En Australia Occidental hay cristales de cuatro mil cuatrocientos millones de años
En unas lomas a ochocientos kilómetros al norte de Perth se dató un grano de circón de 4.404 millones de años: el material de origen terrestre más antiguo que se conoce. No es casualidad. A este trozo de corteza no le ha pasado casi nada desde el principio.

Casi todos los paisajes que visitamos son jóvenes. Los Alpes tienen decenas de millones de años, una isla volcánica puede tener miles, y hasta los grandes cañones se excavaron hace un suspiro geológico.
Aquí la escala es otra. No estás mirando un paisaje antiguo: estás mirando el suelo más viejo que queda en la superficie del planeta, y buena parte de lo que verás se explica por esa edad.
01 Cuatro mil cuatrocientos cuatro millones

El hallazgo es de una precisión que impresiona: 4.404 millones de años, más o menos ocho. Para hacerse una idea, la Tierra tiene unos 4.540 millones, así que ese cristal se formó cuando el planeta llevaba existiendo poco más de cien millones de años.
Y hay un detalle que lo hace todavía más raro. El circón no está dentro de la roca en la que se formó: es un grano suelto, arrastrado por agua y depositado en un conglomerado mucho más joven, de unos tres mil millones de años. O sea, un guijarro antiquísimo dentro de una roca vieja.
Ese es exactamente el motivo de que haya sobrevivido. El circón es un mineral durísimo y químicamente indestructible: aguanta la erosión, el transporte y el metamorfismo, y encierra dentro el reloj radiactivo que permite fecharlo. La roca madre desapareció hace eones; el cristal, no.
02 Corteza que nadie ha reciclado
La pregunta interesante no es dónde apareció el cristal, sino por qué apareció aquí. Y la respuesta es que el grueso de este estado son dos bloques de corteza extremadamente antiguos, el cratón de Yilgarn y el de Pilbara.
Un cratón es un trozo de corteza continental que se estabilizó hace miles de millones de años y que desde entonces no ha sido plegado, fundido ni tragado por una zona de subducción. Estos dos son tan viejos que ya estaban unidos en el Arcaico, formando parte de uno de los primeros supercontinentes, hace entre tres mil y tres mil doscientos millones de años.
Eso explica el aspecto del sitio mejor que ninguna otra cosa. No hay cordilleras jóvenes, no hay volcanes, no hay valles glaciares: hay una llanura inmensa, desgastada hasta la raíz, con lomas bajas que son lo que queda de montañas antiquísimas. El punto más alto del estado se queda en 1.249 metros.
03 Y la vida, casi igual de antigua

Si la corteza no se ha reciclado, lo que quedó encima tampoco. En 2017 se publicaron indicios de la vida en tierra firme más antigua conocida, en depósitos minerales de hace 3.480 millones de años en el cratón del norte, del tipo de los que se forman alrededor de manantiales calientes y géiseres.
Y la otra mitad de la historia sigue funcionando hoy. En una bahía somera de la costa oeste hay colonias vivas de microorganismos que atrapan sedimento y precipitan carbonato, construyendo montículos capa sobre capa. Son el mismo proceso que dejó las estructuras fósiles más antiguas del registro.
Lo que las mantiene ahí es una rareza local: el agua de esa bahía es mucho más salada que el mar abierto, y esa salinidad extrema mantiene fuera a los animales que en cualquier otro sitio se las comerían. Un accidente geográfico conserva un ecosistema arcaico.
04 Las bandas rojas del hierro

La imagen de portada de este artículo es una formación de hierro bandeado, y es probablemente el registro más bonito que existe de un cambio planetario. Las bandas alternan capas ricas en hierro con capas de sílice, milímetro a milímetro, durante metros y metros de espesor.
Se formaron cuando el hierro disuelto en los océanos primitivos se encontró con el oxígeno que empezaban a producir organismos como los de los montículos de la bahía. El hierro se oxidó, se volvió insoluble y precipitó al fondo, una y otra vez, en ciclos que quedaron escritos como rayas.
Y ahí está la conexión con el presente: esas capas son hoy el mineral de hierro que sostiene buena parte de la economía del estado. Los barrancos rojos del interior y los trenes de mineral más largos del mundo son la misma cosa vista desde dos sitios distintos.
05 Dos millones y medio de kilómetros cuadrados
Conviene poner números a la escala, porque no se intuye. El estado ocupa 2.527.013 kilómetros cuadrados, es el mayor del país y tiene 20.781 kilómetros de costa, de los cuales casi ocho mil corresponden a islas.
En todo eso viven unos 3.008.700 habitantes, lo que da 1,11 personas por kilómetro cuadrado. Y la mayoría está concentrada en el extremo suroeste, así que el resto del territorio tiene una densidad que ronda el vacío.
Esa combinación, un territorio del tamaño de Europa occidental con la población de una ciudad mediana, es hija de lo mismo que el circón. Un cratón antiguo es plano, seco, sin suelos ricos y sin ríos grandes: un sitio extraordinariamente difícil de poblar y extraordinariamente bueno para conservar cosas.
06 Cómo se recorre
La primera regla es asumir las distancias. Entre la capital y las gargantas del interior hay del orden de mil quinientos kilómetros, y entre la capital y el extremo norte, más de dos mil. Esto no se improvisa con un coche pequeño y tres días.
La segunda es elegir un eje y agotarlo, en lugar de intentar verlo todo. El eje de la costa oeste, subiendo de la capital hacia el norte, encadena la bahía de los montículos y el arrecife; el eje del interior lleva a las gargantas de hierro bandeado. Los dos juntos son un mes largo.
Y la tercera es una manera de mirar. Cuando pares en un barranco rojo y veas las rayas en la pared, acuérdate de que cada par de bandas es un ciclo de un océano que todavía no tenía oxígeno. No hay mirador en el mundo con más tiempo dentro del encuadre.




