01 Una fachada fuera de sitio

Las obras de referencia describen la arquitectura de la ciudad como «un estilo original con influencias portuguesa y francesa». Es una descripción exacta pero corta: lo que hace singular a esta ciudad no es la mezcla de dos influencias europeas, sino que una de ellas llegó de vuelta, cruzando el Atlántico en sentido contrario.

Dos ventanas de arco de medio punto en una fachada de color crema, vistas desde abajo: cada una lleva un recerco moldeado pintado en marrón rojizo, un antepecho saliente con molduras y dos ménsulas terminadas en forma de hoja; las hojas interiores son de librillo blanco y las contraventanas exteriores, de madera clara, están abiertas. Arriba asoma el alero de teja.
El detalle que delata el origen: recerco moldeado, ménsulas en forma de hoja y librillo. Nada de eso es constructivamente necesario aquí.Saliousoft / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

02 Quiénes las levantaron

Se los conoce como agudás: una comunidad afrobrasileña establecida en varios países de esta costa, formada por personas que dejaron Brasil y por sus descendientes. Su presencia es especialmente significativa en dos ciudades de Benín, Uidá y Porto-Novo, y fuera del país en Agoué, en Togo, y en Lagos.

Los apellidos son la parte más visible de la herencia: de Almeida, Amorin, de Campos, Gomes, Olympio, de Souza, Wilson. Se leen en los buzones y en los rótulos de las tiendas.

La bibliografía de referencia enumera dieciocho familias con antepasados identificados y fechas aproximadas del siglo XIX. Ese «aproximadas» es importante y volveremos sobre él al final: la documentación de esta comunidad es mucho más pobre de lo que su huella construida haría suponer.

03 Qué mirar en la calle

Cuatro cosas, y ninguna requiere entrar en ningún sitio. La primera, el frontón sobre la puerta: un remate moldeado, a veces con un motivo en relieve en el tímpano, que no cumple ninguna función constructiva. La segunda, la fecha grabada en la moldura, que convierte cada casa en un documento fechado.

La tercera, las contraventanas de librillo: lamas inclinadas que dejan pasar el aire y no la lluvia, que es exactamente lo que hace falta en una ciudad con 1.325 milímetros anuales. Y la cuarta, la escalera exterior de acceso a la planta alta, con celosía de hormigón calado.

Escalera exterior de una casa, vista de abajo arriba: los peldaños están alicatados en baldosa color terracota y los flanquean dos antepechos macizos del mismo tono; arriba conducen a una galería cubierta con tejado de chapa y carpintería de madera oscura. A la izquierda hay una celosía de hormigón calado con motivos vegetales, plantas de plátano y una palmera joven.
La escalera por fuera y la celosía calada. Subir a la planta alta sin pasar por dentro de la casa es parte del tipo.Saliousoft / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

Y para ver la capa anterior, la que estaba aquí antes de todo esto, basta con entrar en el Museo Honmé, instalado en un palacio real. El contraste entre los dos tipos constructivos —muro de tierra y patio abierto frente a fachada moldeada y escalera— se aprende mejor en una tarde que en un libro.

Patio interior de un conjunto de edificios bajos de tierra rojiza con tejados de chapa acanalada pintada de rojo, sostenidos por pilares cuadrados con la base pintada de negro; en el centro del patio de tierra hay una construcción abierta con techumbre de paja seca sobre postes de madera, varios árboles jóvenes, y a la derecha una figura tallada de pie sobre una peana.
El patio del Museo Honmé. Tierra, chapa y madera: la otra manera de construir que tiene la ciudad.Kulttuurinavigaattori / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

04 Lo que no se sabe

Toca la parte incómoda, y es más grande de lo habitual. No he encontrado cifras publicadas de la población agudá, ni una descripción arquitectónica sistemática de estas construcciones, ni fechas precisas de los distintos regresos, ni un inventario del patrimonio construido de la ciudad.

A eso se suma un aviso que hacen las propias obras de referencia sobre la historia temprana de la ciudad: descansa sobre tradiciones orales que solo empezaron a recogerse a finales del siglo XIX, y la califican de imprecisa. Cuando leas una cronología cerrada de Porto-Novo, pregúntate de dónde sale.

Lo cual no resta nada a lo que sí puedes hacer, que es lo mejor de este asunto: caminar el casco leyendo fechas en los dinteles. Cada una es un dato firme, grabado por quien construyó la casa, y no depende de que nadie lo haya publicado después. La de la portada de este artículo dice 1912.

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LM

Lucía Montes

Editora de Vale la Pena Saberlo · Flowtravel

Lucía persigue la historia detrás del objeto cotidiano.