Hay un viajero que llega a Cancún o a Tulum y descubre, al segundo día, que lo que le interesa no es la tumbona. Disfruta nadando, pero prefiere el agua que no sabe a sal, que deja ver el fondo y que no depende de si ese mes el Caribe amanece cubierto de sargazo. Le gusta caminar un rato entre ruinas, pero sin horario de excursión. Y le atrae más una laguna al amanecer que un club de playa a mediodía. Este artículo es para esa persona.

Una cueva inundada de paredes de caliza con estalactitas y un agua turquesa muy transparente en primer plano, con reflejos de luz sobre el fondo.
Gran Cenote, cerca de Tulum: una cavidad de caliza abierta al exterior con agua dulce de gran transparencia.simon / Wikimedia Commons / CC0·CC0

01 Un estado sin ríos y con un mundo bajo los pies

La razón de todo esto es la roca. La península de Yucatán es una plataforma de caliza porosa: la lluvia no corre en superficie, se filtra, y el agua dulce circula por galerías subterráneas hasta salir al mar. Donde el techo de una de esas galerías se ha hundido aparece un cenote, que en realidad es una ventana a un río escondido. Desde el aire el estado parece plano y verde; por debajo es un queso.

La medida de ese queso la da el sistema Sac Actun, cerca de Tulum. Tras conectarse con el vecino Dos Ojos, los buceadores del proyecto Gran Acuífero Maya lo dieron por unido en 2018, y el Guinness World Records recogió en 2019 una longitud sumergida de casi 372 kilómetros. Las cifras varían según se cuenten o no los tramos secos y según la fuente, pero el orden de magnitud es el mismo: cientos de kilómetros de cueva llena de agua clara en una franja de selva de poca anchura.

Cómo encaja este viaje
Agua para nadar que no es mar Cenotes, lagunas y canales en un radio de pocas horas por carretera
Naturaleza y silencio Muyil y la reserva de Sian Ka'an, o la laguna de Bacalar fuera de las horas punta
Ruinas sin exceso de gente Cobá y Muyil, a primera hora; Tulum se llena desde media mañana
Moverse sin coche Hay autobús de larga distancia por la carretera 307, pero cenotes y canales piden taxi, bicicleta o excursión
Cenotes sin multitud Los más conocidos junto a Tulum reciben mucha gente: hay que madrugar o buscar los menos citados
Playa clásica de arena y oleaje Existe, pero no es el motivo del viaje y el sargazo puede estropearla

02 Cuatro aguas dulces, de norte a sur

La primera es la del cenote. Alrededor de Tulum hay decenas abiertos al público, de la cavidad a cielo abierto, con luz y vegetación, a la cueva donde se entra con chaleco y linterna prestada. En ellos se nada, se hace esnórquel y, si tienes titulación, buceo en caverna con guía. El agua dulce suele ser transparente y fresca, más cómoda que el mar a las horas de calor.

Una cavidad de roca caliza con raíces colgando y vegetación alrededor, y debajo un agua azul verdosa muy clara con hojas flotando en un lado.
Gran Cenote: roca, raíces y un agua que deja ver el fondo.dronepicr / Wikimedia Commons / CC BY 2.0·CC BY 2.0

La segunda es la de las lagunas de Cobá, a unos 47 kilómetros al noroeste de Tulum. El sitio arqueológico se extiende entre dos lagunas, Cobá y Macanxoc, y se recorre entre árboles, por caminos anchos de selva, a pie o en bicicleta de alquiler. Sirve para una mañana de arqueología tranquila sin tener que dejar el agua del todo atrás.

La tercera es la de Sian Ka'an. La reserva de la biosfera, establecida en 1986 y declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1987, ocupa unos 5.280 kilómetros cuadrados de selva, humedal y costa. Muyil, uno de los alrededor de veintitrés sitios arqueológicos conocidos dentro de ella, queda junto a la carretera, y desde allí un sendero lleva a las lagunas y a un canal de origen maya por el que se flota río abajo con chaleco. Es una experiencia de poco esfuerzo y de mucha calma, y es mejor cuanto antes entres.

Una laguna de aguas verdosas y calmas con un muelle de madera que se adentra en ella, una barca pequeña varada en la orilla y el cielo cubierto de nubes.
Laguna de Muyil, en la reserva de Sian Ka'an: agua somera, un muelle y casi nada más.Tim / Wikimedia Commons / CC BY-SA 2.0·CC BY-SA 2.0

03 Bacalar, donde el viaje encuentra su centro

La cuarta es la laguna de Bacalar, en el sur del estado, y es la que da sentido al viaje entero. Las fuentes discrepan en su longitud (entre algo más de cuarenta y unos sesenta kilómetros según quién la mida), pero no en lo esencial: es una masa de agua dulce estrecha y muy larga, de fondo blanco, que cambia de azul según la profundidad y la hora. El pueblo de Bacalar, en su orilla occidental, es pequeño, y a su lado hay un fuerte de piedra de época colonial que mira hacia el agua.

Un fuerte de piedra gris sobre una loma arbolada, con tejados de palma sobre un muelle de madera pintado de turquesa en primer plano, bajo un cielo azul.
El fuerte de Bacalar visto desde la laguna, con palapas y un muelle en primer plano.Gildardo Sánchez / Wikimedia Commons / CC BY 2.0·CC BY 2.0

Cerca de la orilla hay además un cenote, el Cenote Azul, muy profundo y de un azul oscuro que contrasta con el verde claro de la laguna. Y en la laguna viven estromatolitos: estructuras minerales formadas por microorganismos, de las formas de vida más antiguas del planeta, que aquí se ven a pocos metros de la orilla. Son frágiles. Se pide no tocarlos, no pisarlos y entrar al agua sin cremas ni repelente, y conviene hacerlo: una laguna tan clara no se estropea con ruido, se estropea con detalles pequeños que se repiten.

Un agua azul turquesa profunda entre orillas de roca cubiertas de musgo, con troncos caídos sobre las piedras y ramas verdes en primer plano.
Cenote Azul, junto a la laguna de Bacalar: un azul más oscuro que el de la laguna.holachetumal / Wikimedia Commons / CC BY 3.0·CC BY 3.0

04 Cómo se hace en la práctica

La geografía manda: una sola carretera, la 307, recorre el estado de norte a sur y todo lo anterior cuelga de ella. La lógica es dormir en dos o tres bases y mover la maleta lo menos posible: Tulum (o un pueblo pequeño de su entorno) para los cenotes, Cobá y Muyil; y Bacalar para la laguna, con un trayecto de unas tres horas por carretera entre ambas. Cobá y Muyil se hacen como excursión de medio día desde Tulum.

Se puede hacer sin coche, pero con matices. Entre ciudades hay autobús de larga distancia por la 307, de modo que el desplazamiento largo no es un problema. Lo que cuesta sin coche es el último tramo: cenotes y canales quedan algo apartados de la carretera, y ahí entran el taxi, la bicicleta o la excursión organizada. Un coche de alquiler da libertad para llegar a la hora de apertura, que es el mejor momento para casi todo.

En Quintana Roo, lo mejor del agua no está en la costa. Está debajo y detrás.

Una superficie de agua turquesa muy clara con una rama sumergida que la cruza en diagonal, pequeños peces dispersos y reflejos de luz en la superficie.
La transparencia del Cenote Azul: una rama sumergida y peces pequeños a pocos palmos de la superficie.holachetumal / Wikimedia Commons / CC BY 3.0·CC BY 3.0

05 Lo que hay que asumir

Tres cosas. La primera, que el agua dulce es un recurso frágil y los cenotes no son piscinas. Como la lluvia se filtra directamente al acuífero, lo que se vierte en la superficie acaba abajo. Por eso casi todos piden ducharse antes de entrar y no llevar bloqueador ni repelente, y en varios es obligatorio el chaleco aunque sepas nadar. Cada sitio tiene su reglamento: pregunta antes de entrar. La prensa local alerta además de la contaminación de cenotes urbanos en el norte del estado y de las presiones sobre la laguna de Bacalar, que en 2015 recibió una alerta de la autoridad ambiental federal por vertidos ilegales y depuración insuficiente.

La segunda, la gente. Los cenotes más conocidos junto a Tulum se llenan a media mañana, y no todos los visitantes llegan con la misma idea de silencio. Se resuelve madrugando, eligiendo cenotes menos citados y aceptando que habrá horas en las que no merezca la pena entrar. Esto pide cierta flexibilidad de horarios y es incompatible con la excursión de agenda cerrada.

Y la tercera, la expectativa de playa. Quintana Roo tiene una de las costas más conocidas del Caribe, pero este viaje no gira en torno a ella, y quien quiera arena fina, oleaje suave y servicio de chiringuito encontrará otros formatos mejor resueltos. Aquí el mar es un complemento de un día, no el motivo; y en las temporadas de sargazo conviene tener un plan de agua dulce de reserva, que, con lo que hay, no cuesta encontrar.

Rate this article

Your vote helps prioritize what we edit next.

No votes yet
SN

Sofía Navarro

Editora de Made For You · Flowtravel

Sofía Navarro empareja destinos con viajeros concretos y dice también para quién no son.