01 El autobús cambia el viaje
Ese detalle logístico es el que abre el destino. Con la estación como centro, Mahé deja de ser un sitio al que se llega en traslado privado y pasa a ser una isla que se recorre: la carretera de la costa hacia el sur, el paso de montaña hacia el oeste, Beau Vallon por el norte. Los trayectos son cortos, las cuestas espectaculares y el precio, casi anecdótico.
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02 Comer con lo que hay
Un alojamiento con cocina convierte el mercado de Victoria en la mitad del viaje.
El mercado Sir Selwyn Selwyn-Clarke está a dos minutos de la torre del reloj y funciona desde 1840, con una reforma importante en 1999. Es pequeño y se recorre en veinte minutos: pescado por la mañana temprano, fruta tropical, especias, verdura. No es un mercado de suvenires, es donde se abastece la ciudad.
Con eso y una cocina, el presupuesto del viaje cambia de escala. La oferta de alojamiento con cocina propia —casas de huéspedes, apartamentos, habitaciones en casas particulares— es amplia en Mahé y bastante más asequible que la hotelera de gama alta, que es la que fija la fama del destino.
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03 Cuánto encaja contigo
04 Cómo montar el viaje
Una semana da de sobra para Mahé. Reserva alojamiento con cocina cerca de una línea de autobús —en el propio Victoria o en Beau Vallon— y organiza los días por costas: un día al sur, otro al norte, otro subiendo al interior. Los meses de abril a octubre son los más cómodos, con menos lluvia y mar más estable.
Reserva al menos un día para caminar. El parque nacional Morne Seychellois ocupa buena parte del interior de la isla y los senderos arrancan de la carretera, así que se llega a ellos en autobús; el que baja a Anse Major termina en una cala sin acceso rodado. Lleva agua, calzado con suela y sal para el sudor: la humedad es alta incluso en los meses secos.

Sobre saltar a otra isla: el catamarán rápido a Praslin sale del muelle de Victoria y tarda alrededor de una hora, pero el billete de ida ronda los 50 a 70 euros y ese es el gasto que descuadra un presupuesto ajustado. Si quieres ir a la Vallée de Mai o a La Digue, planifícalo como una excursión de un día completo o como un traslado con noche fuera, no como algo que se repite.
Y una advertencia honesta: este viaje pide paciencia. El autobús va lleno a la salida del trabajo, la lluvia de la tarde te obligará a esperar bajo un alero y algún plan se caerá. A cambio verás una isla que la mayoría de los visitantes cruza en traslado privado y con las ventanillas subidas.


