Destino

Manama vive de lo que hay bajo el agua, y siempre ha sido así.

Primero fue el agua dulce que brota del fondo del mar y que le dio nombre al país. Después, las perlas que crecían justo encima de esos manantiales. Y por último el petróleo. Tres cosas distintas extraídas del mismo sitio, en orden, durante cuatro mil años.

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La fortaleza de piedra clara sobre su montículo, con el foso excavado alrededor y, minúsculos en el horizonte de la derecha, los rascacielos de la ciudad.
La fortaleza de piedra clara sobre su montículo, con el foso excavado alrededor y, minúsculos en el horizonte de la derecha, los rascacielos de la ciudad.Martin Falbisoner·CC BY-SA 4.0

01 El país se llama «dos mares»

El nombre del país viene de dos palabras árabes que significan «dos mares», y lo interesante es a qué se refieren. No a dos masas de agua salada, sino a la coexistencia de dos aguas distintas en el mismo sitio: la del Golfo y la dulce que brota del fondo marino a través de manantiales submarinos.

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Esos manantiales existen de verdad y fueron durante siglos un recurso práctico, no una leyenda. Los pescadores se sumergían y llenaban odres de agua dulce en mitad del mar; de tierra adentro salían conducciones que abastecían a los pueblos. En un archipiélago desértico donde llueven 85 milímetros al año, eso no es una curiosidad: es la razón de que hubiera gente.

02 Doce metros de ciudades apiladas

La prueba física de esa continuidad está en Qal'at al-Bahrain, inscrito en la lista del Patrimonio Mundial en 2005. Lo que se visita no es solo una fortaleza: es un montículo artificial de doce metros de altura formado por siete capas estratificadas, ocupado sin apenas interrupción desde el 2300 a. C. hasta el siglo XVIII.

Restos de muros bajos de piedra caliza excavados sobre arena clara en primer término, y al fondo, tras una franja de palmeras, una hilera de rascacielos de vidrio recortados sobre un cielo blanquecino.
Los cimientos excavados delante y la ciudad actual detrás. Entre lo uno y lo otro hay cuatro mil años y unos pocos kilómetros.Zairon / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

Este fue el puerto y la capital de Dilmun, la civilización que articuló el comercio marítimo entre el valle del Indo y Mesopotamia, y más tarde entre China y el Mediterráneo. Se ha excavado alrededor de una cuarta parte del yacimiento, y ha aparecido de todo: casas, edificios públicos, almacenes comerciales y estructuras defensivas.

La fortaleza de piedra clara que corona el montículo y que aparece en todas las fotos es lo último que se construyó, en el siglo XVI, durante la presencia portuguesa. Es decir: lo que parece el monumento es en realidad la capa más reciente de un edificio de doce metros hecho de ciudades.

Panorámica apaisada del recinto amurallado visto desde el exterior, con torres cilíndricas en las esquinas, muros de sillarejo dorado y el terreno arenoso y pelado extendiéndose hacia el mar.
El recinto entero desde fuera. Debajo de esos muros del siglo XVI hay seis capas más de ocupación.Prof. Mortel / Wikimedia Commons / CC BY 2.0  · CC BY 2.0

03 Lo segundo que salió del agua

La segunda extracción son las perlas, y aquí las dos historias se conectan de una manera que cuesta creer hasta que se explica. Los bancos de ostras estaban justo sobre las zonas donde el agua dulce sube del fondo, y la mezcla de agua dulce y salada en esos bancos es lo que la tradición local relaciona con la calidad y el brillo de estas perlas.

Durante siglos, eso convirtió a este archipiélago en el centro del comercio mundial de perlas naturales. No era una actividad más: era la economía entera, con una temporada anual, una flota, un sistema de crédito y una jerarquía social construidos alrededor de bajar al fondo a coger ostras.

04 Y lo tercero

La tercera extracción llegó en el siglo XX y cambió la escala, no la lógica. El petróleo apareció bajo el mismo suelo y bajo el mismo mar, y en poco tiempo desplazó a las perlas como fuente de ingresos. La ciudad que se ve hoy desde el yacimiento —esa línea de torres en el horizonte— es la consecuencia directa.

Restos de muros de piedra y sillares alineados sobre arena junto a la orilla, con el agua poco profunda y de tono verdoso ocupando el fondo bajo un cielo despejado.
Los restos del puerto antiguo, al pie del yacimiento. Desde aquí salían los barcos que conectaban con Mesopotamia y con el Indo.Dobroš / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

Lo que hace interesante esta secuencia es que las tres extracciones se pueden ver el mismo día y a poca distancia. Los manantiales submarinos, en la costa; los bancos de perlas y los edificios que financiaron, en la isla de al lado; y las torres, en el horizonte de cualquier fotografía que hagas desde el yacimiento.

05 Lo que Manama te deja

Lo que se queda no es un monumento concreto: es una idea de continuidad que corrige lo que uno trae de casa. Se llega pensando que estos son países nuevos, inventados en el siglo XX, y se descubre un montículo con siete capas y cuatro mil trescientos años de ocupación continua a la vista de las grúas.

Y queda una pregunta que la propia isla plantea. Dos de las tres extracciones ya han terminado: los manantiales submarinos han ido desapareciendo y la pesca de perlas dejó de ser una economía hace casi un siglo. La tercera tiene fecha de caducidad como todas. Caminar por ese montículo es ver, muy bien ordenado, lo que pasa después.

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María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María escribe sobre ciudades desde la cultura y la vida cotidiana.

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