Destino

El desierto más poblado del mundo está en Rajastán, y existe porque la cordillera está mal orientada

El desierto del Thar ocupa 264.091 kilómetros cuadrados y tiene 83 habitantes por kilómetro cuadrado: ningún otro desierto del mundo está tan poblado. Y no debería existir, porque el monzón pasa por encima. Que pase de largo se debe a que la cordillera de los Aravalli está tendida en la misma dirección que el viento, y por tanto no lo obliga a subir.

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Duna móvil del Thar, con la arena rizada por el viento y sin una sola planta encima. Este tipo de duna cubre solo una parte del desierto.
Duna móvil del Thar, con la arena rizada por el viento y sin una sola planta encima. Este tipo de duna cubre solo una parte del desierto.Vyacheslav Argenberg·CC BY 4.0

Hay una cifra del desierto del Thar que descoloca a cualquiera que la lea por primera vez: 83 habitantes por kilómetro cuadrado. Es más densidad de población que la de Suecia, la de Chile o la de buena parte del interior de España. Y estamos hablando de un desierto: el más poblado del mundo.

La segunda cosa que descoloca es que este desierto, en rigor, no debería estar aquí. Está a menos de cuatrocientos kilómetros del mar Arábigo y justo en la trayectoria del monzón. La explicación de por qué el agua pasa de largo cabe en una palabra: el ángulo.

01 Un desierto con 83 habitantes por kilómetro cuadrado

El Thar ocupa 264.091 kilómetros cuadrados, de los cuales unos dos tercios están en la India y el resto en Pakistán. La mayor parte de la porción india cae dentro de Rajastán, y ocupa toda su mitad noroccidental. La lluvia media anual va de 100 a 300 milímetros y cae en un monzón corto, de julio a septiembre.

Cordón de dunas de arena clara con la superficie rizada y huellas dispersas, y en la línea del horizonte unas siluetas muy pequeñas de animales y personas.
Dunas del Thar a media tarde. Las siluetas del horizonte dan la escala: el desierto está habitado y transitado, no vacío.Last Emperor / CC BY-SA 3.0  · CC BY-SA 3.0

Conviene deshacer aquí una imagen falsa. El Thar no es un mar de dunas continuo como el Sahara central. Las dunas móviles ocupan una fracción; el resto es llanura de arena compactada, matorral espinoso y pastizal seco, con pozos, pueblos y campos de cultivo repartidos por todas partes.

Terreno arenoso llano cubierto de matas verdes y arbustos bajos separados entre sí, con más vegetación dispersa hasta el horizonte bajo un cielo blanquecino.
La cara habitual del Thar: arena compactada con matorral espinoso, no dunas desnudas. En esta superficie es donde se cultiva y se pastorea.Ji-Elle / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

Esa es la clave de la densidad. Un desierto de arena pura no sostiene a nadie; un desierto de matorral con lluvia escasa pero previsible, y con una tradición larguísima de recogida de agua, sostiene a mucha gente en el límite. La cifra de 83 habitantes por kilómetro cuadrado no describe abundancia: describe una organización muy afinada de la escasez.

02 Ochocientos cincuenta kilómetros de cordillera

Cruzando el estado hay una cordillera larga y vieja: los Aravalli. Recorre más de 850 kilómetros de suroeste a nordeste, casi de un extremo del estado al otro, y su punto más alto, el Guru Shikhar, se queda en 1.722 metros. Es un relieve muy erosionado, de lomas oscuras y crestas romas, sin nada del aspecto dramático de una cordillera joven.

Sucesión de lomas y cerros oscuros de perfiles redondeados que se pierden en capas hacia el horizonte entre una bruma gris azulada, con matorral en primer plano.
Los Aravalli en el sur del estado. Son montañas antiguas y desgastadas: la altura media queda muy por debajo de los mil metros.TeshTesh / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

En cualquier otro sitio del mundo, una barrera de ochocientos cincuenta kilómetros situada entre un océano y una llanura produciría lluvia en abundancia por un lado. Es lo que hacen los Ghats occidentales, ochocientos kilómetros más al sur, que interceptan el mismo monzón y descargan miles de milímetros sobre su ladera de barlovento.

Los Aravalli no hacen eso. Y el motivo no tiene que ver con su altura, aunque sean bajos. Tiene que ver con cómo están puestos.

03 El problema es el ángulo

El monzón del suroeste, en su rama del mar Arábigo, avanza desde el suroeste hacia el nordeste. Los Aravalli están tendidos exactamente en esa misma dirección: del suroeste al nordeste. Es decir, la cordillera no se cruza en el camino del viento; corre en paralelo a él.

Para que una montaña provoque lluvia tiene que obligar al aire húmedo a subir: al ascender se enfría, el vapor condensa y descarga. Si el aire viaja a lo largo de la cordillera en vez de contra ella, nunca se ve forzado a ascender. Pasa rozando la línea de crestas y sigue su camino sin soltar nada.

A eso se le suma un segundo factor. Esa misma rama del monzón ya se ha dejado la mayor parte de su humedad en los Ghats occidentales antes de llegar hasta aquí, así que el aire que alcanza el noroeste de Rajastán llega además reseco. Y la rama que viene del este, la del golfo de Bengala, llega exhausta tras cruzar toda la llanura del norte, y lo poco que le queda sí topa con los Aravalli, que esta vez sí actúan de tope.

El resultado es un desierto en un sitio donde la geografía prometía otra cosa. Menos de 400 milímetros anuales en todo el noroeste del estado, y entre 100 y 300 en el corazón del Thar.

04 Tres quintas partes a un lado, dos al otro

La cordillera parte el estado en dos mitades que no se parecen. Tres quintas partes de Rajastán quedan al noroeste de los Aravalli: es la parte árida, la del Thar. Las dos quintas partes restantes, al este y al sur, están más altas —entre 100 y 350 metros—, reciben bastante más agua y son netamente más fértiles.

Valle visto desde una altura con parcelas de cultivo de un verde intenso, casas blancas dispersas entre los campos y cerros pardos y pelados cerrando el fondo.
Valle cultivado entre los Aravalli. Al este y al sur de la cordillera el agua alcanza para campos verdes; al otro lado, a pocos kilómetros, empieza el Thar.TeshTesh / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

Esa división explica el reparto de las ciudades. Las que casi todo el mundo visita —Jaipur, Udaipur— están sobre la cordillera o en su ladera oriental, donde hay agua y suelo. Las del desierto —Jaisalmer, Bikaner— nacieron como plazas de paso en las rutas de caravanas, no como capitales agrícolas: vivían de lo que cruzaba, no de lo que producían.

05 Cómo se vive con doscientos cincuenta milímetros

La respuesta a la pregunta de cómo se sostiene tanta gente con tan poca lluvia está en la arquitectura, y es visible por todas partes. Cuando el agua solo llega tres meses al año y luego el nivel freático baja durante nueve, hay que resolver dos cosas: almacenarla y poder alcanzarla mientras desciende.

Vista aérea de un gran conjunto amurallado de piedra dorada sobre una loma verde, con una muralla que trepa por la cresta y un lago alargado y oscuro a sus pies.
Un fuerte de los Aravalli sobre su lago. La posición no es estética: donde había una hondonada capaz de retener agua, se construía encima.APS Kondhera / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

De ahí salen los grandes depósitos al pie de los fuertes, los lagos artificiales de las ciudades del sur y, sobre todo, los pozos escalonados: estructuras excavadas en el suelo con tramos de peldaños que bajan decenas de metros para que se pueda seguir llegando al agua cuando el nivel cae. Es una tecnología entera nacida de una sola cifra pluviométrica.

Y explica también la ubicación de los asentamientos. En un territorio así, un pueblo no se pone donde hay buena vista: se pone donde hay una depresión que retiene agua después del monzón, o donde el freático está lo bastante alto para alcanzarlo cavando.

06 Lo que esto cambia para quien viaja

La primera consecuencia es que no existe un solo Rajastán. El del este y el sur es verde buena parte del año, con lagos, colinas y cultivo; el del noroeste es árido y de horizontes largos. Entre Udaipur y Jaisalmer hay unos seiscientos kilómetros y dos paisajes que no se parecen en nada.

La segunda es que el desierto no es el vacío que se anuncia. Se cruzan pueblos continuamente, hay campos labrados entre las dunas y tráfico en las carreteras. Quien venga buscando soledad absoluta va a encontrar otra cosa: un territorio seco y densamente habitado, que es mucho más raro y más interesante.

Y la tercera es que conviene mirar el agua. En este estado, casi todo lo que impresiona —los fuertes en alto, los lagos con palacio en medio, los pozos que bajan trece pisos— es una respuesta técnica a la misma pregunta. Entendida así, la arquitectura de Rajastán deja de ser un catálogo de monumentos y pasa a ser un sistema.

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María Reyes

Editora de Destinations · Flowtravel

María Reyes busca la lógica física de cada lugar: por qué está donde está y por qué tiene la forma que tiene.

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