Nicosia echó su río fuera de la ciudad para poder construir la muralla.
Entre 1567 y 1570, los venecianos rehicieron la ciudad entera: derribaron la muralla medieval, tiraron casas, iglesias y palacios, desviaron el río Pedieos fuera del recinto y levantaron un círculo de cinco kilómetros con once baluartes pentagonales y tres puertas. La obra se terminó en 1570 y la ciudad cayó ese mismo año.

01 Tres años para rehacer una ciudad
Las fechas son cortas y por eso impresionan. Las obras empezaron en 1567 y terminaron en 1570. En esos tres años, los ingenieros militares venecianos —el proyecto lo firmó Giulio Savorgnan— demolieron las fortificaciones medievales que rodeaban la ciudad y también derribaron casas, iglesias y palacios que quedaban dentro del nuevo trazado.
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El motivo era técnico y bastante frío. La muralla medieval era demasiado grande para defenderla con los efectivos disponibles y estaba concebida para una guerra anterior a la artillería. La respuesta del siglo XVI fue reducir el perímetro, hacerlo compacto y darle una geometría que permitiera batir con fuego cruzado cualquier punto del exterior.

02 El río estorbaba
Y aquí está la decisión que resume el proyecto entero. El Pedieos, el río más largo de la isla, atravesaba la ciudad. Un río que cruza un recinto fortificado es un problema doble: obliga a dejar aberturas en el muro por donde entra y sale el agua, y en las crecidas inunda lo que hay dentro.
La solución fue sacarlo. En 1567 el cauce se desvió fuera del nuevo recinto, con dos objetivos declarados: proteger a los habitantes de las inundaciones y llevar el agua al foso que rodeaba la muralla. Es decir, el río dejó de atravesar la ciudad y pasó a rodearla, convertido en parte del sistema defensivo.
03 Once baluartes y tres puertas

El resultado es un circuito de unos cinco kilómetros con once baluartes pentagonales, todos iguales, repartidos a intervalos regulares. Cada uno lleva el nombre de una familia veneciana: Caraffa, Podocattaro, Constanza, D'Avila, Tripoli, Roccas, Mula, Quirini, Barbaro, Loredan y Flatro. Y solo hay tres puertas para entrar y salir.
Esa cifra es la clave de todo. Once puntos de fuego cruzado y tres accesos significa que cada metro de muro está cubierto desde dos baluartes a la vez y que solo hay tres lugares donde el enemigo puede concentrarse. Es un diseño de manual de fortificación abaluartada italiana, aplicado sin concesiones al terreno ni a la ciudad preexistente.
04 Y entonces cayó
La obra se terminó en 1570. Ese mismo año, la ciudad fue sitiada y tomada. Es decir, la muralla mejor calculada de su tiempo, por la que se sacrificó medio casco urbano y se movió un río, tuvo una vida útil de meses.

Merece la pena pararse en esa ironía, porque explica lo que hoy se ve. La muralla no llegó a desgastarse cumpliendo su función: se usó una vez y se quedó ahí. Por eso está tan completa, con los once baluartes reconocibles y el trazado íntegro, cuando en tantas ciudades europeas los recintos equivalentes se demolieron en el siglo XIX para hacer sitio.
05 Lo que Nicosia te deja
Es una capital pequeña: unos 112.000 habitantes en el municipio según el recuento de 2021, 256.000 en el conjunto urbano, sobre 20 kilómetros cuadrados, y a 220 metros de altitud en mitad de una llanura. Se recorre a pie y el círculo de la muralla sigue siendo la referencia con la que uno se orienta todo el tiempo.
Lo que deja es una lección sobre el precio de las decisiones grandes. Aquí se puede ver, sobre el terreno y a escala real, qué significa rediseñar una ciudad desde cero por un criterio único: se ve lo que se ganó en geometría y se intuye lo que se perdió en tejido. Y se ve, además, que no sirvió. Pocos sitios plantean esa pregunta con tanta claridad.
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