CC BY 2.0

04 Cómo caminarla

Primero, una advertencia que las propias descripciones del sitio hacen sin rodeos: el casco antiguo de Moroni está mal conservado. Quien llegue esperando un centro histórico restaurado, con fachadas rehabilitadas y pavimentos nuevos, se va a llevar un chasco. Lo que hay son muros de coral comidos por la humedad, revocos saltados y hormigón moderno cosido encima.

Segundo: no intentes un itinerario. La medina se describe precisamente como un laberinto, y los callejones tienen anchuras de poco más de un metro. La forma de recorrerla es entrar por cualquier sitio, perderse un rato y salir por donde se pueda. Guarda la atención para los detalles: las puertas de madera tallada, las celosías caladas, las losas voladas sobre las ventanas.

El frente marítimo del casco antiguo bajo un cielo cargado: un muro de contención de piedra basáltica separa el agua de un paseo, y detrás se aprieta un conjunto de casas de piedra de coral encaladas y ennegrecidas, de dos y tres plantas, con azoteas, antenas parabólicas y palmeras entre ellas; a la izquierda destaca un alminar blanco de arcadas rematado por una cúpula azul claro; al fondo, la ladera boscosa del volcán sube en pendiente suave y se pierde entre nubes bajas.
La medina desde el paseo marítimo. Desde fuera se entiende la forma; desde dentro, el material.Woodlouse / Wikimedia Commons / CC BY-SA 2.0·CC BY-SA 2.0

Y tercero, la recomendación que de verdad justifica este artículo: no te quedes solo con la de Moroni. Itsandra e Ikoni están a pocos kilómetros por la carretera de la costa, y Ntsoudjini un poco más al norte. Ver dos o tres seguidas en el mismo día es la única manera de entender por qué la inscripción es de seis y no de una: lo que se repite en todas ellas es el argumento.

Rate this article

Your vote helps prioritize what we edit next.

No votes yet
LM

Lucía Montes

Editora de Vale la Pena Saber · Flowtravel

Lucía persigue el dato que cambia cómo miras un sitio.