Destino

En Amán no te orientas por calles: te orientas por colinas y rotondas.

Los barrios de esta ciudad no se llaman como sus calles: se llaman como la colina o el valle que ocupan, con el prefijo jabal o wadi. Y las direcciones no se dan por número de portal, sino por rotondas numeradas. Empezó sobre siete colinas y hoy se reparte por más de diecinueve.

· 10 min read
Una ladera entera cubierta de edificios cúbicos del mismo color arena, subiendo hasta la línea de cumbre, con un valle de casas más densas abajo y un cielo de nubes oscuras encima.
Una ladera entera cubierta de edificios cúbicos del mismo color arena, subiendo hasta la línea de cumbre, con un valle de casas más densas abajo y un cielo de nubes oscuras encima.Falcodigiada·CC BY-SA 4.0

01 El nombre del barrio es el nombre de la colina

La regla es sencilla y se aprende en cinco minutos. Los barrios de Amán se llaman como la colina o el valle sobre el que están, con dos prefijos que aparecen por todas partes: jabal, que significa monte o colina, y wadi, que significa valle o cauce. Jabal al-Luweibdeh y Wadi Abdún son dos ejemplos que oirás el primer día.

Eso significa que el nombre de un barrio contiene una información topográfica real. Cuando alguien dice que vive en un jabal, está diciendo que vive arriba; cuando dice un wadi, que vive abajo. En una ciudad con desniveles de cientos de metros, esa información es más útil para orientarse que cualquier nombre de calle.

Panorámica muy apaisada de la ciudad desde un mirador alto, con varias lomas sucesivas cubiertas de edificios del mismo tono arena, un valle arbolado en el centro y el trazado de una avenida siguiendo el fondo del cauce.
Varias colinas seguidas, todas construidas hasta la cumbre, y una avenida siguiendo el fondo del valle. Ese es el plano de la ciudad.Falcodigiada / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

02 De siete colinas a diecinueve

La ciudad se construyó inicialmente sobre siete colinas, la cifra clásica que comparte con tantas otras. La diferencia es lo que pasó después: hoy se extiende por más de diecinueve, que agrupan veintidós áreas, y ocupa 1.680 kilómetros cuadrados con una población municipal de unos 4,9 millones de habitantes según el dato de 2024.

Ese crecimiento explica la forma. Cuando una ciudad se expande sobre un terreno de lomas y barrancos, no puede crecer en anillos concéntricos: crece saltando de cumbre en cumbre y rellenando después los valles. El resultado no es una mancha, sino una sucesión de núcleos que acaban tocándose, y por eso aquí no hay un centro sino varios.

03 Las direcciones se dan por rotondas

Isleta ajardinada de una rotonda urbana con dos monolitos de piedra clara, uno estriado y otro triangular, bancos, arbolado de otoño y edificios bajos alrededor; en primer término pasa un taxi amarillo.
Una de las rotondas numeradas. No es una plaza monumental: es una referencia de dirección, y así se usa.Producer / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0  · CC BY-SA 3.0

Aquí está el detalle que más descoloca al llegar y que más rápido se aprende. La ciudad tiene ocho rotondas —las circles— que en su día marcaban los límites de los barrios y que hoy funcionan como el sistema de coordenadas de toda la ciudad. Se dice «cerca de la tercera» o «entre la cuarta y la quinta», y eso basta.

El sistema tiene una lógica que se entiende sobre el terreno: en un plano de calles curvas, cortadas por barrancos y con nombres que muchas veces no están señalizados, los puntos fijos y numerados en una misma vía son mucho más eficaces que cualquier nomenclátor. La red de carreteras se completa además con muchos puentes y túneles, obligados por el relieve.

04 Todo del mismo color

Ladera densamente edificada con bloques de tres y cuatro plantas de piedra clara, todos del mismo tono arena, con depósitos de agua y antenas parabólicas en las azoteas, y un cartel metálico en primer término.
Miles de edificios distintos y un solo color. La piedra caliza local es lo que da a la ciudad su aspecto de una sola pieza.yeowatzup / Wikimedia Commons / CC BY 2.0  · CC BY 2.0

Y hay un segundo rasgo que refuerza la sensación de conjunto: prácticamente toda la ciudad está revestida de la misma piedra caliza clara de la región. Vista desde cualquier mirador, la ciudad no es un mosaico de colores sino una sola superficie beige que sube y baja siguiendo el terreno.

El efecto sobre la percepción es notable. Al no haber contraste cromático entre edificios, lo que se lee desde arriba no son las construcciones sino la topografía: se ven las lomas, los barrancos y las líneas de cumbre, dibujadas por la densidad de las casas. Es una ciudad que enseña su relieve en vez de taparlo.

05 Lo que Amán te deja

Conviene decirlo sin adornos: no es una ciudad de paseo. Las pendientes son fuertes, las distancias entre colinas son largas, hay tramos sin acera y buena parte del tejido urbano está pensado para el coche. Quien venga esperando un casco antiguo compacto se va a cansar antes de encontrarlo, porque el conjunto que sí es peatonal es pequeño y está abajo, en el fondo del valle.

Lo que deja es una lección de geografía urbana muy poco frecuente. Aquí se entiende, mirando desde cualquier colina, que la forma de una ciudad no la decide un plano sino el terreno, y que cuando el terreno manda mucho, hasta el idioma se adapta: el barrio deja de llamarse por su calle y pasa a llamarse por su monte.

Worth the read?
Rate this guide
No ratings yet
Last updated · reviewed by the FlowTravel desk
MR

María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María busca la idea que explica una ciudad.

Image credits