El año en la costa, con la chapada al lado
La puntuación es la de un viaje a Bahía en su conjunto. Las cifras principales son las de Salvador y, en cada mes, se añade lo que hace ese mismo mes en Lençóis, a 410 kilómetros tierra adentro. Casi nunca coinciden.
Hay un reflejo automático al planear un viaje al nordeste de Brasil: mirar la temperatura, comprobar que hace calor todo el año y concluir que da igual cuándo se vaya. La primera mitad del razonamiento es correcta. La segunda es la que arruina viajes.
En Bahía la variable que decide no es el termómetro: es la lluvia. Y la lluvia hace aquí dos cosas que sorprenden. La primera es que la estación húmeda de la costa cae en el invierno austral, al revés que en casi todo el país. La segunda es que, cuatrocientos kilómetros tierra adentro, esa estación se invierte.
01 La temperatura no te sirve para nada
Mira las máximas medias de Salvador a lo largo del año: 31,0 en enero, 31,1 en febrero, 30,9 en marzo, 29,6, 28,1, 27,1, 26,6, 26,7, 27,7, 29,1, 29,8 y 30,6. El recorrido completo del año son cuatro grados y medio.
Las mínimas hacen lo mismo: van de 21,0 a 24,1 grados. Ningún mes baja de veintiuno por la noche y ningún mes pasa de treinta y uno por el día. Es un clima de bosque tropical, con una humedad media en torno al 81 %, y su rasgo definitorio es que no tiene estaciones térmicas.
Por eso una tabla de temperaturas no ayuda a elegir. Lo que separa un mes de otro aquí es cuántos días llueve y cuántas horas de sol quedan: de 234,8 horas en enero a 144,6 en junio, casi noventa horas de diferencia dentro del mismo año.
02 En la costa, el invierno es la estación húmeda
El bloque húmedo de Salvador va de abril a julio: 284,9, 302,2, 237,6 y 194,1 milímetros. Son cuatro meses seguidos por encima de los 190, con 16, 18, 19 y 18 días de lluvia respectivamente. En junio llueve casi dos de cada tres días.
El bloque seco es el contrario y coincide con el verano austral: diciembre, 63,4 milímetros en 7 días; enero, 76,9 en 9; octubre, 91 en 8; noviembre, 108,2 en 8. Cuatro meses en los que llueve una semana escasa de cada mes.

Esto contradice el esquema que muchos traen aprendido de otras partes de Brasil, donde el verano trae las tormentas y el invierno seca. Aquí funciona al revés, y quien reserve pensando en el calendario del sur del país va a encontrarse mayo, junio y julio bajo el agua.
03 Cuatrocientos kilómetros y el calendario se invierte
Lençóis, la puerta de la Chapada Diamantina, está a 410 kilómetros de Salvador. Su clima ya no es de bosque tropical sino de sabana, con estación húmeda y estación seca marcadas, y suma unos 1.058 milímetros al año frente a los 1.833,3 de la costa.
Pero lo llamativo no es el total: es el reparto. Su mes más húmedo es marzo, con 164,3 milímetros, seguido de noviembre con 135 y enero con 133,1. Su mes más seco es septiembre, con 26,4. Julio y agosto se quedan en 41,5 y 40,4.
Pon las dos series una encima de otra y sale un espejo. En mayo la costa recibe 302,2 milímetros y la chapada 62,5: casi cinco veces menos. En diciembre la costa recibe 63,4 y la chapada 115,8: casi el doble. Los dos calendarios se cruzan y se separan sin llegar a coincidir del todo.
04 Lo que eso le hace a las cascadas
La chapada es un macizo de arenisca erosionada, y su atractivo mayor son los saltos de agua. El problema es que un salto de agua es un río, y un río de sabana no lleva el mismo caudal en marzo que en septiembre.
De aquí sale una contradicción que conviene tener clara antes de reservar. Los meses en que mejor se camina por la chapada, de junio a septiembre, con entre 26 y 56 milímetros al mes, son justo aquellos en que menos agua baja. Y los meses de caudal, de noviembre a marzo, son los de barro y tormenta.
El punto intermedio es noviembre. Con 135 milímetros el interior ya ha recibido agua suficiente para que los ríos vuelvan a correr, pero la temporada todavía no está cerrada, y en la costa noviembre da 108,2 milímetros repartidos en solo 8 días.
05 Y lo que le hace a las noches
Hay una segunda diferencia entre las dos Bahías que no tiene que ver con la lluvia sino con la altura, y que se nota al acostarse. En Salvador la mínima media más baja del año es de 21,0 grados, en agosto. En Lençóis, en julio, es de 16,6.

Cuatro grados y medio de diferencia por la noche, en un clima húmedo, no es un matiz: es la diferencia entre dormir con ventilador y dormir con una manta doblada a los pies. Y por el día el interior es más caluroso, no menos: 31,8 grados de máxima media en febrero frente a los 31,1 de la costa.
Los cuatro tramos del año
Entre 194,1 y 302,2 milímetros al mes en Salvador, con 16, 18, 19 y 18 días de lluvia, y el sol en su mínimo de 144,6 horas en junio. Tierra adentro ocurre lo contrario: julio deja 41,5 milímetros en Lençóis. Si el viaje es de costa, este es el bloque que hay que evitar.
La costa baja de 129,7 a 99,3 milímetros y recupera 205 horas de sol; la chapada toca su mínimo anual con 40,4 y 26,4. Es el mejor momento para caminar en el interior y el peor para ver caer agua: los ríos están en su punto más bajo.
En la costa, 91, 108,2 y 63,4 milímetros en 8, 8 y 7 días, con más de 200 horas de sol al mes. En la chapada, 75,5, 135 y 115,8: los ríos vuelven a llevar agua. Es el único tramo en que las dos mitades del estado funcionan a la vez.
La costa sigue relativamente seca en enero, 76,9 milímetros, y se moja en marzo, 147,3. El interior está en plena temporada: 133,1, 93,9 y 164,3, su máximo anual. Buenos días de playa y una chapada con los senderos difíciles.
06 El mes que sirve para los dos
Si el viaje es solo de costa, la respuesta está entre octubre y enero, y dentro de esa ventana diciembre es el mes más seco del año, con 63,4 milímetros repartidos en siete días. Es también el más concurrido y el más caro, así que noviembre suele salir mejor a igualdad de cielo.
Si el viaje es solo de chapada y de caminar, la respuesta es el bloque de junio a septiembre, con 55,7, 41,5, 40,4 y 26,4 milímetros. Sendero seco, noches de 16,6 grados y ninguna tormenta de tarde. A cambio, los saltos de agua estarán flojos.
Y si el viaje quiere las dos Bahías, que es lo que casi todo el mundo acaba queriendo, la única respuesta limpia del calendario está en noviembre. La costa da 108,2 milímetros en ocho días y 202,9 horas de sol; el interior ya ha recibido 75,5 en octubre y suma 135 ese mes. Es el punto en que las dos curvas, que pasan el año esquivándose, se tocan.


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