Tres de cada cuatro habitantes viven en vivienda pública.
El horizonte que sale en las fotos —las torres del centro, los hoteles de la bahía— es donde vive una minoría. La ciudad real son 1,15 millones de pisos construidos por una agencia estatal desde 1960, en los que reside el 76% de la población. Casi todos son de propiedad, no de alquiler. Entender eso es entender cómo se ve Singapur desde dentro.

01 El 76%, y por qué esa cifra sorprende
El organismo se llama Housing and Development Board, HDB por sus siglas, y se creó el 1 de febrero de 1960. Desde entonces ha construido 1.277.918 viviendas. El objetivo declarado a largo plazo son 1.650.000.
Conviene desmentir una cifra que circula mucho: se lee a menudo que el 80% o incluso el 82% de los singapurenses vive en vivienda pública. Son datos antiguos. La cifra actual es el 76%, y lleva años bajando ligeramente. Sigue siendo, con enorme diferencia, la proporción más alta del mundo.
02 Un incendio en 1961 lo aceleró todo
El punto de partida no era prometedor. El organismo anterior, el Singapore Improvement Trust, había construido unas 23.000 viviendas en treinta y dos años de existencia, entre 1927 y 1960. En 1960, solo el 9% de la población vivía en ellas, y más de 250.000 personas se hacinaban en el centro en infraviviendas y asentamientos informales; se documentaron casos de once hogares —unas ochenta y tres personas— compartiendo una sola casa comercial.
El 25 de mayo de 1961, un incendio arrasó el asentamiento de Bukit Ho Swee. Ardió desde media tarde hasta la noche, destruyó más de 2.800 viviendas y chabolas, causó cuatro muertos y cincuenta y cuatro heridos, y dejó sin casa a unas 16.000 personas de golpe.
La respuesta fue el ritmo. El primer plan quinquenal del HDB, de 1960 a 1965, entregó 54.430 unidades: más del doble de lo que su predecesor había levantado en tres décadas. Y el ritmo siguió subiendo: 113.819 unidades entre 1971 y 1975, y 200.377 entre 1981 y 1985, el récord absoluto. A la mayoría de los damnificados del incendio se les realojó en cosa de un año.
03 Comprar, no alquilar, durante 99 años
Aquí está la diferencia estructural con la vivienda social de casi cualquier otro país. Los pisos del HDB no se alquilan mayoritariamente: se venden. La tasa nacional de propiedad de la vivienda ronda el 91%, es decir, alrededor de nueve de cada diez hogares son propietarios de la casa en la que viven.
La propiedad, eso sí, tiene una forma particular: se compra un arrendamiento de 99 años contados desde la construcción del edificio. Al expirar, el piso y el suelo revierten al Estado. Es un modelo que funciona bien mientras el parque es joven y que plantea preguntas incómodas a medida que los bloques más antiguos se acercan al final de su plazo; existen programas de recompra y de renovación, pero solo se ha seleccionado para redesarrollo menos del 5% de los bloques.

Desde 1989 existe además una norma de planificación que reparte cupos por origen étnico en cada bloque y cada barrio, con el fin declarado de evitar que se formen enclaves separados. Los porcentajes se actualizan cada mes y se aplican a la reventa de pisos. Es una pieza central de cómo se distribuye la población por el territorio, y explica por qué los barrios de Singapur se parecen tanto entre sí en composición.
04 Qué hay debajo de cada bloque
El elemento más característico de esta arquitectura no es una torre: es un vacío. Casi todos los bloques dejan la planta baja abierta, sin cerramientos, solo con pilares. Se llama void deck, y es deliberado: ahí se celebran bodas y funerales, se instalan guarderías, rincones para mayores, salas de estudio, quioscos y actos vecinales. Es el espacio social del edificio, y funciona precisamente porque no se le asignó un uso fijo.

Alrededor, la planificación funciona por escalas: el recinto tiene mercado, cafetería y parque infantil; el barrio suma colegios, centro cívico y zona verde; la ciudad completa añade centro comercial, policlínica, biblioteca, polideportivo y estación de metro. Acumuladas, las cifras oficiales cuentan 18.484 locales comerciales y de restauración construidos por el propio organismo.
05 Dónde verlo sin salir del itinerario
No hace falta desviarse mucho. Tiong Bahru, a un paso del centro, conserva veinte bloques de vivienda pública de antes de la guerra, construidos entre 1937 y 1941 en estilo streamline moderne —esquinas curvas, ventanas de ojo de buey, bandas horizontales— y protegidos oficialmente desde el 1 de diciembre de 2003. Es el ejemplo más elegante y el más fácil de visitar.

En el extremo opuesto está el Pinnacle@Duxton, terminado el 13 de diciembre de 2009: siete torres de cincuenta plantas y 156 metros, 1.848 viviendas y dos jardines aéreos continuos de quinientos metros cada uno, en los pisos 26 y 50. El del piso 50 se puede visitar. Que un edificio con esas credenciales de diseño sea vivienda pública ordinaria resume bastante bien el planteamiento del país.
Y conviene saber que este paisaje también desaparece. El Rochor Centre, cuatro bloques pintados de amarillo, azul, verde y rojo construidos en 1977, fue durante décadas una de las postales más fotografiadas de la ciudad; se demolió entre junio de 2018 y abril de 2019 para hacer sitio a una autopista. Si algo te llama la atención en un barrio residencial, fotografíalo: aquí el parque construido se renueva sin sentimentalismo.

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