La costa de esta capital es de lava.
Moroni está en una isla del océano Índico y no tiene playas: su litoral es una costa volcánica rocosa, casi sin arena. Treinta kilómetros cuadrados de ciudad a veintinueve metros sobre el mar, al pie de un volcán activo de 2.361. Todo lo que aquí parece tropical llegó después de la roca.
.jpg?width=1600)
01 Una isla sin arena
Conviene entender por qué, porque explica la isla entera. Ngazidja —el nombre local de Grande Comore, la mayor de las tres islas principales del país— es geológicamente muy joven. En una isla volcánica joven no ha pasado el tiempo suficiente para que el oleaje muela la lava y la convierta en arena. Lo que hay son coladas que llegaron al mar y se pararon ahí.

02 Al pie del volcán
La ciudad está en la costa occidental de Ngazidja, a veintinueve metros sobre el nivel del mar, sobre unos treinta kilómetros cuadrados. Detrás, sin transición, empieza a subir el Karthala: 2.361 metros, volcán en escudo activo, con más de veinte erupciones registradas desde el siglo XIX y la última en enero de 2007.
Esa proximidad ordena la ciudad. Moroni no puede crecer hacia el interior más allá de cierta cota, porque el interior es una ladera continua que sube hasta la caldera. Crece, por tanto, a lo largo de la costa: hacia el norte, Itsandra, Ntsoudjini, Ouellah, Bahani; hacia el sur, Ikoni, Mvouni, Daoueni, Séléa. Una fila de poblaciones sobre una franja estrecha entre la roca y el agua.

03 De seis mil a ciento once mil
El nombre significa «en el río» —mroni en shingazidja— y describe un origen modesto. Durante siglos Moroni fue una de las muchas poblaciones grandes de la isla, ni siquiera la principal: compartía el peso económico del reino de Bambao con la vecina Ikoni. Su prosperidad como puerto del Índico está fechada al menos desde mediados del segundo milenio.
El salto es reciente y se puede fechar con precisión. En 1958 la ciudad tenía 6.545 habitantes. Ese mismo año se decidió trasladar aquí la capital del archipiélago, y a partir de entonces creció hasta convertirse en la mayor del país. En 2016 se le estimaban 111.326 habitantes: diecisiete veces la cifra de 1958.
Ese crecimiento tuvo que resolverse sobre treinta kilómetros cuadrados de terreno volcánico, con el mar delante y la ladera detrás. No hay mucho margen, y se nota: el casco antiguo es un laberinto compacto de callejones estrechos, y lo nuevo se ha ido apilando alrededor sin apenas espacio libre.

04 Cómo se recorre
La ciudad se camina entera, y hay que hacerlo despacio. El casco antiguo, la medina, es un laberinto de callejones y edificios antiguos que se recorre sin plano, porque el plano no sirve. Dentro hay construcciones fechadas: la más antigua de sus mezquitas se levantó en 1427, y su alminar se añadió en 1921. Es el testimonio material de cuándo esta ciudad era rica.
La segunda cosa que hay que hacer es salir de la ciudad por la carretera de la costa —la Route Nationale 1 pasa por aquí— y ver cómo se suceden las poblaciones sobre la misma franja estrecha. Es la mejor manera de entender que Moroni no es una ciudad con periferia, sino un tramo más denso de un rosario continuo.

Y una advertencia final, que es la misma con la que empieza este artículo. Si vienes buscando el Índico de las postales, vas a tenerlo que ir a buscar. Lo que Moroni ofrece es otra cosa: una ciudad de piedra oscura sobre una isla joven, con un volcán activo detrás y un casco antiguo que lleva seis siglos en el mismo sitio.





