El año en Yogyakarta, mes a mes
Las cifras corresponden a la ciudad, a 121 metros de altitud: unos 2.157 milímetros de lluvia al año, con una media mensual que va de 16 a 392 milímetros, y temperaturas medias entre 25,4 y 27,1 grados. La puntuación cruza lluvia, humedad y visibilidad del volcán.
Los destinos tropicales se resumen casi siempre igual: hay una estación seca y otra húmeda, y conviene ir en la seca. Es verdad, pero es una respuesta perezosa, porque no dice qué se gana ni qué se pierde en concreto.
En este sitio lo que se gana y se pierde es muy concreto, y tiene nombre propio: un cono de 2.930 metros que está a veintiocho kilómetros y que, según el mes, se ve o no se ve.
01 Dieciséis milímetros contra trescientos noventa y dos

La diferencia entre el mes más seco y el más lluvioso es de veinticuatro veces: 16 milímetros en agosto frente a 392 en enero. Julio añade 29 y septiembre 49, así que el corazón de la estación seca son tres meses casi sin agua.
Al otro lado, entre noviembre y marzo se acumulan 1.569 milímetros, casi tres cuartas partes del total anual. No es lluvia repartida en chubascos ligeros: son cinco meses de agua abundante y diaria.
Ese reparto explica el paisaje que verás. En marzo el campo está de un verde que no parece real y los arrozales están llenos; en septiembre los mismos campos están amarillos y secos, con la tierra partida entre cosecha y cosecha.
Dieciséis milímetros en agosto, trescientos noventa y dos en enero. El mismo sitio, dos países distintos.
02 El termómetro solo se mueve 1,7 grados
La temperatura media del mes más fresco, julio, es de 25,4 grados. La del más cálido, abril, de 27,1. Un año entero cabe en 1,7 grados de diferencia, algo que en latitudes medias sería la variación de una tarde.
Las máximas se mueven algo más, de 29,8 a 31,6 grados, y las mínimas de 20,6 a 23,0. Esos dos grados y medio de las mínimas son, en la práctica, la diferencia entre dormir bien y no dormir: julio y agosto tienen las noches más frescas del año.
Y lo que de verdad se nota es la humedad, que va del 69 por ciento de septiembre al 82 de enero, febrero y diciembre. Treinta grados con un 69 por ciento y treinta grados con un 82 no son la misma temperatura para el cuerpo, aunque el termómetro diga lo mismo.
03 Lo que decide el mes es la visibilidad

Aquí está la variable que casi ninguna guía menciona. Un cono de casi tres mil metros a veintiocho kilómetros de la ciudad genera su propia nube, y en la estación húmeda esa nube lo tapa prácticamente todo el día, todos los días.
En la estación seca la cosa cambia, pero no del todo: incluso en agosto la cumbre suele estar despejada de madrugada y empieza a cubrirse a media mañana. La ventana buena es de las cinco a las ocho, y se acaba mientras desayunas.
Lo mismo vale para el aire. En septiembre, con la humedad en el 69 por ciento, se ve limpio y lejos; en enero, con el 82 por ciento, la bruma se come el horizonte aunque no esté lloviendo. Si tu viaje depende de mirar lejos, el mes importa mucho.
04 Y en la estación húmeda bajan los cauces

Hay una segunda razón para preferir la estación seca, y es específica de este sitio. El material suelto que el volcán deposita en las laderas se moviliza con las lluvias fuertes y baja por los barrancos convertido en coladas de barro y piedras.
Ocurrió de forma muy visible en noviembre de 2010, cuando las lluvias intensas que siguieron a las erupciones generaron coladas que causaron daños importantes aguas abajo, cuando lo peor de la erupción ya había pasado.
Para un viaje normal esto no significa peligro, significa logística: en temporada de lluvias hay pistas cortadas, vados impracticables y excursiones a la ladera que se cancelan sin previo aviso. En agosto, esos mismos cauces son senderos de arena seca.
05 La lluvia es una hora, no una estación
Conviene entender cómo llueve aquí, porque cambia la manera de planificar el día. Incluso en los meses húmedos, la lluvia tropical de interior tiende a concentrarse en la tarde: la mañana amanece despejada, el calor va cargando la atmósfera y a media tarde descarga.
Eso significa que un viaje en enero no es un viaje perdido, sino un viaje con las horas invertidas: todo lo importante se hace entre las seis y la una, y la tarde se reserva para lo que tenga techo. La ciudad, además, está perfectamente equipada para eso.
Lo que sí cambia sin remedio es el suelo. Con 392 milímetros en un mes, los caminos de tierra del sur kárstico se convierten en barro y las cuevas que se visitan por sus ríos subterráneos pueden cerrarse por seguridad cuando llueve fuerte.
06 Cómo elegir el mes
Si puedes elegir, de mayo a septiembre, y dentro de ese tramo, julio y agosto. Son los meses con menos agua (29 y 16 milímetros), las noches más frescas (20,6 grados de mínima) y la mejor probabilidad de ver el cono despejado al amanecer.
Septiembre merece una mención aparte. Sube algo la lluvia, hasta 49 milímetros, y el calor llega a 31,5 grados de máxima, pero la humedad cae al 69 por ciento, el mínimo del año. Es el mes de aire más limpio y de horizontes más largos.
Y si tu ventana cae en la estación húmeda, ven igual, pero con el plan invertido: madrugar mucho, dar por perdidas las tardes al aire libre y no montar el viaje alrededor de una foto del volcán. En enero, con 392 milímetros, esa foto es cuestión de suerte.
Los cuatro tramos del año
De 237 a 392 milímetros al mes, 1.569 entre los cinco: casi tres cuartas partes del año. Humedad del 77 al 82 por ciento y el volcán tapado casi a diario.
149 milímetros, la mitad que en marzo, con la humedad en el 78 por ciento y máximas de 31,5 grados. El campo sigue verde y ya hay tardes enteras despejadas.
De 16 a 141 milímetros al mes, con julio y agosto en 29 y 16. Mínimas de 20,6 grados y humedad de hasta el 69 por ciento: el mejor aire y la mejor visibilidad del año.
136 milímetros y las máximas más altas del año, 31,6 grados, con la humedad subiendo al 73 por ciento. Las tormentas de tarde vuelven a ser frecuentes.



