01 Para quién funciona
El viaje habitual por Zimbabue se organiza alrededor de las cataratas del oeste, los parques del valle del Zambeze y las ruinas del sur. La capital queda en medio como punto de entrada, y la mayoría la cruza sin detenerse.
Merece la pena romper esa costumbre si te interesa el arte. Aquí nació, a finales de los años cincuenta y alrededor de la galería nacional, el movimiento de escultura en piedra que después se expuso en Nueva York y en París. Verlo aquí, y no en una tienda de aeropuerto, cambia bastante la experiencia.
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02 Dos días con sentido
El primer día es urbano: la galería nacional por la mañana, el centro con sus avenidas anchas y su arbolado alternado, y por la tarde alguno de los parques de escultura al aire libre, donde la obra se ve entre árboles y no bajo focos.
El segundo sale de la ciudad. A las afueras, en la zona de Epworth, están las rocas en equilibrio de Chiremba: bloques de granito apilados por la erosión, no por nadie. Una de esas formaciones, conocida como Domboremari o «roca del dinero», llegó a aparecer en los billetes del país.

03 Las fricciones
La primera es la movilidad. La ciudad se trazó con manzanas grandes y ha seguido extendiéndose, así que las distancias entre el centro, los parques de escultura y las afueras son largas. Lo práctico es contratar conductor por medio día o por jornada completa.
La segunda es el dinero. Conviene llegar con efectivo en billetes pequeños y no dar por hecho que se puede pagar con tarjeta en todos los sitios. Es el consejo estándar para el país y evita bastantes complicaciones prácticas.
La tercera es el calendario. De noviembre a marzo cae casi el ochenta por ciento de la lluvia del año, con tardes de tormenta; y de mayo a julio las noches bajan de los seis grados. Ninguna de las dos cosas impide el viaje, pero ambas obligan a preparar la maleta con criterio.

04 Veredicto
Dale a Harare dos días, no cinco, y dedícalos a lo que aquí es único: la escultura y el granito. Con eso, la capital deja de ser un trámite entre vuelos y pasa a explicar bastante del país al que vas.
No la elijas esperando monumentos, ni como destino en sí. Su papel es otro: el de una ciudad de altiplano, tranquila y muy arbolada, que produce arte reconocido fuera y que tiene un paisaje raro a media hora de la última avenida.





