Casi todo el que llega a Jeju sube a Hallasan. Es lógico: 1.947 metros, la montaña más alta de Corea del Sur, y se hace en una jornada larga. Lo que casi nadie sabe antes de llegar es que la isla tiene, además, un camino de 437 kilómetros que la rodea entera.

Se llama Jeju Olle, y no es un sendero de montaña convertido en ruta turística. Es un recorrido diseñado desde cero, en 2007, por Suh Myung-sook, periodista nacida en la isla, después de caminar el Camino de Santiago.

01 Un anillo de 437 kilómetros

Costa de roca volcánica oscura con una carretera estrecha siguiendo el borde del acantilado, mar azul en calma y un islote bajo al fondo
Un tramo de la ruta 12, en el suroeste de la isla: alrededor de la mitad de esta ruta discurre pegada a la orilla.Jeju Olle Foundation / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

El conjunto suma 437 kilómetros repartidos en 27 rutas: 21 principales, numeradas y encadenadas una detrás de otra alrededor de la isla, más seis secundarias y un ramal corto. La media es de unos 16 kilómetros por ruta.

Ese trazado no es casual: sigue exactamente la parte habitada de Jeju. Como la isla es un volcán cuyo centro está vacío y cuyos pueblos se formaron en el borde, el anillo costero es a la vez el recorrido más bonito y el más fácil de abastecer.

El nombre lo dice. Un olle, en el habla de Jeju, es el callejón estrecho que une la puerta de una casa con el camino principal. El recorrido está construido con cientos de esos pasos, encadenados.

02 Las cintas azules y naranjas

Dos cintas de tela colgadas de una rama entre follaje verde, una azul y otra naranja, con un pequeño logotipo blanco impreso
La marca del camino: cinta azul por el mar y naranja por la mandarina de la isla. Atadas a ramas, vallas y postes cada pocos centenares de metros.Sgroey / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

La señalización es el motivo por el que este camino se puede hacer sin preparación. Dos cintas de tela atadas a cualquier cosa marcan la ruta: azul por el mar, naranja por la mandarina, que es el cultivo de la isla.

A las cintas se suman flechas pintadas en el suelo y en los muros, azules en el sentido de avance y naranjas en el contrario, y unas figuras de caballo azul llamadas ganse, que se plantan en las bifurcaciones donde es fácil equivocarse.

Hay además un pasaporte de sellos, con tres puntos por ruta: inicio, mitad y final. Completar las 27 da derecho a un certificado. Es un detalle menor, pero convierte el camino en algo que se puede ir haciendo a lo largo de varios viajes.

Veintisiete rutas numeradas alrededor de una isla, con autobús en las dos puntas de cada etapa: no hace falta planificar casi nada.

03 Dormir donde termina la etapa

La diferencia con una travesía de montaña está aquí. En los Alpes o en los Pirineos, caminar varios días seguidos significa depender de refugios con plazas limitadas y reservadas con semanas de antelación. En Jeju, cada etapa termina en un pueblo.

Eso significa alojamiento normal, de pensión o casa de huéspedes, restaurante y tienda. Y significa, sobre todo, que la mochila pesa lo que pesa la ropa: sin tienda, sin saco, sin hornillo y sin comida para varios días.

El complemento que lo remata es el autobús. El anillo de carreteras de la isla sigue el mismo perímetro que el camino, así que casi cualquier punto de cualquier etapa está a poca distancia de una parada. Se puede empezar tarde, terminar antes o saltarse un tramo sin romper nada.

04 El terreno, que es el argumento

Plataforma de roca costera oscura con celdas poligonales delimitadas por bordes de arcilla anaranjada, el mar a la derecha y casas bajas al fondo
Salinas excavadas sobre la propia roca volcánica en la costa noroeste, en la ruta 16: el camino atraviesa el paisaje de trabajo de la isla, no solo el paisaje bonito.Jeju Olle Foundation / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

Conviene ser claro con lo que este camino no es. No es una travesía alpina ni un reto de desnivel: va por la costa, y el desnivel acumulado de una etapa típica es pequeño. Si lo que buscas es esfuerzo vertical, esto no lo da.

Lo que da es variedad en horizontal. Una misma jornada puede pasar de playa de arena a plataforma de basalto negro, de bosque bajo a campos de cebada cercados con muros de piedra volcánica, y de un puerto pesquero a un tramo urbano.

Ese cruce por lo habitado es deliberado y es el rasgo que distingue al Olle de otros caminos largos: no evita los pueblos, los atraviesa. Se ve el trabajo de la isla, no solo su paisaje: salinas sobre la roca, invernaderos de cítricos, puestos de marisco en la orilla.

Hay además diez rutas con tramos accesibles en silla de ruedas, algo poco habitual en un camino de larga distancia y que da idea del tipo de terreno.

05 Cuánto hacer y en qué orden

Hacer las 27 rutas seguidas ocupa entre tres y cuatro semanas. Es una opción real y hay quien la elige, pero no es la que mejor aprovecha el formato.

Cinco o seis etapas consecutivas, unos noventa o cien kilómetros, es la medida que funciona: suficiente para entrar en ritmo y para que la isla cambie de cara varias veces, y corto como para caber en una semana de viaje.

El orden importa menos que la vertiente. El sur, alrededor de Seogwipo, tiene acantilado y saltos de agua; el norte y el oeste, plataformas de basalto, salinas y aerogeneradores; el este, playas y conos volcánicos. Elegir un cuadrante y hacerlo entero rinde más que picotear.

06 Cómo armar el viaje

El mes manda más que cualquier otra decisión. Octubre y noviembre son los mejores: en la costa norte se registran 6,7 y 9,8 días de lluvia, con máximas medias de 21,6 y 16,4 grados. Abril y mayo son la segunda ventana, con 9,4 y 9,8 días.

De junio a septiembre conviene evitarlo. Llueve entre 171,2 y 272,3 milímetros al mes en el norte, la humedad llega al 86 por ciento en la costa sur en julio y septiembre es el mes de mayor riesgo de tifón del año.

La segunda decisión es dónde dormir. Se puede ir cambiando de pueblo cada noche, que es lo natural, o fijar la base en un sitio y volver en autobús cada tarde. Lo segundo funciona sorprendentemente bien en un anillo con transporte en todo el perímetro.

¿Cómo encaja este viaje contigo?
Facilidad logística Autobuses en todo el perímetro y alojamiento al final de cada etapa
Flexibilidad 27 rutas numeradas que se pueden hacer sueltas, en cualquier orden y en cualquier cantidad
Señalización Cintas azules y naranjas, flechas en el suelo y figuras de caballo en las bifurcaciones
Ligereza de mochila Sin tienda ni saco: se duerme en pueblos y se come por el camino
Exigencia física Recorrido de costa con muy poco desnivel acumulado
Soledad Atraviesa pueblos, puertos y algún tramo urbano casi todos los días

Lo que justifica este viaje no es el paisaje, que es bueno pero no único. Es que resuelve el problema clásico de caminar varios días: aquí no hay que cargar con nada, no hay que reservar con meses de antelación y no hay que terminar lo que se empieza. El camino sigue estando ahí el año que viene.

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SN

Sofía Navarro

Editora de Made For You · Flowtravel

Sofía Navarro empareja viajeros con lugares: para quién es cada destino y, sobre todo, para quién no.