Marruecos tiene un problema de reparto que a este perfil de viajero le viene bien. Casi todo el turismo se concentra en dos o tres ciudades, y la capital queda fuera del circuito o entra como escala de una tarde. El resultado es que Rabat es de las pocas ciudades marroquíes donde se puede mirar sin que nadie te esté esperando a la salida.

Vista de la ciudad desde la orilla opuesta de un estuario, con el cielo azul limpio ocupando el tercio superior: sobre un espolón rocoso se levanta un barrio compacto de casas encaladas de blanco, de dos y tres alturas y cubierta plana, apretadas unas contra otras y rematadas por una torre cuadrada de piedra clara; el conjunto se apoya sobre una muralla de tierra apisonada de color ocre que cae hasta el paseo, bordeado por una hilera de palmeras; a media distancia, una docena de barcas de pesca de casco blanco y azul flotan en el canal; en primer plano, bancos de limo y marisma con vegetación baja y verde donde se posan decenas de gaviotas.
La casba encalada sobre la muralla y el estuario. Es el sitio más fotografiado de la ciudad, y aun así no hay cola.Oumaima Loudini / Wikimedia Commons / CC0·CC0 1.0

01 La capital que nadie visita

¿Cómo encaja Rabat contigo?
Capas históricas legibles Romana, medieval, murallas de 1197 y ensanche de 1913, todas a pie
Recorrer a pie sin fricción Ciudad llana y compacta de 515.600 habitantes, con poca presión turística
Clima templado todo el año Máxima media entre 17,4 y 27,8 °C, con 2.916 horas de sol anuales
Arquitectura del siglo XX Ensanche de 1913 con art nouveau, art déco y repertorio neomorisco
Medina laberíntica y de gran escala La medina es modesta comparada con las de Fez o Marrakech
Cantidad de programa Dos o tres noches bastan para recorrer con calma todo lo que hay

Lo que hace cómoda a Rabat no es que tenga menos que ver, sino cómo está dispuesto. La ciudad es llana, compacta y está trazada con avenidas anchas en su mitad moderna, así que todo el conjunto se recorre andando. No hay que negociar transporte ni calcular tiempos entre puntos.

02 Cuatro capas en un día

Enlosado romano por la mañana, muralla del siglo XII a mediodía y art déco por la tarde. Todo dentro de la misma ciudad.

El itinerario que aprovecha mejor la ciudad se organiza por capas y no por barrios. La primera es Chellah, al sur del casco: un recinto amurallado del siglo XIV construido justo encima de Sala Colonia, una ciudad romana cuyo enlosado sigue a la vista. Dos épocas en el mismo encuadre.

La segunda son las murallas almohades, terminadas en 1197 y todavía en pie a lo largo de kilómetros, con sus puertas monumentales. La tercera es la casba de los Udayas, el barrio más antiguo que sigue habitado, encaramado al espolón sobre la desembocadura, con las casas encaladas en blanco y azul.

Recinto arqueológico visto desde un talud, con el cielo azul y grandes nubes blancas ocupando el tercio superior: en primer plano y a media distancia se extiende un campo de ruinas de piedra caliza dorada, con basamentos rectangulares, hiladas de sillares alineadas, restos de muros a media altura y un tramo de calzada empedrada que cruza el conjunto en diagonal; a la derecha del centro se levanta una torre cuadrada de piedra clara con paños de celosía labrada y un nido voluminoso de ramas secas en la parte superior; detrás de ella, un muro de recinto de color ocre con una puerta de arco de herradura; alrededor crecen palmeras, higueras y arbolado denso; se ven cuatro o cinco figuras diminutas paseando entre las ruinas.
Chellah, la parada que casi nadie incluye: una ciudad romana debajo de una cerca del siglo XIV.Tim Adams / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·Creative Commons Attribution-ShareAlike 4.0 International

Y la cuarta es el ensanche que Henri Prost trazó a partir de 1913: manzanas regulares, avenidas arboladas y un catálogo bastante completo de art nouveau, art déco y repertorio neomorisco, construido de una vez y con criterio unitario. Es la capa que menos se mira y la que más recompensa a quien va con los ojos abiertos.

03 El clima que lo hace fácil

Para un destino que se recorre entero a pie, el clima deja de ser un detalle. Y aquí juega a favor: Rabat está en la costa atlántica y la brisa marina mantiene la temperatura contenida. La máxima media va de 17,4 grados en enero a 27,8 en agosto —diez grados de recorrido en todo el año— con 2.916 horas de sol.

Las mejores ventanas son la primavera y el principio del otoño. Mayo es el mejor mes —17,9 milímetros de lluvia, 290 horas de sol y 23,6 grados— y septiembre le sigue de cerca con 13,7 milímetros. Abril, junio y octubre funcionan también muy bien, con entre 3,6 y 54,9 milímetros y el sol por encima de las 235 horas.

04 Lo que hay que aceptar

El primer límite es de expectativas y conviene decirlo pronto: si lo que buscas en Marruecos es la medina enorme y laberíntica, la de Rabat no lo es. Es modesta comparada con las de Fez o Marrakech. Lo que ofrece esta ciudad no es escala, sino variedad de capas y facilidad para recorrerlas.

El segundo es la cantidad de programa. Con dos o tres noches se recorre todo con calma, incluida una tarde larga en Chellah y otra en el ensanche. Estirarlo a una semana no añade gran cosa: funciona mucho mejor encajada en un recorrido más amplio que como destino único.

Avenida urbana fotografiada desde el centro de la calzada: a la izquierda, una muralla continua de tierra apisonada de color ocre rosado, de unos seis metros de altura y superficie lisa y erosionada, recorre todo el lateral en perspectiva, reforzada por dos contrafuertes macizos; delante de ella discurre una acera ancha y despejada con farolas de fundición negra de brazo curvo; a la derecha, la calzada de asfalto con una furgoneta blanca y una motocicleta circulando, coches aparcados en línea y una acera con árboles; tras ellos, edificios de viviendas de tres y cuatro plantas con balcones, persianas y locales comerciales en la planta baja; el cielo, azul con nubes altas.
La acera junto a la muralla: ancha, despejada y sin nadie. Es la imagen exacta de lo que este destino ofrece.Herbert wie / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·Creative Commons Attribution-ShareAlike 4.0 International

Aceptados esos tres puntos, la propuesta encaja con un perfil muy definido: dos o tres noches en una capital atlántica llana y andable, con mil ochocientos años de ciudad legibles en cuatro paradas, un clima que no aprieta y aceras por las que se camina sin que nadie te llame desde la puerta de un local.

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Sofía Navarro

Editora de Made For You — Compatibilidad entre Viajeros y Destinos · Flowtravel

Sofía Navarro interpreta la compatibilidad entre viajeros y destinos: por qué un lugar funciona para alguien y no para otros.