Casi todo el mundo llega a esta parte del mundo con la mirada puesta en la piedra antigua, y en este país concreto esa expectativa tiene además un destino evidente que está a trescientos kilómetros. La capital ofrece otra cosa, mucho menos visitada y bastante más difícil de encontrar en cualquier otro sitio: un corpus de arquitectura moderna de los años cincuenta y sesenta con lógica propia.

01 Cómo encaja contigo

El movimiento se conoce como Nueva Arquitectura Jemer y se desarrolla entre 1953 y 1970. Su figura principal es Vann Molyvann, que se formó en el extranjero y volvió a construir aquí; en 1965 se empezó a enseñar arquitectura en la universidad de bellas artes del país y él acabó dirigiéndola. El movimiento se interrumpió bruscamente a comienzos de los años setenta.

¿Cómo encaja Nom Pen con este perfil?
Interés y rareza del conjunto Un modernismo tropical con soluciones propias que no se repite en ningún otro sitio
Densidad: todo cerca Los edificios principales caben en un radio corto y se enlazan a pie o en trayecto breve
Coste del viaje Alojamiento, comida y desplazamientos entre los más baratos del Sudeste Asiático
Interpretación para el visitante Casi ningún edificio está señalizado ni explicado: hay que llegar con la lista hecha
Acceso al interior Muchos siguen en uso institucional y solo se ven por fuera
Conservación del conjunto Hay demoliciones: el Edificio Blanco, de hacia 1963, se derribó en 2015

02 Qué inventaron aquí exactamente

Lo interesante no es el estilo, es el problema que resolvieron. Construir en un clima con 35 grados de máxima, humedad alta y 1.400 milímetros de lluvia al año, sin aire acondicionado generalizado, obliga a que la refrigeración sea parte de la estructura. Y eso es exactamente lo que hicieron.

El repertorio es reconocible en cuanto se sabe qué buscar: dobles muros y dobles cubiertas, con una cámara de aire entre ambas para que el calor no llegue al interior; aleros y voladizos en uve que impiden que el sol entre directo por la ventana; estructuras elevadas sobre el suelo para que corra el aire; y fosos y láminas de agua que hacen de depósito en la estación húmeda y refrescan por evaporación.

Interior de un auditorio con la pared de fondo revestida de listones verticales de madera en tono cálido, dos vigas inclinadas en uve cruzando el paramento y filas de butacas grises y rojas en primer término.
El interior del auditorio de 1961: la uve no es decoración, es la estructura vista y ordena todo el paramento.Myrmux / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

03 Lo que te va a costar

Bloque residencial alargado de hormigón con la fachada muy ennegrecida por la humedad, galerías corridas, ropa tendida y vegetación creciendo en los huecos, con comercios y tráfico de motocicletas en la calle de delante.
El Edificio Blanco antes de su demolición en 2015. Lo que hoy se puede ver del conjunto es lo que ha sobrevivido, no lo que se construyó.Myrmux / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

La primera fricción es que aquí nadie te va a explicar nada. No hay ruta señalizada, ni paneles, ni centro de interpretación, y muchos edificios son sedes en uso a las que no se entra. Hay que llegar con la lista y las direcciones preparadas de casa, y asumir que buena parte del viaje consiste en mirar fachadas desde la acera de enfrente.

La segunda es el calor, y condiciona el horario más que ninguna otra cosa. Con 31 a 35 grados de máxima todo el año y humedad alta, un recorrido a pie solo funciona antes de las diez de la mañana o después de las cuatro de la tarde. Las horas centrales hay que darlas por perdidas o pasarlas bajo techo, y eso reduce mucho lo que cabe en un día.

La tercera es más incómoda de decir: este conjunto está en riesgo. Varios edificios siguen en pie por inercia, sin figura de protección clara y bajo presión inmobiliaria, y algunos ya se han perdido. Lo que hoy se puede recorrer no es el conjunto original, sino la parte que ha aguantado, y no hay ninguna garantía de que siga completa dentro de diez años.

04 Cómo montaría yo estos días

Tres días en enero, con las mañanas reservadas para andar. Día uno: el mercado central, de 1937, que no pertenece a este movimiento pero es la mejor introducción posible a cómo se construía aquí contra el clima antes de él, con su planta en cruz y su cúpula ventilada; y luego el paseo fluvial a última hora.

Andén de estación con una gran marquesina de hormigón en voladizo apoyada en pilares aislados, vagones de mercancías y contenedores en la vía de la izquierda, palmeras al fondo y un cartel de horarios a la derecha.
La marquesina en voladizo del andén de la estación: la misma lógica de sombra y aire corriendo por debajo, aplicada a una infraestructura.katorisi / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

Día dos: el bloque de los años sesenta, andando temprano. El instituto de idiomas, con su fachada de aletas verticales, es el mejor ejemplo de protección solar convertida en imagen del edificio; el complejo deportivo de 1964, con sus taludes de tierra a modo de graderío, enseña la otra idea del movimiento, que es construir con el terreno. Día tres: la estación, el auditorio junto al río y margen para volver a lo que te haya gustado.

05 El veredicto

Si te interesa cómo se construye contra el clima, aquí hay un caso de estudio completo y muy poco visitado: un país que en quince años produjo respuestas propias a un problema físico concreto y las construyó a escala de ciudad. Y se recorre barato, a pie y sin colas, porque prácticamente nadie viene a esto.

Si necesitas que un destino te lo dé masticado, este no lo hace y no lo va a hacer. La pregunta que decide es si disfrutas identificando por tu cuenta por qué un alero tiene esa forma. Si la respuesta es sí, tres días aquí valen mucho más de lo que cuestan. Si la respuesta es no, la ciudad se te va a quedar en un cruce de ríos con mucho tráfico.

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SN

Sofía Navarro

Editora de Made For You · Flowtravel

Sofía empareja destinos con el viajero que de verdad los va a disfrutar.