Riga parece un solo edificio enorme porque se construyó casi toda a la vez.
Entre 1904 y 1914 Riga levantó de 300 a 500 edificios nuevos al año, casi todos en el estilo que estaba de moda justo en ese momento. Por eso alrededor de un tercio de los edificios del centro son modernistas: la mayor concentración del mundo. No es una cuestión de gusto. Es una cuestión de fecha.

01 Una ciudad con una sola fecha
El efecto desorienta de una manera que cuesta nombrar. Caminas por una calle del centro y todas las fachadas son elaboradas —máscaras, guirnaldas, rostros de mujer a cuatro plantas de altura, pavos reales, paneles cerámicos, balcones de hierro forjado— y sin embargo nada parece un monumento. No hay un edificio que fotografiar, porque el edificio es la calle. Riga no tiene hitos modernistas: Riga tiene el modernismo como condición de fondo.
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02 El puerto que se triplicó
El dinero venía del mar. Riga era uno de los grandes puertos del Imperio ruso y, en las décadas anteriores a la Primera Guerra Mundial, creció a un ritmo difícil de imaginar hoy: la población subió un 88 % entre 1897 y 1913 hasta alcanzar los 530.000 habitantes, lo que la convirtió en la quinta ciudad del imperio. Salían madera, lino y grano; entraban industria y trabajadores.

Una ciudad que suma un cuarto de millón de personas en quince años tiene que alojarlas, y tiene que hacerlo en edificios de viviendas, deprisa y en alquiler. Ese es el punto decisivo del modernismo de Riga y el que casi todo visitante pasa por alto: esto no es un barrio de palacetes para ricos. Es vivienda especulativa de alquiler, construida para dar beneficio y decorada para atraer inquilinos. La extravagancia de las fachadas es una técnica de venta.
03 Primero cayó la muralla
También había sitio para hacerlo, que es la otra mitad de la explicación. Las fortificaciones medievales de Riga se demolieron entre 1857 y 1863, y el cinturón que dejaron —un anillo verde con un canal por dentro— separó la ciudad vieja de todo lo que vino después. Más allá de ese anillo, la ciudad nueva se trazó sobre una retícula estricta y con alturas reguladas.
Esa regulación es la razón de que las calles se lean como objetos únicos. Todas las manzanas llegan a la misma altura, así que la línea de cornisa es continua durante cientos de metros; los anchos de parcela son parecidos, así que el ritmo de ventanas se repite; y el ornamento, la única variable libre, se desmadra dentro de un marco disciplinadísimo. Es el sistema contrario al de un casco antiguo pintoresco, y es mucho más raro: un barrio entero diseñado como una sola pieza y decorado después como si fueran miles.

04 Cuatro maneras de hacer lo mismo
Una vez que tienes la fecha, lo siguiente útil es aprender a distinguir los cuatro tipos, porque no defienden lo mismo y están todos en la misma calle. El primero es la versión decorativa y ecléctica: máscaras, figuras mitológicas, composiciones simétricas tomadas prestadas de la historia. Mijaíl Eisenstein es el nombre asociado a las más exuberantes, y Alberta iela es donde se concentran.
El segundo es el que suele llamarse perpendicular, y supone alrededor de un tercio del total: miradores verticales que recorren toda la altura de la fachada, mucho menos ornamento y un aire racional que ya apunta a los años veinte. El tercero es el romanticismo nacional, entre un cuarto y un tercio de los edificios: cubiertas más inclinadas, materiales naturales más pesados y motivos tomados del arte popular, asociado a arquitectos como Konstantīns Pēkšēns y Eižens Laube. El cuarto y más escaso es el neoclásico, y son sobre todo bancos: monumentales, sobrios, de aspecto caro.
Hay un dato que conviene llevar encima mientras miras todo esto: los arquitectos letones firmaron casi el 40 % de los edificios levantados en la ciudad a principios del siglo XX, en un momento en que los letones eran minoría en su propia capital. Solo Pēkšēns es responsable de una parte enorme del centro, y el piso donde vivió, en Alberta iela, es desde 2009 el Museo del Art Nouveau de Riga: el único sitio donde se ve un interior completo de la época en lugar de una fachada.
05 La ciudad que había antes
La otra mitad de lo que la UNESCO reconoció en 1997 al inscribir el centro histórico es la parte que casi nadie fotografía: la arquitectura de madera del siglo XIX. Antes del auge, esta era una ciudad construida en buena medida con madera, en edificios bajos con revestimiento de tablas, contraventanas y detalles tallados, y una cantidad sorprendente sigue en pie en los barrios justo al otro lado del centro.

Ver las dos cosas juntas es lo que hace que la historia se entienda. Una casa de madera de 1813 y un edificio de viviendas de 1910 están separados por un siglo, pero en Riga los separa además un cambio de escala tan violento que el segundo podría tragarse veinte de las primeras. La ciudad de piedra no salió de la de madera: se dejó caer encima.
06 Cómo se camina
El consejo práctico es dejar de tratar el centro como una lista. Alberta iela es la calle famosa y merece esos veinte minutos, pero da una idea distorsionada de la ciudad, porque es la versión más teatral de uno de los cuatro estilos. Camina Elizabetes iela y Strēlnieku iela para ver el mismo periodo a un volumen más tranquilo; y después elige al azar cualquier calle residencial del barrio y fíjate en que allí sigue ocurriendo lo mismo, pero sin público.
Y mira hacia arriba más de lo que mirarías en otro sitio. Todo el argumento está por encima de la planta baja: los comercios cambian cada década, las yeserías no. Riga es una ciudad donde ciento diez años de vida corriente han transcurrido bajo un mismo techo decorado y continuo, levantado con prisa, por promotores, en la última década antes de que todo cambiara.
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