01 Tres animales, un nombre
Conviene separarlos, porque en las etiquetas se confunden constantemente. La «lana de angora» es pelo de conejo. El mohair es pelo de cabra. Son fibras distintas, de animales distintos, y solo comparten el nombre del sitio de donde vinieron.
La ciudad exportó durante siglos cantidades notables de pieles de cabra y de gato junto con los productos de lana. El comercio del pelo largo era la actividad que la ponía en los mapas mercantiles europeos mucho antes de que fuera nada más.

02 Qué es exactamente el mohair
La palabra no es turca ni griega: entró al inglés antes de 1570 desde el árabe mujáyyar, «escogido», que designaba un tipo de tejido de pelo. Y lo que designa hoy es una fibra de entre 25 y 45 micrómetros de diámetro, que se ensancha con la edad del animal: cuanto más viejo es el macho cabrío, más gruesa la fibra.
Una sola cabra da entre 5 y 7,5 kilos de mohair al año. Se esquila dos veces, en primavera y en otoño, aunque en Turquía la práctica tradicional es una sola esquila anual, lo que da una fibra más larga. Comparado con la cachemira, el mohair es menos fino pero rinde muchísimo más: la cachemira hay que peinarla, no esquilarla.
El brillo del mohair no es un acabado industrial: es la forma de la fibra, que apenas tiene escamas salientes.

Esa estructura explica sus propiedades: brillo alto, una afinidad excepcional por los tintes —de ahí los colores saturados que se ven en cualquier madeja—, aislamiento térmico, elasticidad natural y resistencia a las arrugas. La lana corriente, con sus escamas prominentes, no hace nada de eso igual de bien.
03 1849: el año que rompió el monopolio
La producción de mohair fue exclusivamente turca hasta mediados del siglo XIX. Hasta 1849, la provincia de Ankara fue la única productora de cabras de Angora del mundo. No he encontrado constancia documental de una prohibición formal de exportar los animales, así que no la afirmo; lo que sí está documentado es el hecho del monopolio.
El desmontaje fue rápido. Sudáfrica recibió animales en 1838; Estados Unidos, en 1849, como regalo turco; Australia, entre 1856 y 1875; Nueva Zelanda algo después, sin fecha clara. En cuatro décadas, un producto que solo existía en una meseta de Anatolia estaba en tres continentes.
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04 Dónde está hoy
La inversión es completa. En 2024, Sudáfrica producía el 56% del mohair mundial, y Lesoto un 16% según datos de 2022. Turquía sigue en la lista de productores, pero muy por detrás.
Las cifras de cabaña cuentan lo mismo. En 1960 Turquía tenía más de seis millones de cabras de Angora. Después la población cayó con fuerza: en 2004, de los 7,2 millones de cabras del país, solo el 5% eran de Angora. En 2003 se puso en marcha un programa de conservación de la raza.

Un apunte de honestidad sobre el origen del animal: la propia bibliografía especializada admite que «el origen de la cabra de Angora se desconoce actualmente». Sabemos que es una raza turca que lleva el nombre de esta ciudad y que la descripción occidental más temprana la firmó Pierre Belon en 1555, señalando un pelo «tan delicado que se juzgaría más fino que la seda». De dónde salió la raza antes de eso, no consta.
Merece la pena tenerlo en la cabeza cuando pases por un mercado de Ankara y veas una manta de tiftik entre las pilas de género corriente. Estás mirando lo que quedó de un monopolio mundial: no un souvenir, sino el residuo de una industria que se llevaron.



