El año en Luisiana, mes a mes
Las cifras corresponden a la mayor ciudad del estado, en la costa: 1.609 milímetros de lluvia al año repartidos en 115 días, una humedad media del 76 por ciento y temperaturas medias que van de 12,4 a 28,9 grados. La puntuación cruza lluvia, calor, humedad y temporada de huracanes.
Hay destinos en los que la pregunta es cuándo deja de llover. Aquí no tiene respuesta: llueve en los doce meses, y en ninguno baja de los noventa milímetros.
Así que la pregunta correcta es otra: qué tipo de lluvia te va a tocar, y con cuántos grados y cuánta humedad encima.
01 Noventa y cuatro milímetros en el mes más seco

El reparto anual es llamativamente plano. El mes más lluvioso, junio, deja 193,5 milímetros; el más seco, octubre, 94,0. Entre el máximo y el mínimo hay apenas un factor de dos, cuando en un clima mediterráneo esa proporción puede ser de veinte o treinta.
El total anual, 1.609 milímetros, es enorme para una ciudad y está repartido en 115 días de lluvia. Es decir, llueve casi uno de cada tres días del año, todos los meses, sin temporada de descanso.
Eso tiene una consecuencia práctica inmediata: no existe el mes en que puedas dejar el chubasquero en casa. Lo que sí existe es el mes en que la lluvia no viene acompañada de treinta y tres grados.
Mil seiscientos nueve milímetros y ningún mes por debajo de noventa. Aquí no se elige entre lluvia y sol.
02 Dos lluvias distintas en el mismo año
La lluvia de invierno y la de verano no se parecen en nada, aunque los milímetros salgan parecidos. De diciembre a marzo el agua llega con frentes que cruzan el continente: días enteros grises, lluvia fina y persistente, y bajadas de temperatura detrás.
De junio a septiembre el mecanismo es otro. El aire cargado de humedad del golfo se calienta sobre una llanura a ras de agua, sube y descarga en tormentas convectivas de media tarde: violentas, cortas y localizadas, con el sol otra vez a la hora de cenar.
Para planificar, eso importa mucho. En verano se puede organizar el día alrededor de la tormenta, porque es previsible; en invierno no se puede esquivar un frente, pero tampoco hace falta, porque la lluvia molesta menos a veinte grados que a treinta y tres.
03 El verano se mide en humedad

Las máximas de julio y agosto, 33,0 y 32,9 grados, no parecen extremas escritas así. El problema no es el número: es que vienen con una humedad media del 79 por ciento y con mínimas nocturnas de 24,7 y 24,8 grados.
Con esa combinación el cuerpo no evapora sudor con eficacia, y la sensación térmica se dispara muy por encima de lo que marca el termómetro. Es el mismo calor de un invernadero, y no afloja por la noche porque la mínima se queda a veinticinco.
La contrapartida honesta es que el verano tiene su premio: el paisaje está en su punto máximo de verde, los pantanos llenos y la vida animal en plena actividad. Si vienes por la naturaleza y aguantas el bochorno, no es un mal trato.
04 Del 1 de junio al 30 de noviembre

La temporada de huracanes del Atlántico va oficialmente del 1 de junio al 30 de noviembre, y su actividad se concentra entre finales de agosto y principios de octubre. Esta costa es una de las más expuestas de todo el litoral estadounidense.
Conviene medir bien lo que eso significa para un viaje. La probabilidad de que un huracán te alcance en una semana concreta es baja; lo que no es bajo es el trastorno si ocurre, porque se cancelan vuelos, se cierran carreteras y a veces se ordenan evacuaciones.
La recomendación razonable no es evitar el estado medio año, sino viajar en esos meses con seguro, con margen en las fechas y sin planes rígidos. Y, si puedes elegir libremente, sencillamente no ir en el pico de septiembre.
05 Octubre, que es la respuesta
Si el año tiene un ganador claro, es octubre. Es el mes más seco, con 94,0 milímetros en 7,1 días, y las máximas caen a 27,0 grados con mínimas de 17,9. Después de cuatro meses de bochorno, esa bajada se nota como un cambio de país.
Noviembre va justo detrás y en algunos aspectos lo mejora: 98,3 milímetros en los mismos 7,1 días, máximas de 21,8 grados, y el 30 se cierra oficialmente la temporada de huracanes. Es el mes más tranquilo del calendario en todos los sentidos.
La otra ventana buena es la primavera, marzo y abril, con 110,7 y 132,6 milímetros y máximas de 22,4 y 25,8 grados. Llueve algo más que en otoño, pero el campo está en flor y el calor todavía no ha llegado.
06 Cómo elegir el mes
Si puedes elegir sin condiciones, octubre y noviembre. Menos lluvia que cualquier otro mes, temperaturas de 21,8 a 27,0 grados de máxima, humedad manejable y la temporada de huracanes apagándose o ya cerrada.
Si prefieres el verde total y el pantano lleno, marzo y abril. Y si tu única ventana es el verano, organiza los días al revés: mañana temprano fuera, tarde a cubierto mientras descarga la tormenta, y otra salida al caer el sol.
Y una cosa que no cambia ningún mes: lleva calzado que soporte mojarse y ropa que seque rápido. Con 115 días de lluvia al año y una humedad media del 76 por ciento, aquí nada se seca solo por dejarlo en la habitación.
Los cuatro tramos del año
De 104,9 a 131,6 milímetros al mes, con máximas de 16,9 a 19,1 grados y mínimas de hasta 7,8. Llueve con frentes, no con tormentas, y la humedad baja al 73 por ciento.
De 110,7 a 143,3 milímetros, con máximas de 22,4 a 29,6 grados. Mayo es el mes más soleado del año, con 279 horas, pero ya anuncia el calor que viene.
671,3 milímetros entre los cuatro meses, con máximas de 31,2 a 33,0 grados, mínimas de hasta 24,8 y humedad del 79 por ciento. Coincide con el grueso de la temporada de huracanes.
94,0 y 98,3 milímetros en 7,1 días cada uno, los mínimos del año, con máximas de 27,0 y 21,8 grados. El 30 de noviembre termina la temporada de huracanes.



