En el Tirol solo el doce por ciento del territorio se puede habitar
Sesenta y dos habitantes por kilómetro cuadrado suena a región vacía. Pero solo el 12 por ciento del Tirol es suelo habitable, y una cuarta parte de ese 12 por ciento ya está construida. Todo lo demás del viaje se deduce de ahí.

Las estadísticas del Tirol describen una región vacía. Sesenta y dos habitantes por kilómetro cuadrado es menos de la mitad de la media austriaca y menos de la mitad de la española. Con esa cifra en la mano uno espera llegar a un sitio con espacio de sobra.
Lo que se encuentra es lo contrario: valles apretados, pueblos que se estiran en fila a lo largo del río, carreteras que pasan por el centro de cada localidad porque no hay por dónde rodearla. La contradicción no está en los datos. Está en el denominador.
01 La cifra que cambia todas las demás

La administración austriaca maneja un concepto que resuelve el enigma: el área de asentamiento permanente, el suelo donde se puede vivir, cultivar y construir de forma estable. En el Tirol esa superficie es alrededor del 12 por ciento del total.
El 88 por ciento restante no es un desperdicio ni un descuido: es roca, glaciar, canchal, bosque en pendiente fuerte y terreno por encima de la cota donde el invierno dura demasiado. Es exactamente el paisaje por el que viaja todo el mundo hasta aquí. Pero no se puede habitar.
Hecha la cuenta sobre ese 12 por ciento, unos 1.500 kilómetros cuadrados, las 777.660 personas del Tirol dan una densidad cercana a las 500 por kilómetro cuadrado. Eso ya no es una región vacía: es una región densa metida dentro de una muy grande.
02 Por qué todo pasa en el fondo del valle

Ese 12 por ciento no está repartido en manchas por todo el territorio: está concentrado en el fondo de unos pocos valles. El del Inn es el principal, y por él pasa casi todo lo que el Tirol necesita para funcionar.
Innsbruck, la capital, tiene 132.499 habitantes. Detrás vienen Kufstein con 20.212, Telfs con 16.439, Hall in Tirol con 14.698 y Schwaz con 14.480. Las cinco están en el valle del Inn o muy cerca. No hay una segunda ciudad grande escondida en otra parte: no cabe.
A partir de ahí el territorio se organiza en valles laterales que cuelgan del principal, el Ötztal, el Zillertal, el Stubaital, cada uno con su carretera de fondo de valle y su fila de pueblos. Nueve distritos y 277 municipios para 12.534 kilómetros cuadrados, casi todos apoyados en una línea de agua.
03 Un suelo con demasiados pretendientes
El dato que de verdad aprieta no es el 12 por ciento, sino lo que ya hay dentro de él. Una cuarta parte de esa superficie está ocupada por edificios, instalaciones de ocio, carreteras y vías férreas. Es decir: del suelo habitable, uno de cada cuatro metros cuadrados ya está construido o pavimentado.
Y esos metros los quieren a la vez el prado de siega que alimenta al ganado en invierno, el pueblo que necesita crecer, el polígono, la autopista del Brennero, la línea de ferrocarril y el turismo, que en el Tirol no es una actividad menor: unas 360.000 camas y 49,6 millones de pernoctaciones en la temporada 2024/25.
De ahí vienen dos cosas que se notan viajando. Una, que los pueblos son largos y estrechos en lugar de redondos. Y dos, que el suelo llano casi nunca está vacío: si un prado sigue siendo prado en el fondo de un valle tirolés, es porque alguien ha decidido que lo siga siendo.
04 Lo que ocurre por encima de la línea
Por encima de la línea del asentamiento permanente el Tirol no está deshabitado, pero sí está habitado de otra manera: de forma estacional. Las alzadas, las cabañas de pastoreo de verano, los refugios de montaña y las estaciones de esquí funcionan unos meses y se cierran.
Esa distinción explica el calendario de todo lo demás. Un refugio abre cuando la nieve deja el sendero y cierra cuando vuelve; una alzada se ocupa mientras el ganado está arriba. Nada de eso es una decisión comercial: es la cota mandando.
El punto más alto del Tirol, el Großglockner, está a 3.797 metros. Entre el fondo del valle del Inn, en torno a los 600, y esa cota hay casi todo lo que el territorio tiene, y casi nada de lo que la gente usa a diario.
05 Un territorio partido en dos
La geografía impone además una rareza administrativa: el Tirol no es una pieza continua. Está formado por dos trozos separados, el Tirol del Norte y el Tirol Oriental, que no se tocan. Entre ambos quedan el estado vecino de Salzburgo y la provincia italiana de Bolzano.
Para ir por carretera de una mitad a la otra sin salir de Austria hay que dar un rodeo largo por Salzburgo y cruzar altos pasos alpinos. El camino corto atraviesa territorio italiano por el paso del Brennero.
El Brennero, por cierto, es el otro gran motivo por el que este valle importa desde hace dos mil años: es el paso practicable más bajo de los Alpes centrales y la ruta norte-sur que ya usaban los romanos. Buena parte de lo que se ve hoy en el fondo del valle del Inn existe porque por aquí se pasa.
06 Cómo se recorre
La consecuencia práctica más inmediata es que aquí el mapa engaña con las distancias. Dos puntos separados por veinte kilómetros en línea recta pueden estar a dos horas de coche si entre ellos hay una cadena montañosa: el trayecto real baja al valle principal, lo recorre y vuelve a subir por el valle siguiente.
La segunda es que el tren funciona mejor de lo que parece, y por la misma razón: la línea sigue el fondo del valle del Inn, que es donde están las ciudades y donde viven casi todos. Para moverse a lo largo del eje principal, el ferrocarril hace justo el recorrido que hace la gente.
Y la tercera reordena el viaje entero: conviene elegir un valle y quedarse en él. Cada valle lateral es un sistema cerrado, con su fondo habitado, su bosque, sus alzadas y su cabecera de roca. Recorrer uno entero, de abajo arriba, enseña más del Tirol que visitar cinco por encima.




