Este no es un viaje de ciudad. Es un viaje de instituciones, y conviene saberlo antes de reservar: lo que aquí compensa el desplazamiento son las colecciones, los jardines y el paisaje entre unas y otros, no el paseo urbano.

Edificio bajo de hormigón visto de tres cuartos, con grandes paños de vidrio verdoso, una marquesina en voladizo y una escultura esférica de metal sobre el césped.
La galería nacional, en la orilla sur del lago: hormigón, vidrio y césped alrededor.Thennicke / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

01 Qué hay y dónde está

El grueso está en la orilla sur del lago y en su entorno inmediato: la galería nacional, la galería nacional de retratos, la biblioteca nacional y el centro de ciencia. En la orilla norte, sobre una península, está el museo nacional.

La distancia entre ellos se mide en minutos de bicicleta, no en paradas de metro. Están sueltos, cada uno con su edificio y su césped, sin fachadas medianeras ni calles comerciales entre medias.

La arquitectura forma parte de la visita. Son edificios de los años setenta en adelante, con encargos ambiciosos y materiales a la vista, y el contraste entre ellos es una de las cosas que mejor se disfrutan del recorrido.

Cómo encaja este viaje
Colecciones Las principales instituciones nacionales, todas en una ciudad
Ciclabilidad Más de mil kilómetros de carril compartido y un lago que se rodea
Vida de calle Sin casco antiguo; los edificios están sueltos entre prados
Naturaleza cerca Reservas dentro de la ciudad y sierra a cuarenta minutos
Precio Alojamiento caro; muchas colecciones, baratas o gratuitas
Se puede sin coche Sí en bicicleta; a pie, las distancias se hacen largas

02 La ciudad se recorre en bicicleta

Hay más de mil kilómetros de carriles compartidos, separados del tráfico y bien señalizados. No es una red pensada para el turista, sino la forma en que mucha gente se mueve a diario, y eso se nota en la calidad del trazado.

El itinerario obvio es la vuelta al lago: unos veintiséis kilómetros de circuito completo, dos o tres horas a ritmo tranquilo, con casi todas las instituciones a pie de recorrido. Hay también un puente a puente mucho más corto para quien solo quiere el tramo central.

Si tienes más días, el sendero del centenario da una vuelta larga de 145 kilómetros que alterna ciudad y campo. Es otro viaje distinto, pero explica por qué aquí la bicicleta no es una alternativa: es el modo principal de ver el sitio.

Globo aerostático granate flotando sobre un lago al amanecer, con cielo nublado y anaranjado, bosque en las orillas y colinas bajas al fondo.
El lago al amanecer: los vuelos en globo son una de las pocas actividades de madrugada de la ciudad.Neuroxic / CC BY 4.0·CC BY 4.0

03 Los jardines cuentan tanto como los museos

El jardín botánico nacional está en la ladera de la montaña Negra, dentro de la ciudad, y está dedicado a flora australiana. Es la mejor introducción posible al paisaje del país para quien no va a viajar más allá de la capital.

Al oeste está el arboreto nacional: 250 hectáreas plantadas desde cero, con casi un centenar de bosques de especies raras, amenazadas o simbólicas, y más de veinte kilómetros de caminos. Es una colección viva, y funciona exactamente igual que un museo.

Para el perfil de este viaje, esos dos sitios no son relleno: son dos entradas más del itinerario, con el añadido de que se ven al aire libre y encajan bien entre dos visitas de interior.

Carretera de acceso vacía que sube entre eucaliptos y arbustos, con un macizo de plantas grises a la derecha y una torre de telecomunicaciones asomando al fondo.
La entrada al jardín botánico nacional, en la ladera de la montaña Negra.Bidgee / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

04 Lo que no vas a encontrar

No hay casco antiguo. La ciudad se empezó a construir en la década de 1910 y se dibujó con edificios exentos rodeados de césped, así que no existe la trama densa que se busca instintivamente al llegar a una capital.

Tampoco hay vida de calle en el sentido europeo. Hay zonas con restaurantes y bares concentrados, y funcionan bien, pero entre ellas hay kilómetros de nada peatonal. Si viajas sin bicicleta y sin coche, el día se te va en desplazamientos.

Y hay un aviso de calendario: enero es el mes de vacaciones del país. Las colecciones siguen abiertas pero la ciudad baja el ritmo, y la vida nocturna, que ya es discreta, se apaga bastante.

Gran arco escultórico de metal naranja y negro sobre una explanada, con un edificio bajo de formas curvas y colores vivos detrás y unos pocos coches aparcados.
El museo nacional, en la orilla norte del lago, con el arco de la entrada.Kgbo / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

05 Cómo armar dos días

Día uno: la orilla sur. Empieza por la galería nacional, sigue a la galería de retratos y termina en la biblioteca, todo dentro de un radio de pocos minutos. Por la tarde, la vuelta al lago en bicicleta para cerrar el circuito.

Día dos: lo verde y lo de fuera. El jardín botánico por la mañana, el arboreto después de comer y, si queda luz, subir a un mirador de las colinas para ver el conjunto desde arriba.

Con dos días bien organizados se cubre lo esencial. Un tercero solo compensa si quieres añadir el museo nacional con calma o salir a la sierra del sur, que está a cuarenta minutos en coche y es un viaje distinto.

Edificio bajo de piedra clara y madera visto desde el otro lado de un estanque, con una fila de chorros de agua en primer plano y eucaliptos altos alrededor.
La galería nacional de retratos, con su lámina de agua delante.Kgbo / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

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SN

Sofía Navarro

Editora de Made For You · Flowtravel

Sofía Navarro empareja destinos con viajeros concretos y dice también para quién no son.