Este es probablemente el destino más fácil de resolver de toda la serie, y también el más tajante. Caen 85 milímetros de lluvia al año en once días, hay 3.395 horas de sol y la temperatura media máxima anual es de 31,3 grados. Con esos números no hay matices que buscar: hay una ventana, y fuera de ella el clima decide por ti.

01 El verano no es una opción
Los números del verano conviene leerlos despacio. Julio y agosto tienen 40 grados de máxima media, con once horas de sol al día y cero milímetros de lluvia. Las mínimas de agosto son de 32 grados, es decir, más de lo que muchas ciudades europeas alcanzan como máxima. Y con viento del sur cargado de polvo, el termómetro puede subir a 44 o 45.
02 La humedad es la otra mitad del problema
El calor solo explica la mitad. Este es un archipiélago rodeado de un mar poco profundo y muy caliente, así que al calor se le suma la humedad. Los peores meses no son los de temperatura más alta sino los de peor combinación: agosto y septiembre, con 40 y 38 grados y una humedad del 57 y el 58 por ciento.
Curiosamente, la humedad más alta del año es la de diciembre y enero, con un 69 y un 68 por ciento. Pero con 23 y 21 grados de máxima, esa humedad no molesta: se nota como aire suave. Es la prueba de que aquí no hay que mirar la humedad sola, sino junto a la temperatura.
En agosto la mínima nocturna es de 32 grados: más de lo que muchas capitales europeas alcanzan como máxima.
03 Un mar a 33 grados no refresca
Aquí hay un dato que hay que interiorizar porque desmonta el plan obvio. El mar alcanza 33 grados en agosto y septiembre. Eso no es agua de baño: es agua más caliente que la temperatura corporal en superficie y, en la práctica, meterse no alivia nada. La idea de compensar el calor con la costa no funciona en los meses en que más falta haría.

Donde el mar sí funciona es en la ventana buena. En noviembre está a 27 grados y en diciembre a 24, con el aire a 28 y 23: esa sí es la combinación que se busca. Y en marzo baja a 20, que ya es fresco para bañarse aunque el aire esté a 26.
04 Dentro de la ventana buena
La ventana va de mediados de noviembre a mediados de marzo, y dentro de ella hay diferencias que conviene conocer. Noviembre y marzo son los meses cálidos del grupo, con 28 y 26 grados de máxima: todavía se puede usar el mar en noviembre y ya se camina cómodo en marzo. Son los dos extremos y probablemente los más equilibrados.

Enero y febrero son los frescos, con 21 y 22 grados de máxima y mínimas de 14 y 15. Para quien viene huyendo del invierno europeo, es exactamente lo que busca; para quien esperaba calor de Golfo, puede resultar sorprendente que haga falta una chaqueta al anochecer. Y ojo: enero y febrero concentran, con diciembre y noviembre, los pocos días de lluvia del año.
05 El veredicto
Noviembre si quieres usar el mar: 28 grados de aire y 27 de agua es la mejor combinación del calendario, y es el mes en que la ventana se abre. Marzo si vienes por la ciudad y los yacimientos: 26 grados, humedad al 60 % y ocho horas de sol, con el calor todavía sin llegar.
Y una regla que ahorra un mal viaje: no vengas entre mayo y octubre esperando adaptarte. No es cuestión de madrugar ni de buscar sombra; con mínimas nocturnas de 30 a 32 grados y una humedad del 57 %, el cuerpo no descansa entre un día y el siguiente. Si esas son tus únicas fechas posibles, es mejor cambiar de destino que de horario.
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