Destino

La costa de esta capital es de lava.

Moroni está en una isla del océano Índico y no tiene playas: su litoral es una costa volcánica rocosa, casi sin arena. Treinta kilómetros cuadrados de ciudad a veintinueve metros sobre el mar, al pie de un volcán activo de 2.361. Todo lo que aquí parece tropical llegó después de la roca.

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El frente marítimo del casco antiguo bajo un cielo cargado: un muro de contención de piedra basáltica separa el agua de un paseo, y detrás se aprieta un conjunto de casas de piedra de coral encaladas y ennegrecidas, de dos y tres plantas, con azoteas, antenas parabólicas y palmeras entre ellas; a la izquierda destaca un alminar blanco de arcadas rematado por una cúpula azul claro; al fondo, la ladera boscosa del volcán sube en pendiente suave y se pierde entre nubes bajas.
El frente marítimo del casco antiguo bajo un cielo cargado: un muro de contención de piedra basáltica separa el agua de un paseo, y detrás se aprieta un conjunto de casas de piedra de coral encaladas y ennegrecidas, de dos y tres plantas, con azoteas, antenas parabólicas y palmeras entre ellas; a la izquierda destaca un alminar blanco de arcadas rematado por una cúpula azul claro; al fondo, la ladera boscosa del volcán sube en pendiente suave y se pierde entre nubes bajas.Woodlouse·CC BY-SA 2.0

01 Una isla sin arena

Conviene entender por qué, porque explica la isla entera. Ngazidja —el nombre local de Grande Comore, la mayor de las tres islas principales del país— es geológicamente muy joven. En una isla volcánica joven no ha pasado el tiempo suficiente para que el oleaje muela la lava y la convierta en arena. Lo que hay son coladas que llegaron al mar y se pararon ahí.

Colada de lava llegando al mar vista desde un alto: una lengua ancha de cantos negros y grises baja en abanico desde un terreno de roca oscura cubierta de matorral ralo y forma una punta que se adentra en el agua; el oleaje rompe en blanco a lo largo de todo su borde, y a la derecha el mar pasa del turquesa claro sobre el fondo somero al azul intenso; a la izquierda, un tramo de arena oscura y unas palmeras.
Una colada del Karthala parada en el mar. Ese es el material del que está hecha la costa de la isla.David Stanley / Wikimedia Commons / CC BY 3.0  · CC BY 3.0

02 Al pie del volcán

La ciudad está en la costa occidental de Ngazidja, a veintinueve metros sobre el nivel del mar, sobre unos treinta kilómetros cuadrados. Detrás, sin transición, empieza a subir el Karthala: 2.361 metros, volcán en escudo activo, con más de veinte erupciones registradas desde el siglo XIX y la última en enero de 2007.

Esa proximidad ordena la ciudad. Moroni no puede crecer hacia el interior más allá de cierta cota, porque el interior es una ladera continua que sube hasta la caldera. Crece, por tanto, a lo largo de la costa: hacia el norte, Itsandra, Ntsoudjini, Ouellah, Bahani; hacia el sur, Ikoni, Mvouni, Daoueni, Séléa. Una fila de poblaciones sobre una franja estrecha entre la roca y el agua.

Bahía vista desde la orilla con una palmera inclinada cruzando el encuadre en diagonal: en primer plano, una playa de arena clara en curva y agua somera de tono verdoso; al fondo, una punta baja sobre la que se alinea un pueblo de casas blancas y de colores de dos plantas, con un frente de piedra oscura al borde del agua y palmerales detrás; a la derecha, una decena de piraguas y barcas pequeñas fondeadas en el bajío, y sobre todo ello, un cielo azul con nubes altas y deshilachadas.
Una de las pocas ensenadas con arena, al norte de la ciudad. Fíjate en el frente de piedra oscura: eso es el borde habitual.TheLizardQueen / Wikimedia Commons / CC BY 2.0  · CC BY 2.0

03 De seis mil a ciento once mil

El nombre significa «en el río» —mroni en shingazidja— y describe un origen modesto. Durante siglos Moroni fue una de las muchas poblaciones grandes de la isla, ni siquiera la principal: compartía el peso económico del reino de Bambao con la vecina Ikoni. Su prosperidad como puerto del Índico está fechada al menos desde mediados del segundo milenio.

El salto es reciente y se puede fechar con precisión. En 1958 la ciudad tenía 6.545 habitantes. Ese mismo año se decidió trasladar aquí la capital del archipiélago, y a partir de entonces creció hasta convertirse en la mayor del país. En 2016 se le estimaban 111.326 habitantes: diecisiete veces la cifra de 1958.

Ese crecimiento tuvo que resolverse sobre treinta kilómetros cuadrados de terreno volcánico, con el mar delante y la ladera detrás. No hay mucho margen, y se nota: el casco antiguo es un laberinto compacto de callejones estrechos, y lo nuevo se ha ido apilando alrededor sin apenas espacio libre.

Callejón muy estrecho del casco antiguo, de poco más de un metro de ancho: a la derecha, un muro de piedra de coral en bruto, gris y muy erosionado, cubierto de musgo verde, con una ventana pequeña de contraventana de madera y una losa saliente encima a modo de alero; a la izquierda, una fachada revocada y pintada de gris con una puerta de madera de dos hojas con paneles tallados y una ventana con reja de forja; el suelo es de baldosa gris con relieve y el callejón sigue en penumbra hacia el fondo.
Un callejón de la medina. La estrechez no es pintoresquismo: es lo que cabía entre la roca y el agua.Radosław Botev / Wikimedia Commons / CC BY 3.0 PL  · CC BY 3.0 PL

04 Cómo se recorre

La ciudad se camina entera, y hay que hacerlo despacio. El casco antiguo, la medina, es un laberinto de callejones y edificios antiguos que se recorre sin plano, porque el plano no sirve. Dentro hay construcciones fechadas: la más antigua de sus mezquitas se levantó en 1427, y su alminar se añadió en 1921. Es el testimonio material de cuándo esta ciudad era rica.

La segunda cosa que hay que hacer es salir de la ciudad por la carretera de la costa —la Route Nationale 1 pasa por aquí— y ver cómo se suceden las poblaciones sobre la misma franja estrecha. Es la mejor manera de entender que Moroni no es una ciudad con periferia, sino un tramo más denso de un rosario continuo.

Pequeña cala vista desde un alto: el fondo de la ensenada está cubierto por completo de cantos y bloques de lava negra, sin arena, y una lengua de agua entra entre dos brazos de roca oscura; a la izquierda, un promontorio cubierto de cocoteros altos, pandanos y vegetación densa, con el tejado de una casa asomando entre las palmas; a la derecha, más roca negra y matorral; al fondo, el mar en gris azulado hasta el horizonte, bajo un cielo cargado de nubes.
El litoral fuera del casco: una cala entera de bloques de lava, sin un metro de arena, con los cocoteros creciendo encima de la roca.Radosław Botev / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

Y una advertencia final, que es la misma con la que empieza este artículo. Si vienes buscando el Índico de las postales, vas a tenerlo que ir a buscar. Lo que Moroni ofrece es otra cosa: una ciudad de piedra oscura sobre una isla joven, con un volcán activo detrás y un casco antiguo que lleva seis siglos en el mismo sitio.

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María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María busca en cada ciudad la decisión que explica su forma.

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