Este no es un viaje de ciudad. Es un viaje de instituciones, y conviene saberlo antes de reservar: lo que aquí compensa el desplazamiento son las colecciones, los jardines y el paisaje entre unas y otros, no el paseo urbano.

01 Qué hay y dónde está
El grueso está en la orilla sur del lago y en su entorno inmediato: la galería nacional, la galería nacional de retratos, la biblioteca nacional y el centro de ciencia. En la orilla norte, sobre una península, está el museo nacional.
La distancia entre ellos se mide en minutos de bicicleta, no en paradas de metro. Están sueltos, cada uno con su edificio y su césped, sin fachadas medianeras ni calles comerciales entre medias.
La arquitectura forma parte de la visita. Son edificios de los años setenta en adelante, con encargos ambiciosos y materiales a la vista, y el contraste entre ellos es una de las cosas que mejor se disfrutan del recorrido.
02 La ciudad se recorre en bicicleta
Hay más de mil kilómetros de carriles compartidos, separados del tráfico y bien señalizados. No es una red pensada para el turista, sino la forma en que mucha gente se mueve a diario, y eso se nota en la calidad del trazado.
El itinerario obvio es la vuelta al lago: unos veintiséis kilómetros de circuito completo, dos o tres horas a ritmo tranquilo, con casi todas las instituciones a pie de recorrido. Hay también un puente a puente mucho más corto para quien solo quiere el tramo central.
Si tienes más días, el sendero del centenario da una vuelta larga de 145 kilómetros que alterna ciudad y campo. Es otro viaje distinto, pero explica por qué aquí la bicicleta no es una alternativa: es el modo principal de ver el sitio.
03 Los jardines cuentan tanto como los museos
El jardín botánico nacional está en la ladera de la montaña Negra, dentro de la ciudad, y está dedicado a flora australiana. Es la mejor introducción posible al paisaje del país para quien no va a viajar más allá de la capital.
Al oeste está el arboreto nacional: 250 hectáreas plantadas desde cero, con casi un centenar de bosques de especies raras, amenazadas o simbólicas, y más de veinte kilómetros de caminos. Es una colección viva, y funciona exactamente igual que un museo.
Para el perfil de este viaje, esos dos sitios no son relleno: son dos entradas más del itinerario, con el añadido de que se ven al aire libre y encajan bien entre dos visitas de interior.

04 Lo que no vas a encontrar
No hay casco antiguo. La ciudad se empezó a construir en la década de 1910 y se dibujó con edificios exentos rodeados de césped, así que no existe la trama densa que se busca instintivamente al llegar a una capital.
Tampoco hay vida de calle en el sentido europeo. Hay zonas con restaurantes y bares concentrados, y funcionan bien, pero entre ellas hay kilómetros de nada peatonal. Si viajas sin bicicleta y sin coche, el día se te va en desplazamientos.
Y hay un aviso de calendario: enero es el mes de vacaciones del país. Las colecciones siguen abiertas pero la ciudad baja el ritmo, y la vida nocturna, que ya es discreta, se apaga bastante.

05 Cómo armar dos días
Día uno: la orilla sur. Empieza por la galería nacional, sigue a la galería de retratos y termina en la biblioteca, todo dentro de un radio de pocos minutos. Por la tarde, la vuelta al lago en bicicleta para cerrar el circuito.
Día dos: lo verde y lo de fuera. El jardín botánico por la mañana, el arboreto después de comer y, si queda luz, subir a un mirador de las colinas para ver el conjunto desde arriba.
Con dos días bien organizados se cubre lo esencial. Un tercero solo compensa si quieres añadir el museo nacional con calma o salir a la sierra del sur, que está a cuarenta minutos en coche y es un viaje distinto.



