Destino

Paramaribo mira al río y no al continente.

Quince kilómetros río arriba, con una fachada de edificios blancos de madera dando al agua y patrimonio mundial desde 2002. La capital de Surinam se construyó de cara al Atlántico y de espaldas a la tierra que la rodea.

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El frente fluvial de Paramaribo visto desde el río Surinam.
El frente fluvial de Paramaribo visto desde el río Surinam.Mark Ahsmann·CC BY-SA 3.0

01 Quince kilómetros río arriba

La ciudad ocupa la orilla izquierda del río Surinam, a unos quince kilómetros de su desembocadura en el Atlántico. Esa distancia no es casual: lo bastante lejos del mar para estar protegida, lo bastante cerca para que los barcos suban sin dificultad.

El frente fluvial, el Waterkant, es literalmente la fachada de la ciudad: una hilera continua de edificios blancos de madera dando al agua marrón. Es lo primero que se veía al llegar y sigue siendo la mejor manera de entenderla.

Detrás de esa fachada, el trazado es de cuadrícula corta, con calles anchas y arbolado, y una escala baja: casi nada supera las dos plantas y un tejado a dos aguas.

Hilera de edificios blancos de madera con tejados rojos junto a un río ancho de aguas marrones, vistos desde el agua.
El Waterkant desde el río: la fachada por la que la ciudad se presentaba al mundo.Mark Ahsmann / CC BY-SA 3.0  · CC BY-SA 3.0

02 Un fuerte que cambió de manos

El origen es militar. En 1650 unos colonos ingleses levantaron aquí un fuerte, y tras el cambio de manos de 1667 pasó a llamarse Zeelandia. Sigue en pie, de ladrillo rojo, en el punto donde el río hace una curva.

Alrededor del fuerte creció todo lo demás: primero los almacenes y el embarcadero, después las casas de los comerciantes y, en un radio de pocas manzanas, la ciudad entera que hoy se visita.

Ese casco antiguo, unas treinta hectáreas, está inscrito como patrimonio mundial desde 2002. Lo que se protege no es un monumento suelto sino la combinación: un plano europeo ejecutado con materiales y técnicas locales.

Vista aérea de un fuerte de ladrillo rojo con patio interior cuadrado y tejados de teja, junto a la orilla de un río.
El fuerte junto al río: el punto desde el que se organizó todo lo demás.Junie609 / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

03 Plano europeo, materiales de aquí

La arquitectura del centro sigue una fórmula bastante estricta: base de ladrillo, cuerpo de madera pintada de blanco, ventanas altas de guillotina, persianas de lamas y tejado inclinado con buhardillas.

La proporción y las ventanas vienen de los Países Bajos; la madera, la ventilación cruzada y las galerías vienen del clima de aquí. El resultado no se parece a ninguna de las dos cosas por separado.

Conviene mirar el estado de conservación sin idealizarlo: hay casas restauradas y casas al límite, con la pintura levantada y la estructura torcida. Esa mezcla forma parte de cómo se ve la ciudad hoy.

Fila de casas de madera de dos plantas con persianas y tejados a dos aguas junto a una calle ancha con coches aparcados.
Calle del casco antiguo: la misma fórmula constructiva repetida manzana tras manzana.Mark Ahsmann / CC BY-SA 3.0  · CC BY-SA 3.0

04 Media población del país

Paramaribo ronda los 250.000 habitantes, cerca de la mitad de la población nacional. Es una capital pequeña en cifras absolutas y enorme en peso relativo: fuera de ella, el país se vacía muy rápido.

Su composición es una de las más variadas del continente, con comunidades de origen africano, indio, javanés, chino, europeo e indígena conviviendo en el mismo casco urbano. Eso se nota en los apellidos, en los mercados y sobre todo en la comida.

El idioma oficial es el neerlandés, algo único en Sudamérica, pero en la calle circula además una lengua franca propia. Es probablemente lo que más desconcierta a quien llega desde un país vecino.

Avenida de palmeras muy altas y delgadas alineadas sobre césped, con el cielo azul entre las copas.
El jardín de palmeras del centro: la sombra que organiza las tardes de la ciudad.-JvL- from Netherlands / CC BY 2.0  · CC BY 2.0

05 Cómo se recorre

El casco antiguo se camina en medio día: del fuerte al Waterkant, de ahí a la plaza y a las calles de casas de madera, y termina en el jardín de palmeras. Todo está dentro de un rectángulo de pocas manzanas.

Para salir, casi todo pasa por el río o por el aire. Los ríos que marcan los límites del país se cruzan en ferry, no por puente, y el interior se alcanza por vía fluvial o en avioneta. Esa es la parte que más sorprende de su geografía.

Paramaribo se entiende cuando dejas de buscar una ciudad sudamericana y la lees como lo que fue: un puerto de ultramar plantado en la selva, con la puerta abierta hacia el mar y cerrada hacia tierra.

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MR

María Reyes

Editora de Destinations · Flowtravel

María Reyes busca la lógica física de cada ciudad: por qué está donde está y por qué tiene la forma que tiene.

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