01 Una cifra que no encaja

Conviene decir de entrada lo que son esas cifras: estimaciones citadas en informes sobre la ciudad, no un censo ganadero. Pero el orden de magnitud se sostiene solo en cuanto uno mira el terreno, porque la explicación no está en la economía. Está en la topografía.

02 Por qué pasa aquí

Yaundé está construida sobre una sucesión de lomas de 600 a 700 metros separadas por valles encharcados. Esos fondos tienen nombre propio: élobis. Están recorridos por multitud de cursos de agua pequeños, se inundan y, durante décadas, se consideraron suelo imposible de edificar.

Suelo llano, con agua todo el año, dentro de la ciudad y sin valor inmobiliario. Es la definición exacta de una huerta, y así se usa.

El resultado es que el verde que se ve entre los edificios desde cualquier alto no es paisaje: es producción. Maíz, plátano, hortaliza y ganado menor, repartidos por los fondos de una ciudad que en el año 2000 ya ocupaba trescientos cuatro kilómetros cuadrados, frente a los doce que tenía en 1961.

Franja panorámica de un descampado en el borde de la ciudad: a la izquierda y en el centro, un maizal ya seco con las cañas amarillas y las hojas colgando; entre ellas asoma la estructura sin terminar de una casa de bloque de hormigón; a la derecha, un muro encalado de una parcela, un poste de electricidad y un cobertizo bajo; y ocupando todo el fondo, una pared continua de selva de copas cerradas bajo un cielo blanco.
Maizal, obra a medias y selva, en el mismo encuadre. Así se reparte el suelo en el borde de Yaundé.Tfrpifr1 / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

03 El coste de vivir en el fondo

Hay una segunda mitad de esta historia que no es amable, y contarla sin ella sería deshonesto. Cuando el crecimiento demográfico apretó, esos mismos fondos inundables se convirtieron también en reserva de suelo para vivienda autoconstruida. Los geógrafos que han estudiado la ciudad lo han documentado con detalle: se levanta casa donde el terreno no vale, y el terreno no vale porque se inunda.

Las cifras del problema son concretas. Hace poco más de una década, las inundaciones graves interrumpían la vida de la ciudad entre quince y veinte veces al año y llegaban a afectar a cien mil personas de una sola vez. Un plan director de saneamiento iniciado en 2010 redujo esa frecuencia de quince a tres episodios anuales en cuatro años, y los casos de enfermedades transmitidas por el agua bajaron casi a la mitad.

Es decir: el mismo rasgo del terreno que permite cultivar dentro de la ciudad es el que la inunda. Las huertas y las inundaciones son el mismo hecho geográfico visto desde dos lados.

Calle de tierra roja muy ancha y llena de tráfico en un barrio comercial: en primer plano, un taxi amarillo con el número pintado en un círculo blanco en la puerta y, a su derecha, un coche familiar cargado con una montaña de racimos de plátano verde apilados sobre el techo y sobre el portón trasero abierto; detrás, decenas de coches, motos y sombrillas de puestos entre edificios bajos de hormigón y ladrillo con rótulos comerciales; el cielo está oscuro de tormenta.
Plátano llegando a un mercado de barrio. Parte de lo que se vende aquí ha crecido dentro del mismo término municipal.gtankam / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

04 Cómo mirarlo

Esto no es una visita: no hay nada que reservar ni ninguna entrada que comprar. Es un cambio de lectura, y funciona desde el primer día. Cada vez que cruces un puente o llegues a un alto, mira hacia abajo. Lo que en cualquier otra capital sería un descampado abandonado aquí está sembrado.

El segundo sitio donde se ve es el mercado, y ahí conviene madrugar. Los mercados de barrio funcionan de madrugada y a mediodía ya queda poco. Si preguntas de dónde viene el plátano o la verdura, una parte de la respuesta va a ser un nombre de barrio de la propia ciudad.

Lago urbano de aguas quietas y grises visto desde la orilla: en primer plano, hierba alta y una mancha extensa de nenúfares de hoja redonda flotando sobre el agua; al otro lado, un talud de tierra rojiza con un paseo, y sobre él, un bloque de viviendas de cinco plantas con galerías abiertas, un edificio blanco de oficinas y varias casas de tejado de teja entre árboles; el cielo, blanco y sin nubes definidas.
El lago municipal ocupa uno de esos fondos. Los que no se represaron ni se edificaron siguen produciendo comida.Kondah / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

Y una última cosa, que es la que hace que el dato valga la pena. En casi todas las capitales del mundo, la relación entre la ciudad y la comida es una relación de importación: llega de fuera, en camión, de noche. Aquí una parte no llega: sube. Del fondo del valle a la loma de al lado, cuarenta metros de desnivel.

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LM

Lucía Montes

Editora de Vale la Pena Saber · Flowtravel

Lucía persigue el dato que cambia cómo miras un sitio.