Los Alpes bávaros mes a mes — de un vistazo

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En la mayoría de los destinos de montaña, la temporada la fijan los remontes y los hoteles. En los Alpes bávaros hay un calendario anterior a todo eso y que sigue mandando: el del ganado. Sube en primavera, pasa el verano arriba y baja a mediados de septiembre, y buena parte de la infraestructura de montaña se organiza alrededor de esas dos fechas.

01 Cien días de pasto

El sistema es antiguo y sigue funcionando por una razón puramente aritmética: en un valle alpino no hay hierba suficiente para mantener el ganado todo el año en el fondo. Así que en cuanto la nieve se retira, los animales suben a pastos que solo existen unos meses, y el forraje del valle se guarda para el invierno.

La escala es mayor de lo que parece. Solo en Baviera hay 1.384 pastos de altura con unas 48.000 cabezas de ganado. La subida es escalonada: primero a los prados intermedios de la ladera y, ya en verano, a los pastos altos. A finales de septiembre el movimiento se invierte y los animales vuelven a los prados bajos antes de entrar en establo.

Los momentos clave de un vistazo

SepEl mejor mes

Aire limpio, menos tormenta que en julio y el descenso del ganado. Todo sigue abierto hasta que bajan las vacas.

JunArranca la altura

El ganado llega a los pastos altos y con él abren los refugios. Prados en flor y mucha menos gente.

AbrEl mes muerto

Ni invierno ni verano: refugios cerrados, remontes parados y nieve podrida en el valle.

NovEl otro hueco

Pastos vacíos, casi todo cerrado y la nieve todavía sin cuajar. El peor mes del año.

02 Los refugios cierran detrás de las vacas

Aquí está la consecuencia práctica que más viajes estropea. Muchos de los refugios y casas de pasto que sirven comida en la montaña funcionan en el mismo periodo que el ganado, porque históricamente eran lo mismo: el sitio donde vivía quien cuidaba de los animales. Cuando el rebaño baja, la casa se cierra.

Ganado pardo agrupado dentro de cercados de madera en un prado verde, con casetas y vehículos al fondo y dos cumbres rocosas cerrando el valle.
El recinto de separación del ganado al final de la temporada. Aquí cada animal se devuelve a su dueño antes de repartirse por los establos del valle.Flodur63 / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

Eso significa que una ruta de montaña planificada para principios de octubre puede encontrarse con que el sitio donde estaba previsto comer o dormir lleva dos semanas cerrado. No es un cierre por falta de clientes: es que la temporada ha terminado según un calendario que no depende del turismo.

En estos valles la temporada no la abre un folleto. La abre el primer animal que sube y la cierra el último que baja.

03 Cómo leer un descenso

El día del descenso, los rebaños bajan por la carretera del valle hasta un recinto donde se separan los animales y cada uno vuelve con su dueño. Es una jornada de fiesta con mercado, comida y mucha gente en la calle, y en muchos valles es el acontecimiento del año.

Y aquí está el detalle que conviene saber para no malinterpretar lo que se ve. Si el verano ha ido bien y no ha muerto ni se ha herido de gravedad ningún animal, el rebaño baja adornado con flores, cintas y cencerros, encabezado por una vaca engalanada. Si ha ocurrido una desgracia, aunque sea con un solo animal, el descenso se hace sin adornos y sin celebración.

Es decir: los adornos no son un espectáculo montado para quien mira. Son un parte del verano, legible desde la acera. Un rebaño que baja sobrio delante de un pueblo entero está comunicando algo concreto, y eso cambia por completo la manera de estar allí.

04 Los dos meses muertos

De la existencia de dos temporadas —la de la hierba y la de la nieve— se deduce algo que casi ninguna guía dice con claridad: hay dos huecos al año en los que la montaña bávara no ofrece gran cosa. Abril y noviembre.

Ladera cubierta de nieve con bloques de roca asomando y algunos troncos secos en primer plano, y al fondo una cresta boscosa y nevada bajo un cielo gris.
La montaña con nieve asentada. Entre el último rebaño de octubre y la primera nevada fiable hay varias semanas en las que no funciona ninguna de las dos temporadas.Rosa-Maria Rinkl / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

En abril la nieve está podrida en cota baja, los remontes han cerrado y los pastos aún no han abierto. En noviembre los pastos ya están vacíos, los refugios cerrados y la nieve todavía no cuaja. En ambos casos, muchos negocios de montaña aprovechan para hacer su parada anual.

No son meses prohibidos: los valles siguen ahí, los pueblos funcionan y los precios están por los suelos. Pero conviene ir sabiendo que el plan será de valle y no de altura, y comprobar uno por uno los sitios que se quieran visitar.

05 El otro calendario, el de la nieve

El segundo calendario ocupa el hueco que deja el primero. La temporada de nieve va aproximadamente de diciembre a marzo, con febrero como mes más fiable en cota media. Es un calendario más caprichoso que el del ganado, porque depende de un factor que ninguna tradición controla: la altitud a la que se queda la nieve cada invierno.

Río ancho de aguas azules encajado entre laderas boscosas y paredes de roca clara, con dos barcos de pasajeros amarrados junto a la orilla derecha.
El valle del Danubio, al norte del estado. Fuera de los Alpes, el calendario es mucho más suave y la temporada se alarga de abril a octubre.Heribert Pohl / CC BY-SA 2.0·CC BY-SA 2.0

Conviene además recordar que los Alpes son solo una franja estrecha en el sur del estado. El resto de Baviera —el Antealpes, el valle del Danubio, las mesetas y bosques del norte— tiene un calendario mucho más convencional, con una temporada larga de abril a octubre y sin esos dos huecos.

06 Cómo elegir la semana

Si vas por la montaña, septiembre es el mejor mes del año: el aire está más limpio que en verano, hay menos tormenta de tarde que en julio, sigue todo abierto y coincide con los descensos de ganado. Junio es la segunda opción y suele salir bastante más barato que agosto.

Si quieres ver un Viehscheid, elige el valle antes que la fecha y consúltala con tiempo: cada localidad tiene la suya y son fijas, así que se pueden planificar con un año de antelación. Ve temprano, porque el rebaño baja por la mañana y a media tarde ya no queda nada que ver.

Y si tu única fecha posible es abril o noviembre, cambia la altura en vez de cancelar. Los valles, los lagos y las ciudades del norte funcionan igual todo el año, y son meses en los que se encuentra alojamiento a precios que en agosto no existen.

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AL

Ana Larrea

Editora de When To Go — Ritmos y Transformaciones Estacionales · Flowtravel

Ana Larrea observa cómo los destinos cambian con el tiempo para entender cuándo expresan mejor lo que son.