Destino

La muralla está hecha con la ciudad anterior.

Quien sube a la ciudadela de Ankara espera encontrar una fortaleza. Lo que encuentra es un catálogo: altares, cornisas, capiteles y bloques labrados de la ciudad romana, encajados de cualquier manera en un muro levantado a toda prisa. La defensa se construyó con los escombros de lo que defendía.

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La puerta de la ciudadela de Ankara al atardecer, con dos torreones macizos de sillares dorados a ambos lados de una escalinata, ladrillo oscuro en la parte alta y arbustos creciendo sobre la coronación.
La puerta de la ciudadela de Ankara al atardecer, con dos torreones macizos de sillares dorados a ambos lados de una escalinata, ladrillo oscuro en la parte alta y arbustos creciendo sobre la coronación.Diego Delso·CC BY-SA 4.0

01 Una muralla de segunda mano

El término técnico para eso es «espolio»: material constructivo reutilizado. En Ankara no es un detalle ni una anécdota. Las fuentes académicas describen los dos recintos —el interior y el exterior— como levantados «con grandes cantidades de mampostería reutilizada». No hay un tramo puntual con piezas antiguas: la reutilización es el método.

Las fechas son menos firmes de lo que a uno le gustaría. Hubo fortificación en la colina desde muy antiguo, con una reconstrucción atribuida a los gálatas en el 278 a. C., y renovaciones sucesivas en época romana, bizantina, selyúcida y otomana. El conjunto que se ve hoy se sitúa en o después del siglo VII, y tanto el recinto interior como el exterior son posteriores a la toma persa de la ciudad hacia el 622. El investigador Clive Foss propuso que el muro interior podría ser del reinado de Constante II; el exterior se considera algo más tardío. Nadie da una fecha cerrada, y conviene desconfiar de quien lo haga.

Hilera de torreones pentagonales de la muralla exterior vistos en escorzo, alejándose hacia la izquierda. La parte alta de cada torre es ladrillo oscuro y la baja una mezcla desordenada de sillares claros y bloques oscuros de tamaños muy distintos. Al pie, hierba, unos árboles jóvenes y una furgoneta pequeña aparcada.
El recinto exterior en 1993, con las torres separadas unos cuarenta metros. Abajo, la sillería es un mosaico de piezas dispares; arriba, ladrillo.Mark Landon / Wikimedia Commons / CC BY 4.0  · CC BY 4.0

02 Qué hay exactamente en el muro

Cerca de la puerta sur, el tramo mejor documentado del recinto, las piezas empotradas incluyen altares y hermas: pedestales y pilares labrados que en su día estuvieron de pie en la ciudad baja, con sus molduras y sus guirnaldas talladas, y que ahora hacen de sillar como cualquier otro bloque. Algunos están tumbados. Algunos están del revés.

Detalle de un muro de piedra en el que se ve una hilera horizontal de bloques con molduras talladas, y en el centro un altar con una guirnalda y una flor esculpidas, encajado entre sillares lisos. Debajo asoman cuatro piezas labradas con volutas, colocadas de lado.
Detalle del paramento junto a la puerta sur: altares y piezas labradas colocadas de lado y usadas como sillar corriente.Mark Landon / Wikimedia Commons / CC BY 4.0  · CC BY 4.0

La geometría del conjunto también se puede contar en cifras. El recinto interior encierra un espacio de unos 350 por 150 metros, con torres muy juntas. En el recinto exterior las torres se separan unos cuarenta metros. Es una fortificación compacta, pensada para defender una roca, no una ciudad.

03 El sitio: 938 metros y una roca

Ankara está a 938 metros de altitud, en el interior de Anatolia, entre las cuencas de los ríos Kızılırmak y Sakarya. El centro histórico es exactamente lo que dice su descripción: una colina rocosa que se levanta unos 150 metros sobre la orilla izquierda del río de Ankara, que atraviesa la ciudad y desemboca en el Sakarya.

Ese perfil explica el nombre. Ankara viene del griego Ánkyra, que significa «ancla», y pasó al latín como Ancyra y al turco otomano como Engürü. Una ciudad a mil kilómetros del mar más cercano lleva mil años llamándose ancla.

Hoy la ciudad tiene una población urbana de 5.293.367 habitantes y es la segunda de Turquía. Pero lo que ordena el paisaje sigue siendo la misma roca: desde casi cualquier punto de la ciudad baja, si levantas la vista, la ciudadela está ahí.

04 Lo que queda abajo

Justo al pie de la colina hay una pieza que completa la historia: el teatro romano. Durante años apenas se distinguía un desnivel al norte de la calle Hisar Park; hoy se ve el graderío excavado, con la zona del edificio escénico razonablemente clara. No es un monumento espectacular. Es la cantera.

Vista general de un teatro romano excavado en una ladera urbana, con hileras de graderío de piedra medio cubiertas de hierba seca, un muro moderno con balaustrada por encima y bloques de pisos y coches al fondo. Abajo, autobuses aparcados y toldos de mercado.
El teatro romano al pie de la ciudadela, entre bloques de pisos y una parada de autobuses. Piedra de este tipo es la que acabó en el muro de arriba.Dosseman / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

La secuencia es fácil de reconstruir sobre el terreno y difícil de olvidar una vez la ves: teatro abajo, muro arriba, y entre los dos un momento de urgencia en el que alguien decidió que la piedra bien cortada valía más como defensa que como espectáculo.

05 Cómo leer la ciudad desde arriba

Sube al final del día. La luz baja da de lado en el paramento y es entonces cuando las molduras reutilizadas se separan del resto: aparecen como una franja de sombras horizontales donde antes solo había muro. Con luz cenital no se ven.

Vista vertical de un lienzo de muralla: arriba ladrillo, en el centro una superficie de bloques de piedra clara de tamaños desiguales y una franja de cornisas y ménsulas talladas empotradas, y al pie una fila de coches antiguos aparcados y una persona de espaldas, pequeña, fotografiando el muro.
El mismo lienzo visto entero: ladrillo arriba, sillería reutilizada abajo y la franja de piezas labradas cruzándolo de lado a lado.Mark Landon / Wikimedia Commons / CC BY 4.0  · CC BY 4.0

Y no busques un orden. Lo interesante del muro es precisamente que no lo tiene: nadie compuso nada, nadie quiso que una guirnalda quedara centrada. Cada pieza está donde encajaba. Esa arbitrariedad es el documento: te dice a qué velocidad se trabajó y con qué se contaba.

Desde el punto más alto se ve la meseta abriéndose en todas direcciones, y en un día claro las montañas del fondo. Estás sobre un ancla, a 938 metros, mirando una llanura seca. Es la mejor media hora que da la ciudad, y no cuesta nada.

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MR

María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María busca la idea que ordena una ciudad, no su lista de monumentos.

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