Esta ciudad fue un lago, y el volcán sigue activo.
Taipéi ocupa el fondo de una cuenca que se hundió por una falla, se llenó de agua cuando la lava taponó su desagüe y se vació hace unos treinta mil años. Al norte, a quince kilómetros del centro, hay un grupo volcánico clasificado como activo con una cámara de magma debajo. Toda la ciudad se explica desde ahí.

01 Una ciudad en el fondo de un agujero
La falla que lo provocó tiene nombre y ficha. La identificó en 1939 el geólogo japonés Tan Keinosuke; es una falla normal con buzamiento de 50 a 60 grados y unos 35 kilómetros de traza en tierra, desde Shulin hacia el noreste pasando por Luzhou y Guandu. En 2012 el servicio geológico la clasificó como falla activa de categoría II, es decir, con movimiento en los últimos cien mil años.
Sobre ese fondo hundido se apilaron cuatro formaciones sedimentarias del Cuaternario. La superficial, la formación Songshan, es una alternancia de limos y arenas: barro de lago, básicamente. Es el material sobre el que se levanta casi toda la ciudad.

02 El lago que estuvo aquí
Aquí llega la parte que cuesta creer mirando la ciudad. Hace unos 200.000 años, una colada de lava basáltica taponó la salida del estuario del Tamsui. Con el desagüe cerrado, la cuenca se llenó: se formó el antiguo lago de Taipéi, que cubrió el fondo entero durante decenas de miles de años.
Hace unos 6.000 años, la subida del nivel del mar posglacial volvió a meter agua salada y hubo una fase de lago salobre. Después, el sedimento y el río terminaron el trabajo. La llanura sobre la que se apoya Taipéi es literalmente el fondo de ese lago.
Y hay un segundo lago, mucho más reciente y mucho más discutido. En 1697, el funcionario Yu Yonghe escribió en su diario de viaje que, tras pasar el estrecho de Guandu, «el agua se ensanchó de pronto, como un lago extenso sin orilla visible», con una veintena de chozas cerca. Se ha propuesto que el terremoto de 1694, de magnitud estimada 7,0, hundió el terreno lo bastante como para que entrara el mar. Los especialistas no se ponen de acuerdo: unos calculan 150 kilómetros cuadrados de lámina de agua, otros treinta, y otros sostienen que Yu describía sencillamente una bahía. Conviene contarlo como lo que es: un testimonio escrito y una cuestión abierta, no un hecho establecido.
03 Un volcán activo a quince kilómetros
El grupo volcánico de Tatun empieza a quince kilómetros al norte del centro y reúne más de veinte volcanes y conos. El más alto es el monte Qixing, de 1.120 metros, que además es el punto más elevado del municipio de Taipéi. Tuvo dos etapas eruptivas, hace entre 2,8 y 2,5 millones de años y entre 800.000 y 200.000, y su actividad más reciente se sitúa hace unos 5.000 o 6.000 años.
Ese último dato es el que lo cambia todo. Según el criterio internacional que considera activo cualquier volcán con erupciones en los últimos diez mil años, Tatun lo es. Las pruebas se han ido acumulando: una cámara de magma de unos setenta kilómetros cuadrados a unos veinte kilómetros de profundidad, deducida del retraso de las ondas sísmicas; proporciones de helio-4 de entre 4 y 7, propias del manto, frente a un valor cortical de 0,1; deformación vertical del terreno de unos nueve milímetros entre 2008 y 2009; y fumarolas y aguas termales que no han dejado de funcionar.
En octubre de 2011 se creó el Observatorio Volcánico de Tatun dentro del parque nacional de Yangmingshan, precisamente para vigilarlo. El parque, declarado en septiembre de 1985 sobre 113,38 kilómetros cuadrados, había sido ya parque nacional en 1937, bajo administración japonesa, con otro nombre.

04 El mineral que solo existe en dos sitios
El calor de ese sistema sale a la superficie en Beitou, un barrio del norte al que se llega en metro. El Valle Termal alcanza los 90 grados y tiene un pH de entre 1,4 y 1,6: es un manantial ácido sulfatado, tan agresivo que su composición incluye yeso, alunita, jarosita, rejalgar, azufre y radio.
De esa agua precipita un mineral llamado hokutolita, una variedad radiactiva de baritina con plomo. Lo descubrió en 1907 Okamoto Yohachiro y se bautizó formalmente en 1912 en un congreso mineralógico en San Petersburgo, con el nombre japonés de Beitou. Es el único mineral del mundo que lleva el nombre de un lugar de Taiwán.
Y lo verdaderamente raro: solo se ha confirmado en dos puntos del planeta, el manantial de Beitou y el de Tamagawa, en la prefectura japonesa de Akita. Japón lo declaró monumento natural especial en 1952, Taiwán lo protegió como paisaje cultural natural en 2000 —el primer mineral con esa figura— y en 2013 la ciudad creó una reserva específica para él.

05 Construir sobre esto
Una cuenca de barro lacustre, una falla activa debajo y una media de tres tifones directos al año no son un buen punto de partida para construir alto. La respuesta más visible a ese problema es Taipei 101: 508 metros, 101 plantas, inaugurada el 31 de diciembre de 2004 y el edificio más alto del mundo entre marzo de 2004 y marzo de 2010.
Lo interesante no es la altura sino lo que lleva dentro. Entre las plantas 92 y 88 cuelga una esfera de acero de 660 toneladas y 5,5 metros de diámetro, formada por 41 placas circulares de 125 milímetros de espesor cada una. Es un amortiguador de masa sintonizada: se balancea en sentido contrario al edificio y reduce hasta un 40% de su movimiento. Costó 132 millones de dólares taiwaneses y está calculado para vientos de 216 km/h y para un terremoto de periodo de retorno de 2.500 años.

El 8 de agosto de 2015, el tifón Soudelor hizo oscilar esa esfera un metro entero, el mayor desplazamiento jamás registrado. Y la esfera es visitable: se ve desde el mirador, entre las plantas 88 y 92. Pocos edificios enseñan al público la pieza que los mantiene en pie.
En la ciudad viven unos 2,43 millones de personas sobre 271,8 kilómetros cuadrados, y la cifra lleva años bajando. Alrededor, Nuevo Taipéi la rodea por completo con más de cuatro millones, y el área metropolitana con Keelung supera los siete millones: aproximadamente un tercio de la población de Taiwán, todos apoyados en el fondo del mismo lago seco.




