Port Vila no es una ciudad para muchos días. Es densa, cabe en 23,6 kilómetros cuadrados y su centro, todavía en obras tras el terremoto de diciembre de 2024, se recorre en una mañana. Lo que sí da para varios días es lo que hay alrededor, y alrededor significa una sola cosa: el anillo de Efaté.

01 Ciento y pico kilómetros, unas tres horas

La carretera de circunvalación de Efaté rodea la isla y empieza y termina en Port Vila. Las fuentes dan cifras que van de 120 a 140 kilómetros según cómo se mida, y el tiempo de conducción sin parar es de unas tres horas. La diferencia entre esa cifra y el día entero son las paradas, que es exactamente el motivo de hacerlo.

El estado de la vía no es casual. Era una pista de coral sin asfaltar hasta que, en 2009 y 2010, se sellaron 92,5 kilómetros dentro de un programa de infraestructura. El efecto fue inmediato y está medido: el tráfico en el anillo casi se triplicó entre 2008 y 2010 y los tiempos de viaje en la isla se redujeron hasta a la mitad. Esa obra es la razón por la que hoy un coche de alquiler normal puede dar la vuelta.

Cómo encaja este viaje
Libertad de horarios Sales cuando quieres, paras donde quieres y vuelves a dormir a la ciudad
Agua dulce por el camino Cascadas de Mele, Blue Lagoon y la desembocadura del Eton, todas en la ruta
Estado del asfalto 92,5 km del anillo se sellaron en 2009-10; hay tramos peores que otros
Distancia manejable en un día Unas tres horas de conducción sin paradas; con paradas, la jornada entera
Señalización e información en ruta Poca. Conviene descargar el mapa antes y llevar el itinerario decidido
Alternativa en transporte público Los minibuses B cubren la ciudad, no el anillo: sin coche, no hay vuelta
El centro de la ciudad como base Sigue con solares vacíos tras el terremoto de diciembre de 2024

02 Lo que exige conducir aquí

Se conduce por la derecha, algo poco frecuente en el Pacífico y herencia del pasado administrativo compartido del archipiélago. Los visitantes pueden conducir hasta tres meses con el permiso de su país; si el permiso no está en inglés o francés, hace falta traducción oficial o permiso internacional. Las agencias suelen pedir veintitrés años cumplidos y al menos un año de carné sin restricciones.

El resto es sentido común de carretera rural: calzada estrecha, sin arcén, con vegetación pegada al asfalto y curvas ciegas; gente caminando por el borde y animales sueltos; ningún alumbrado fuera de los pueblos. Se sale temprano y se vuelve con luz. La gasolina se pone en la ciudad antes de arrancar, y el efectivo también: fuera de Port Vila no hay que contar con tarjeta.

Salto de agua largo y estrecho que baja por una pared de roca clara cubierta de musgo y helechos, con vegetación densa a ambos lados y cielo azul arriba.
Las cascadas de Mele caen sobre roca caliza: coral fósil, el mismo material del que está hecha la isla.gérard / CC BY-SA 2.0·CC BY-SA 2.0

03 Las paradas son de agua dulce

La primera está a las afueras, casi antes de empezar: las cascadas de Mele, una sucesión de saltos y pozas escalonadas que se sube caminando. Merece la pena mirar la roca sobre la que cae el agua, porque es caliza de coral fósil, el mismo material del que está hecha la isla entera. Es un baño y una lección de geología a la vez.

Poza de agua turquesa y transparente al pie de tres saltos pequeños que caen sobre una barrera de roca ocre y musgo, rodeada de selva.
Una de las pozas escalonadas de Mele: cada una tiene su propio nivel y su propia temperatura.gérard / CC BY-SA 2.0·CC BY-SA 2.0

En el este, el Blue Lagoon: agua dulce de un color verde azulado que se explica por la caliza del fondo, rodeada de árboles inclinados sobre la superficie. En el norte, la desembocadura del río Eton, con arena, pandanos y un par de lanchas varadas. Y entre medias, playas sin nombre a las que se llega dejando el coche al borde del asfalto.

Panorámica de una laguna de agua verde azulada rodeada de árboles inclinados sobre el agua, con las ramas desnudas de algunos de ellos y el fondo de arena visible bajo la superficie.
El Blue Lagoon, en el este de Efaté: agua dulce que llega al mar y no se mezcla del todo.DB Thats-Me / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

El orden importa poco, pero la dirección sí conviene decidirla antes: si se sale hacia el norte, se llega a las playas del este a media tarde con la luz de frente; si se sale hacia el sur, es al revés. En un solo día no da tiempo a las dos cosas.

Dos lanchas pequeñas de casco blanco y cubierta amarilla varadas en la orilla de arena de un río de agua muy clara, entre pandanos de raíces aéreas.
La desembocadura del río Eton, en el norte: agua dulce, arena y nadie.Jean Van Jean / CC BY 3.0·CC BY 3.0

04 Por qué no una excursión organizada

No es una cuestión de dinero, aunque el coche compartido entre dos o tres personas suele salir más barato que las plazas equivalentes. Es una cuestión de tiempo. Las paradas que valen la pena en esta isla son las que duran más de lo previsto: una poza que se queda uno solo, una playa vacía a media mañana, un pueblo donde el coche se para porque sí. Un tour cierra esa posibilidad por definición.

El transporte público no es alternativa para esto. Los minibuses de matrícula B funcionan estupendamente dentro de Port Vila —se levanta la mano, se dice el destino, tarifa plana de 150 vatus— pero no dan la vuelta a la isla ni siguen rutas fijas. Sin coche propio, el anillo no se hace.

La isla mide tres horas. El día entero es lo que tardas en no seguir de largo.

05 Cuándo no hacerlo

De enero a marzo, con marzo dejando 320,9 milímetros de lluvia en 18,5 días, el plan pierde casi todo el sentido: las pozas bajan turbias, la carretera se moja y el día se pasa dentro del coche. La temporada de ciclones va del 1 de noviembre al 30 de abril y en la zona pasan de media dos o tres por temporada, con más frecuencia en enero y febrero.

La ventana buena es la misma que para todo lo demás en esta ciudad: de julio a octubre, con septiembre y octubre por delante. Ochenta y siete milímetros de lluvia al mes, ocho días de agua y la humedad en su mínimo anual. Un día en la carretera con esas condiciones es exactamente el viaje que se ha venido a hacer.

Y una última cosa sobre la vuelta. Si el plan del día siguiente incluye un nakamal, deja el coche aparcado: el kava es sedante y no se conduce después. Conviene ordenarlo así, y no al revés.

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SN

Sofía Navarro

Editora de Made For You · Flowtravel

Sofía Navarro empareja destinos con viajeros concretos y dice también para quién no son.