Hay un tipo de viajero que decide si una ciudad le gusta por cómo se camina. No por la lista de museos ni por lo que hay que ver, sino por si el trazado tiene sentido bajo los pies. Antananarivo está hecha exactamente para ese perfil, y con una particularidad: aquí el trazado no se despliega en horizontal, sino en altura.

La ciudad vista desde una altura, extendida sobre una sucesión de colinas: el caserío cubre las laderas por completo, con casas altas y estrechas de dos y tres plantas, fachadas encaladas o de ladrillo visto y cubiertas muy inclinadas de teja roja, apretadas unas contra otras sin apenas espacio libre; entre ellas asoman algunos bloques modernos de más altura, arbolado disperso y dos o tres árboles en flor de color violeta; al fondo, más colinas edificadas se pierden en una calima azulada, bajo una masa de cúmulos blancos.
Todo lo que se ve está en pendiente. La ciudad no tiene una parte llana donde replegarse.Bluerose25 / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·Creative Commons Attribution-ShareAlike 4.0 International

01 Andar aquí es subir

¿Cómo encaja Antananarivo contigo?
Ciudad para recorrer a pie Los tres niveles —alta, media y baja— se enlazan andando en una mañana
Miradores por el camino Cada rellano de escalera abre una vista nueva sobre el valle y el llano
Arquitectura doméstica reconocible Casa estrecha de dos o tres plantas, ladrillo cocido, teja inclinada y galería
Clima en la ventana buena De abril a octubre: entre 5 y 45 mm al mes y más de 220 horas de sol
Accesibilidad y recorridos llanos Muchos tramos del centro histórico solo se salvan por escalones desgastados
Naturaleza a mano Es una ciudad muy densa; los grandes espacios naturales del país quedan lejos

La razón está en el emplazamiento. Hacia 1610 la capital se instaló en la cumbre de una loma rocosa larga y estrecha, a 1.280 metros, y una cresta no permite crecer a lo ancho. La ciudad se descolgó por las laderas y quedó organizada en tres pisos: la ciudad alta en el filo, la media en las laderas y la baja en el llano.

02 El recorrido que lo explica todo

El itinerario que de verdad merece la pena es corto en planta y largo en desnivel. Se empieza abajo, en la ciudad baja de los soportales y el mercado, y se gana altura por rampas y escalinatas hasta la cresta, donde el palacio Manjakamiadana corona el conjunto y es visible desde casi cualquier punto de la ciudad.

No hace falta orientarse con un mapa: el palacio está siempre arriba, y arriba es siempre la dirección correcta.

Vista de la ciudad baja desde una explanada de hierba: en primer término, un césped con palmeras jóvenes de porte bajo y arbustos; detrás cruza una calzada ancha con varias furgonetas y coches aparcados y farolas de brazo curvo pintadas de naranja; a la izquierda se alinea una fila larga de edificios de dos plantas con soportales de arcos en la planta baja y balcones corridos arriba, con las fachadas pintadas en crema, rojo y ocre; al fondo, la ladera sube cubierta por completo de casas de dos y tres alturas con cubiertas de teja roja muy inclinadas, apretadas hasta la línea de cumbre; el cielo, azul con nubes blancas.
El punto de partida: la ciudad baja con sus soportales, y detrás toda la ladera que hay que subir.Bernard Gagnon / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 Unported

Lo que hace especial ese ascenso no es el destino, sino lo que pasa por el camino. Cada tramo de escalera desemboca en un rellano, y cada rellano abre una vista distinta sobre el valle, sobre el llano de arrozales y sobre las laderas de enfrente. Es una ciudad que se va explicando sola a medida que ganas altura.

Y hay un premio de arquitectura para quien mira. La casa que se repite mil veces por la ladera es siempre la misma: planta estrecha, dos o tres alturas, muros de ladrillo cocido encalados o a cara vista, cubierta de teja de fuerte pendiente y a menudo una galería corrida en la fachada. Verla mil veces no cansa; enseña.

03 El mes correcto para unas escaleras

En un destino que se recorre a pie por escalones de piedra, el calendario deja de ser un detalle. La buena noticia es que aquí el año se parte con una nitidez poco común: de abril a octubre caen entre 5,4 y 44,6 milímetros al mes, con uno o cuatro días de lluvia, y el sol se mantiene por encima de las 200 horas mensuales.

Dentro de esa horquilla, septiembre y octubre son los mejores: 7,5 y 39,3 milímetros, 249,5 y 251 horas de sol, y máximas de 23,9 y 26,0 grados. Agosto es el mes más seco del año con 5,4 milímetros, pero las noches bajan a 10,9 grados, así que conviene llevar abrigo para las primeras horas.

Encuadre extremadamente apaisado dominado por el cielo, que ocupa cuatro quintas partes de la imagen: azul intenso arriba y más pálido hacia el horizonte, con una veintena de cúmulos blancos pequeños y sueltos de base plana repartidos de forma regular; en la franja inferior aparece la ciudad de perfil muy bajo, con una masa oscura de arbolado en el centro y, a izquierda y derecha, tejados y construcciones claras que se extienden hasta perderse en la calima; en la línea del horizonte se distinguen colinas suaves y tres chimeneas finas.
El cielo de la estación seca. Octubre acumula 251 horas de sol, el máximo del año.IrmaA2 / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·Creative Commons Attribution-ShareAlike 4.0 International

04 Lo que hay que aceptar

El primer límite es el más serio y hay que decirlo sin rodeos: este destino no es accesible. Buena parte del centro histórico solo se atraviesa por escalones, muchos de ellos de piedra o de hormigón desgastados por décadas de uso, sin barandilla continua y con la huella irregular. Si necesitas recorridos llanos o rodados, aquí te vas a quedar fuera de casi todo.

Y el tercero es de expectativas. Esta es una ciudad muy densa: 1.274.225 habitantes en el censo de 2018 y unos 2,3 millones en el área metropolitana, repartidos en una cresta y sus laderas. Si lo que buscas en Madagascar es naturaleza, la vas a encontrar, pero no aquí: los grandes espacios naturales quedan a bastantes horas de carretera.

Aceptados esos tres puntos, lo que queda encaja muy bien con un perfil concreto: una capital que se conoce con las piernas, con tres ciudades apiladas que se atraviesan en una mañana, un mirador cada pocos metros, un tipo de casa que se aprende a leer sobre la marcha y siete meses al año en los que casi no llueve.

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SN

Sofía Navarro

Editora de Made For You — Compatibilidad entre Viajeros y Destinos · Flowtravel

Sofía Navarro interpreta la compatibilidad entre viajeros y destinos: por qué un lugar funciona para alguien y no para otros.