01 La meseta que corta el agua

Conviene decirlo sin rodeos: si vienes a Guinea por la capital, te vas a llevar una decepción. Conakri es una ciudad de más de tres millones de personas apretada en una península de 36 kilómetros, con tráfico difícil, sin conjunto monumental y sin infraestructura turística. Funciona como puerta, y funciona bien, pero no es el viaje.

Qué esperar de este viaje, medido en lo que le importa a quien viene a caminar.
Interés del terreno Meseta cortada por cañones, cascadas y gargantas
Soledad en la ruta Uno de los países menos visitados de África occidental
Fiabilidad de la temporada Cinco meses secos con 214 a 251 horas de sol al mes
Infraestructura de senderismo Sin señalización, sin refugios y sin rescate organizado
Facilidad para llegar Una jornada entera de carretera desde la costa
Interés de la capital Ciudad de trabajo, sin monumentos ni casco antiguo

Lo que hace singular esta caminata no es la altitud ni la dificultad técnica, sino la forma del terreno. Los senderos van por el borde de las mesetas y bajan a las gargantas, y en muchos tramos el camino discurre literalmente bajo un voladizo de roca, con el agua cayendo al lado. Es un tipo de recorrido que no se parece a la montaña europea ni a la sabana.

Valle de montaña visto desde una altura, cubierto de un verde muy intenso: en primer plano y en el plano medio se extiende un mosaico de arbolado denso y parcelas de cultivo, entre las que asoman cuatro o cinco cabañas de planta circular con techo cónico de paja y una construcción rectangular con cubierta de chapa clara; alrededor de las casas crecen campos de maíz alto y matorral; hacia el fondo, el terreno sube en sucesivas líneas de cerros boscosos y, sobre ellos, una franja de nubes blancas y bajas se apoya en la ladera; el cielo, arriba, es de un gris azulado pálido.
Un valle habitado en las tierras altas. Los senderos pasan por aldeas como esta, y eso es parte del recorrido, no un añadido.Aboubacarkhoraa / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

02 Bowé y valles

El paisaje alterna dos cosas y conviene saberlo antes de calzarse las botas. Por un lado están los bowé: mesetas de laterita, roca desnuda de color rojo pardo donde apenas crece hierba y donde no hay sombra ninguna. Son superficies amplias, abiertas y con vistas largas, pero se cruzan a pleno sol.

Roca desnuda arriba, valles cultivados abajo y una pared de agua entre los dos. La caminata consiste en pasar de un piso al otro, varias veces al día.

Por otro lado están los valles: verdes, cultivados, con arbolado denso, huertos y aldeas de cabañas de planta circular. La caminata típica va de un piso al otro, bajando de la meseta al valle por una garganta y volviendo a subir. Ese desnivel repetido es lo que cansa, más que la distancia.

Meseta de laterita en plena estación seca: la mitad inferior del encuadre la ocupa un suelo pedregoso de un rojo pardo intenso, con bloques de roca aflorando entre matas de hierba completamente agostada, de color paja; hacia el fondo, una línea de árboles bajos de copa aplanada y hoja verde se recorta sobre el borde de la meseta, y más allá el terreno cae hacia un valle boscoso que se difumina en tonos azulados; el cielo, sin una nube, ocupa la franja superior con un azul intenso que se aclara junto al horizonte.
Un bowal en estación seca: piedra, hierba agostada y ni una sombra. Estos tramos se cruzan temprano o no se cruzan.Fantabinta224 / Wikimedia Commons / CC0·CC0

03 Lo que cuesta llegar

Aquí está la parte que separa a este destino de casi cualquier otro de senderismo. No hay senderos señalizados, no hay refugios, no hay mapas comerciales fiables y no hay rescate organizado. Caminar en el Fouta Djallon se hace con guía local, y el guía no es un lujo: es la infraestructura.

Llegar también cuesta. Subir de la costa a la meseta es una jornada entera de carretera, y moverse dentro de la región lleva más tiempo del que sugiere el mapa. Todo se organiza en francés y con antelación, porque no hay una oferta de excursiones que se pueda contratar sobre la marcha.

Paisaje de montaña visto desde una altura en un día de bruma espesa: en primer plano, la mitad inferior del encuadre la ocupa una masa continua de arbolado verde de copas redondeadas, con algún claro cultivado y tejados aislados entre los árboles; por detrás, el terreno se eleva en sucesivas líneas de cerros y mesetas cada vez más azuladas y desdibujadas por la calima, con columnas de humo blanco levantándose en varios puntos del valle intermedio; el cielo, en la franja superior, es de un gris muy pálido y uniforme, sin sol visible.
Líneas sucesivas de mesetas hacia el interior. Cada una de esas crestas es una jornada, y entre ellas no hay carretera directa.Aboubacarkhoraa / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

04 Cómo se arma el viaje

Diez o doce días es la medida realista, contando los traslados. Una noche en Conakri a la llegada, un día entero de carretera para subir, cinco o seis días en la meseta caminando desde una o dos bases, y la bajada de vuelta. Intentarlo en menos convierte el viaje en un trayecto en coche con dos paseos.

El mes no admite discusión: de diciembre a abril. Es la estación seca, con entre 1,4 y 17,9 milímetros de lluvia al mes en la costa y de 214 a 251 horas de sol. De junio a septiembre caen entre 434 y 1.142 milímetros mensuales, las pistas se deshacen y los arroyos crecen: no es incómodo, es impracticable.

Sobre el terreno, dos advertencias honestas. La primera: en la estación seca las cascadas llevan mucho menos agua que en las fotos de agosto. Siguen siendo espectaculares, pero conviene saberlo. La segunda: el calor sobre los bowé es serio y no hay sombra, así que las etapas se hacen temprano y se para a mediodía.

Y el aviso que decide. Guinea recibe muy pocos viajeros y no tiene nada montado para ellos: ni señalización, ni refugios, ni circuito. Si eso te parece un defecto, este no es tu destino. Si te parece exactamente el motivo por el que merece la pena, vas a caminar por una de las mesetas más raras y más vacías de África occidental, y no vas a compartirla con nadie.

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SN

Sofía Navarro

Editora de Hecho Para Ti · Flowtravel

Sofía empareja viajeros con destinos, y dice cuándo no encajan.