Empecemos por lo que se ve primero. Un jardín de cerveza de verdad tiene siempre las mismas tres cosas: castaños de Indias, suelo de gravilla y mesas corridas de madera. No es un estilo decorativo. Es la superficie visible de una nevera del siglo XIX.

Árboles grandes con las primeras hojas amarillo verdosas cubriendo por completo el encuadre, y debajo un suelo de gravilla clara con decenas de mesas y bancos corridos de madera vacíos alineados en filas.
Copas anchas, raíces poco profundas y gravilla debajo. Los tres elementos están ahí por la misma razón técnica.Rufus46 / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

01 Por qué hay castaños encima

En 1553, el duque Alberto V estableció que en Baviera solo se podía elaborar cerveza entre el 29 de septiembre y el 23 de abril. El motivo era el fuego: hervir el mosto en verano, con la ciudad construida en madera, era demasiado peligroso. La consecuencia práctica fue que había que producir en invierno la cerveza que se iba a beber en verano, y guardarla fresca durante meses.

Las grandes fábricas resolvieron el problema excavando bodegas en las orillas del Isar, donde el terreno es de grava y drena bien. Encima de esas bodegas extendieron una capa de grava, y sobre la grava plantaron castaños de Indias. La elección del árbol fue técnica: copa ancha y densa, que da sombra continua, y raíz superficial, que no baja a romper la bóveda de la bodega.

Ese es el orden real de las cosas. Primero la bodega, luego la grava para aislarla, luego el árbol para sombrearla, y solo al final las mesas debajo. El jardín de cerveza es el tejado de un almacén frigorífico al que se le encontró un segundo uso.

02 El 4 de enero de 1812

Con la cerveza fresca ahí mismo, los cerveceros empezaron a servirla en el propio terreno, y a los taberneros de la ciudad no les hizo ninguna gracia: ellos pagaban local, licencia e impuestos para vender lo mismo. La protesta llegó arriba.

El 4 de enero de 1812, Maximiliano I José firmó el compromiso: los cerveceros de Múnich podían servir cerveza desde sus bodegas de refrigeración, pero no podían servir ninguna comida salvo pan. Se protegía así el negocio de las tabernas, que seguían teniendo el monopolio de la cocina.

La gente hizo lo evidente: llevarse la comida de casa. Doscientos catorce años después, esa costumbre nacida de una prohibición es el rasgo que define el sitio, y sobrevive incluso ahora que los jardines de cerveza sí tienen cocina propia.

Explanada de gravilla bajo castaños todavía sin hojas en un día despejado, con centenares de mesas y bancos de madera vacíos alineados y, al fondo, edificios bajos de tejado rojo con sombrillas cerradas.
El Hirschgarten a finales de marzo: ocho mil plazas todavía vacías esperando a que salga la hoja.Rufus46 / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

03 La mesa sin mantel

De ahí sale la única regla que hay que aprender, y es completamente visual. Las mesas desnudas, de madera vista, pertenecen a la zona de autoservicio: te levantas a por la bebida, la pagas en la barra y puedes poner encima la comida que hayas traído. Las mesas cubiertas con mantel —normalmente a cuadros— son la zona con servicio de camarero: allí se pide de la carta y no se saca comida de fuera.

La bebida es la excepción invariable. Se puede llevar la comida; no se puede llevar la bebida. Es la contrapartida lógica del acuerdo original y es también lo que mantiene el negocio en pie, así que no se discute.

Lo demás es costumbre de mesa larga: los bancos son corridos y se ocupan por huecos. Sentarse junto a desconocidos después de preguntar si el sitio está libre es lo normal. En autoservicio se paga un depósito por la jarra y se recupera al devolverla.

04 Las once de la noche, y por qué

El horario de cierre también tiene fecha. En 1995 un tribunal administrativo bávaro ordenó adelantar a las 21:30 el cierre del jardín de cerveza de la Waldwirtschaft, en Großhesselohe, para proteger del ruido a los vecinos. El 12 de mayo de ese año unas 25.000 personas se manifestaron en Múnich contra la decisión.

En la semana siguiente, el gobierno regional aprobó una norma específica, la ordenanza bávara de jardines de cerveza, que fijó el cierre a las 23:00 para los establecimientos tradicionales: los que están a la sombra de los árboles y permiten traer la comida. La asociación de vecinos recurrió y el asunto no se cerró definitivamente hasta enero de 1999, ante el tribunal administrativo federal.

El detalle que importa para entender el sitio es cuál es la definición legal. Lo que la norma protege no es «un bar con mesas fuera»: es concretamente el jardín tradicional bajo arbolado en el que el cliente puede traer su propia comida. Esa costumbre de 1812 es, literalmente, el requisito para poder cerrar a las once.

Torre de madera oscura de cinco cuerpos con tejados curvos superpuestos y campanillas colgando de los aleros, rodeada en su base por mesas corridas de madera y sombrillas azules.
La torre del Jardín Inglés, con siete mil plazas alrededor: el segundo jardín de cerveza más grande de la ciudad.-wuppertaler / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

05 Ciento ochenta jardines y ciento ochenta mil sillas

La escala explica por qué esto no es folclore para visitantes. En Múnich y su entorno hay más de 180 jardines de cerveza que suman en torno a 180.000 plazas. Para una ciudad de un millón y medio de habitantes, eso significa un asiento al aire libre por cada ocho personas.

El mayor es el Hirschgarten, con 8.000 plazas, de las cuales alrededor de 1.200 con servicio de camarero y el resto de autoservicio. El segundo es el de la torre del Jardín Inglés, con 7.000. Y el Hirschgarten conserva lo que le da nombre: un recinto con gamos, porque el sitio era un coto de caza real antes de que en 1791 se abriera allí el restaurante.

Tres gamos descansando y pastando sobre tierra seca dentro de un recinto vallado con alambrada, y justo detrás de la valla las sillas y mesas verdes y marrones de un jardín de cerveza.
Los gamos del Hirschgarten, al otro lado de la valla. El nombre del sitio no es decorativo: era un coto de caza.Martinus KE / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

Puestos a resumirlo en una frase: el jardín de cerveza no es donde los muniqueses van a beber, sino donde van a estar. La cerveza es lo único que hay que comprar allí; todo lo demás —la comida, la conversación, la tarde entera— lo pone el cliente. Eso es exactamente lo que decidió aquel decreto de 1812, aunque quisiera decidir otra cosa.

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing · Flowtravel

Lucía Montes persigue el dato que cambia la forma de mirar un lugar y lo explica hasta el final.