Es un destino de coche y de días largos, no de resort. Y tiene una condición previa que conviene aceptar desde el principio: casi todos estos sitios están en tierras de una aldea, y en casi todos se paga una entrada pequeña.

01 El agujero de Lotofaga
El más famoso está en la costa sur, en la aldea de Lotofaga, a unos cuarenta y ocho kilómetros de Apia por la carretera del interior: unos tres cuartos de hora de coche si no paras, que pararás.
Es una fosa de unos treinta metros de profundidad conectada con el mar por un túnel de lava, con el agua entrando y saliendo con la marea. Se baja por una escalera de madera larga y empinada hasta una plataforma, y desde ahí al agua.
La entrada ronda las veinticinco tala. Hay aparcamiento, vestuarios y aseos arriba, y cuerdas tendidas dentro para agarrarse: con marea entrando hay corriente y conviene usarlas. Si te da vértigo, la bajada es el obstáculo real, no el agua.
02 Manantiales, cuevas y pozas
A veintiséis kilómetros al este de Apia, por la carretera de la costa, está la poza de Piula: un manantial de agua dulce que sale de una cueva a pocos metros del mar. Dentro de la boca principal hay un túnel corto sumergido que comunica con una segunda cueva.
Se entra por el recinto del seminario que hay sobre la poza, se paga una entrada pequeña y hay fale y vestuarios para cambiarse. Abre de lunes a sábado, así que conviene no dejarlo para el domingo.
A eso se le suman las rocas deslizantes de Papase'ea, en las afueras de la ciudad, y las cascadas del interior, a las que se llega por la carretera que cruza la isla. En la estación húmeda algunos accesos se embarran; en la seca están firmes.

03 Tusitala en la montaña
Robert Louis Stevenson pasó aquí los últimos cuatro años de su vida y murió el 3 de diciembre de 1894. Los samoanos lo llamaron Tusitala, «el que escribe relatos», y su casa de Vailima, a las afueras de Apia, es hoy un museo que conserva la distribución de cuando él la habitaba.
Él mismo eligió la cima del monte Vaea, 472 metros justo al sur de la ciudad, como lugar de enterramiento. Al día siguiente de su muerte, un grupo de samoanos subió el ataúd hasta arriba por una senda que desde entonces se llama el Camino de los Corazones Amantes.
La subida lleva alrededor de una hora y se hace desde el propio jardín de la casa. Es empinada y húmeda, pero corta, y desde arriba se ve a la vez la ciudad, el puerto y la casa. Hazla temprano, antes de que apriete el calor.

04 Lo práctico
Alquila coche: los sitios están repartidos por toda la isla y el transporte público no sirve para encadenarlos. Se conduce por la izquierda desde septiembre de 2009, las carreteras principales están asfaltadas y el aeropuerto de Faleolo queda a unos cuarenta minutos al oeste de la ciudad.
Lleva efectivo en tala: las entradas de aldea son pequeñas y casi siempre en metálico. Y ten en cuenta el domingo: es un día muy tranquilo en todo el país y buena parte de los comercios y algunos sitios de baño no abren.
Sobre la ropa, una norma sencilla que se agradece: el bañador es para el agua, y al pasar por una aldea conviene llevar las piernas cubiertas. Un lavalava o un pareo resuelve el trámite y pesa nada.

05 Cómo armar tres días
Día uno, cerca: la casa de Vailima por la mañana, la subida al monte Vaea antes de comer y, por la tarde, las rocas deslizantes o un baño en el frente marítimo. Cena temprano, que aquí se cena temprano.
Día dos, costa sur: cruzar la isla por la carretera del interior, parar en una cascada por el camino y dedicar la parte central del día al agujero de Lotofaga. Vuelta por la costa, sin prisa.
Día tres, costa este: la poza de Piula por la mañana, cuando hay menos gente, y el resto del día de playas y aldeas hacia el extremo oriental. Si te queda una noche más, repite el sitio que más te haya gustado: aquí eso no es perder el tiempo, es el plan.



